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sábado, 2 de mayo de 2015


          ANUNCIACIÓN SIN  ARCÁNGEL

Pasó la conmemoración de la Semana Santa, y ahora nuestra próxima gran festividad colectiva como pueblo religioso, se desarrollará durante las tres semanas de honores  a la madre de Jesucristo, a María de Nazaret, a través de su imagen con la advocación  “Virgen de los Remedios”.
  
Este fue el nombre  que el fraile trinitario  Cristóbal Granados de los Ríos escribió por primera vez en su libro sobre la  historia de la imagen, que se publicó en el año 1648, haciéndolo coincidir con el nombre y advocación que tenía la patrona de su orden religiosa, precisamente, “La Virgen de los Remedios”.

   Pero, parece ser que  el pueblo llano, antes de  hacerse cargo de la ermita y manantial de agua rodenses la orden religiosa de los trinitarios, que fue por 1558,   ya existía   una gran devoción mariana en aquel lugar, pero con otra advocación distinta: "La Virgen de la Fuente  Santa”. 
   Pues, por la forma en que surgió el agua, repentinamente, y porque sus baños sanaban  a las gentes que allí llegaban, se  le atribuía  intervención divina ―recordando las explicaciones que nos transmitieron nuestros regidores del siglo XVI―. Existiendo en toda la comarca una gran devoción a  la imagen que allí se colocó.

   Nombre primitivo de “La Virgen de la Fuente Santa” que, por intereses determinados  de la orden trinitaria en los que no vamos ahora a entrar, pero que se  transparentan claramente  en su propia historia, cambiaron por el actual que conocemos “de los Remedios”, al hacerse dueños de aquella ermita y fuente tras convencer a los regidores del concejo de esta villa, consolidándose plenamente esa nueva costumbre desde que el  Provincial de la orden, Simón de Rojas, le encargó escribir la historia de la imagen a Granados de los Ríos  en el año 1621.


  Como el propio fraile escritor reconoce en el capítulo  XI de su libro  y todos sabemos ya,  la imagen venerada era una representación de la escena bíblica de la Anunciación, la cual es creada  siempre por los artistas con dos personajes: el arcángel San Gabriel y  la Virgen María.

 El trinitario escribió que junto a la primitiva imagen de la Virgen estaba su arcángel, ya que formaba parte de la escena propia de la Anunciación, el cual fue golpeado y derribado por el fraile perturbado, Pedro de Tébar, cuando también golpeó a la imagen de la Virgen y le hizo su “cardenal”.
( Le resquebrajó y rompió en la cara un trozo de su estuco y pintura, mostrando la madera de la que estaba  tallada, como se aprecia en un primer plano fotográfico de la imagen primitiva).

   Posteriormente,  otro fraile de la misma orden, Francisco de la Vega y Toraya,  quiso justificar la presencia del arcángel en aquella escena de la Anunciación que podía contemplarse en el altar mayor de la iglesia del convento de Fuensanta, dando por seguro que la “hechura”, el estilo, la materia o madera del arcángel era igual al de la imagen de María, así como su autor. ¡Claro, las había hecho el mismo escultor para formar la Anunciación! ¡No eran dos tallas sin relación entre ellas, sino que formaban pareja de una misma escena en la vida de la Virgen!

   Y Bonifacio Porres, otro fraile trinitario más moderno, describe los detalles de la posición anatómica de esta  imagen de María, específicos y clásicos de Ella por ser  una Anunciación.

   A pesar de parecer aislada o alejada   la imagen del arcángel respecto a  la imagen principal de María en su nueva advocación trinitaria como  “La Virgen de los Remedios”, para darle individualmente a ésta la credibilidad conseguida de su aparición milagrosa a un pastor, como habían escrito otras órdenes religiosas de sus patronas aparecidas milagrosamente, a las que se quiso imitar y superar en la publicación del libro de Granados de los Ríos,   no  se pudo  olvidar ni negar en ninguna ocasión la presencia del arcángel en el altar de la iglesia del convento, cerca de la imagen paralela de La Virgen, puesto que ambas formaban juntas una misma escena relatada en los evangelios: La Anunciación.

   Dicha presencia, especialmente la de la imagen de María, también  la confirmaron los rodenses del año 1671,  durante el juicio ocurrido entre las dos villas hermanas, reclamando La Roda sus derechos y posesión de la imagen, como patrona de la misma, transmitiéndonos que había sido llevada a aquella iglesia  del convento  por los propios rodenses para exaltar allí su culto, pero que pertenecía a este pueblo y había estado anteriormente en el templo de El Salvador.

   Ambas imágenes escultóricas de autor aún desconocido, pero  magnífico en estilo y técnica, según  las fotografías  y crónicas que nos han llegado de otras épocas,  fueron destruidas, quemadas, durante la última guerra civil (1936-1939). A lo sumo, algún resto minúsculo queda de sus talladas anatomías. Un resto muy conocido, y probablemente alguno más, totalmente desconocido, salvados de las llamas.

   Aprovechando los detalles que uno de aquellos restos transmitían, junto con las fotos originales que se conservaban, el escultor Jacinto Higueras creó una imagen similar a la primitiva, en 1940: otra Anunciación; pero sin el arcángel, la cual es  la actual imagen de “La Virgen de los Remedios” que veneramos como patrona de las dos villas, de La Roda y de Fuensanta, y que tradicionalmente traemos y llevamos en romería todos los años.

   Aunque casi nos hayamos  olvidado del magnífico  arcángel que acompañaba a María en su escena de la Anunciación, sigue adivinándose su presencia ante la posición clásica y tradicional de Ella: de rodillas, humilde y sencilla, “…con la mano derecha levantada en forma frontispicial ―como describió fray Bonifacio Porres― y en la izquierda sosteniendo un libro donde está escrita la profecía de Isaías…”
                        
                  ADOLFO MARTÍNEZ GARCÍA  
   

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