miércoles, 29 de mayo de 2024

 

               UNA BONITA HISTORIA

   En cierta ocasión, cuando todavía eran pequeños nuestros hijos, (Fuen tenía 4 años, Adolfo 5, y Toñi 8), Carmen, mi mujer, estaba cantando por el salón de la casa, como casi siempre hacía mientras realizaba las cotidianas faenas de limpieza del hogar. Le gustaba cantar mientras faenaba;  tenía una bonita voz; lo hacía muy bien y me encantaba escucharla. 
   Siempre tuve el proyecto de querer grabarla con uno de aquellos aparatos "radiocasete" que todos teníamos en las casas; pero lo iba posponiendo y posponiendo, hasta que por fin, aquel día, sería domingo,  decidí interrumpir a Carmen en su quehacer diario de limpieza hogareña, y me presenté ante ella, en el salón, con la guitarra y el "radiocasete" preparado con una cinta virgen:

   - Carmen, vamos a grabar ahora mismo eso que estás cantando.

   - Pero, ¿así sin ensayar ni nada?- dijo ella.

   - ¡Venga, vamos!- insistí yo- ¡Vamos a grabarlo ahora mismo!

   Y, en un momento, hicimos la  grabación de una canción que empezaba..."No te asombres si te digo lo que fuiste..." (Grabamos la parte de la canción que en aquellos momentos ella cantaba; la segunda parte no la cantó; tal vez, nos interrumpieron los niños y  pensamos volver a grabarla en otro día. No lo recuerdo bien). Pero pasaron los años y aquella cinta con su breve grabación quedó guardada y olvidada entre tantísimas cintas de entonces que, con el paso del tiempo, fueron sustituidas en  todos los hogares por otros soportes de audio más modernos técnicamente, como los discos CD; discos DVD y los "pendrives" en los ordenadores. 
   Pasó más tiempo, y unos años después del fallecimiento de Carmen, buscando recuerdos, fotos, vídeos y posibles audios de ella, volví a encontrarme aquella cinta y grabación de la canción que, realmente, se llamaba: "Que nadie sepa mi sufrir".
   Nos llevamos todos una gran alegría porque, aunque parezca mentira, era la única canción que conservábamos de Carmen. Y nuestra hija Fuen, al escucharla incompleta,  tuvo la genial idea de querer continuar con la segunda parte que faltaba por cantar y grabar, y dijo que la cantaría ella, Fuen, si yo la acompañaba también con la guitarra, y después, la uniría a la primera parte cantada por su madre. ¡Como si las dos la hubieran grabado juntas en una misma época!
   El nuevo proyecto de Fuen me pareció maravilloso y empecé a buscar el mismo tono y acordes musicales de la grabación antigua de Carmen, para así emplearlos con la guitarra en la parte segunda y nueva que cantaría Fuen. ¡Era muy bonita e ilusionante la idea! Carmen había cantado la primera parte de la canción cuando su hija Fuen era una niña de 4 años. Y ahora, 38 años después, Fuen, (ya madre de dos niñas pequeñas, y una de ellas, precisamente, también con cuatro años de edad), completaría aquella canción de Carmen con la segunda parte que faltaba.
   Es muy emocionante, pues hemos grabado esa segunda parte de la canción, apareciendo en el vídeo: Fuen cantando y yo con la guitarra acompañándola. (El vídeo está realizado de una manera "casera" e improvisada, con el teléfono móvil de mi hija en un único ensayo, aprovechando que las dos niñas de Fuen y Jesús, Lucía y Alicia, estaban dormidas y descansando). Y lo hemos hecho  en el mismo salón que cantó su madre hace 38 años.  
   Entre las dos, madre e hija, han completado las dos partes de aquella entrañable canción que mi atractiva y joven mujer, con 35 años entonces, solía entonar con su bonita voz  mientras arreglaba las habitaciones de su casa, endulzando nuestras vidas con su alegría y cariño.
   Nuestra hija Fuen ha recompuesto  o "pegado" esa segunda parte de la canción cantada por ella, a la parte primera que teníamos grabada de su madre y, además, ha insertado las imágenes del pasado que ha creído convenientes en donde aparece nuestra inolvidable Carmen.  Y nos ha gustado muchísimo.¡Es precioso escuchar y ver a mi mujer y a mi hija cantando "juntas" a pesar del paso y separación inexorable de los años!
   No he podido resistir la tentación de publicar ya este entrañable vídeo, en donde se hace realidad el proyecto de nuestra hija Fuen, ¡cantando con su madre a través del tiempo! Aunque Fuen quería volver a grabar la canción sin tanta improvisación y con más ensayos, para sacarla más perfecta y estudiada. Pero no he tenido paciencia, y el corazón ha vencido a la mente. Pienso que la premura, la improvisación y la impaciencia, tienen también su gracia y atractivo, su autenticidad, su fresca sinceridad; y las imperfecciones técnicas que contenga el vídeo  son superadas con creces por la emotividad y el cariño inmenso que produce escucharlas y verlas completando un hermoso proyecto, un filial deseo de compartir  con la madre una misma canción que, en realidad, será ya siempre el recuerdo imborrable de una bonita historia familiar.

ADOLFO MARTÍNEZ GARCÍA 
 

martes, 21 de mayo de 2024

 

 A TRAVÉS DEL TIEMPO, ASÍ FUI

Ayer, cuando escribí estos textos en el día de mi cumpleaños, 20 de mayo de 2024, me sentía agradecido -y en cierto modo muy feliz -por la llegada de esta celebración tan especial. Y me puse a hacer un ejercicio gráfico y reflexivo de la historia de mi propia imagen física  a través del tiempo. Algo que siempre deseé hacer y nunca lo había realizado. ¡Cómo a través del tiempo, del paso de los sucesivos años, nuestra imagen física ha ido cambiando y evolucionando hasta llegar a hoy! Es bonito mirar hacia atrás, buscándonos a nosotros mismos; aunque también sea algo nostálgico. Pero quise cumplir mis deseos y estuve muy entretenido buscado algunas fotos representativas de ese paso de los años, ( de entre cientos más de ellas que sería imposible exponerlas en este trabajo). ¡Y así quedó!:

 -Tendría cerca del añoMi padre tenía un bar en la plaza mayor (Bar Martínez) y creo que me hicieron allí esta foto. Por detrás me sostenía uno de los camareros (Florentino Barco) que trabajaba con él.(Sería por el año 1943).

   - Sobre dos añitos. Igualmente la foto está hecha en el mismo bar de mi padre, y sobre una silla, ya sin la ayuda de nadie.



-Con 8 años

Quiero acordarme que estábamos en el corral de mi abuela Ángela Carrasco Martínez, en el cual tenía el taller su hijo mecanico de coches (mi tío  Leopoldo García Carrasco). La bicicleta no era mía, sino de Bonifacio Talavera Buendía, que era un buen amigo de la infancia. Por aquellos años de 1950, muy pocos niños tenían una bicicleta.


-Con 11 años.

Me hicieron la fotografía en el Colegio José Antonio, igual que a otros compañeros. Fue un fotógrafo que todos los años solía pasar por las escuelas con este mismo fin. Después, mi madre me apuntaría a la Academia Cervantes de don Manuel Merlos Ruiz para hacer el Ingreso de Bachillerato.

-Con 17 años.

Ya estaba estudiando Magisterio en la Academia Cervantes y en el mes de junio íbamos en taxi a examinarnos "por libres" a Albacete  -igual que cuando estudiamos Bachillerato- pero en vez de ir al instituto como antes, ahora íbamos a examinarnos en la Normal de Magisterio. La foto nos la hizo nuestro recordado profesor de Lengua y Literatura, don Antonio de Toro Gómez. Curiosamente, aunque lo recordamos siempre ya mayor, no era mayor: ¡era muy joven! Murió con cuarenta años de edad, cuando sus alumnos ya habíamos terminado nuestras respectivas carreras.

-Con 18 años. 

Practicábamos muchísimo el deporte del fútbol. Primero jugamos en La Roda Frente de Juventudes: Antonio Cebrián, Fracisco Cisneros, y yo. Después a mi me ficharon en el equipo de la  Gineta, y en otras temporadas fue en Villalgordo del Júcar. Asistíamos a los partidos en un taxi, Braulio Nieto, Florentino "Pochaque", otro que llamábamos Leles, y yo. Nos pagaban algún dinero por jugar y también asistíamos a los bailes de los carnavales y otras fiestas locales de aquellas localidades. Creo que la categoría era Primera Regional.

- Con 19 años. Pero mi deporte preferido era el atletismo, aunque no nos pagaran nada por esforzarnos y ganar. Éramos totalmente "amateur". No teníamos pistas de atletismo en La Roda, pero nos entrenábamos en el campo de fútbol, y en las eras de "la laguna de los patos". Todos los años, en la Semana de la Juventud, desde el 30 de mayo, competíamos en Albacete en las cuatro calles de las pistas de ceniza que antes existían rodeando el campo de fútbol. Antonio Cebrián llegó a ser varias veces Campeón Provincial de 1500 metros lisos; Antonio Monsalve lo fue en los 100 metros lisos; y un servidor lo logré igualmente en los 400. También los tres formamos equipo en los relevos de 4x100 metros lisos, buscándonos otro compañero que nos completara: que fue Paco Ferrero; y también fuimos varios años los Campeones provinciales en esta modalidad.

-Con 24 años

En las vacaciones de verano, estuve haciendo la mili, (entonce obligatoria), dentro de la modalidad especial de las Milicias Universitarias, consistente en hacer dos veranos de formación en el Campamento Militar de El Robledo (Segovia); y después había que estar otros dos veranos de prácticas en un cuartel, bien como sargento de complemento, o bien como alférez de complemento. Aunque   realmente había que estar cuatro años pendientes, haciendo "la mili",  tenían esta ventaja y oportunidad quienes estuvieran estudiando en la universidad, pues así no perdían un curso de su carrera por hacer "la mili", ya que, en los Milicias Universitarias, la harían en cuatro veranos y así podrían seguir estudiando normalmente.

-Con 28 años.

Otra de mis aficiones y segunda vocación autodidacta, era la escultura. En mi pueblo fui autodidacta hasta donde pude y practiqué por libre el modelado, algo del vaciado y la talla; pero tenía muchísimas preguntas y enigmas que deseaba descubrir. Por lo que  estuve unos años en Madrid bajo las enseñanzas oficiales y vespertinas del gran escultor y profesor de Bellas Artes: don Juan Luis Vasallo Parodi, con el que saqué las máximas notas de calificación en modelado y talla de la madera. Para pagarme los estudios, la pensión, estancia y mantenimiento, trabajaba de maestro en un colegio privado "hispano-alemán", dando las materias de enseñanza primaria en castellano, que en la otra media jornada del día las darían en alemán otras profesoras nativas, En la práctica de la escultura yo quería ir más deprisa, abarcando mucho más, pues me iban frenando y me hacían seguir insistiendo en las misms practicas y enseñanzas programadas de los cursos correspondientes que yo ya dominaba. Por ello, con lo que había aprendido me dí por satisfecho, y volví a la escuela estatal, pues tendría tiempo de sobra para seguir haciendo escultura en mis tiempos libres de maestro nacional.

 -Con 35 años.
Había conocido a Carmen Talavera Zorrilla en una excursión a las montañas con nieve de Segovia, en 1976; y nos enamoramos. Fuimos amigos y novios; después, en 1978, nos casamos felizmente. En la foto todavía éramos amigos solamente, Era una nochevieja en la inolvidable pista de baile del "Castilla Park". Ella había ido con su hermana Conchi y su reciente marido Bernardo Arribas, y allí nos encontramos deliberadamente. Fue una noche inolvidable.

-Con 46 años.
Hubo veces que cambié el aspecto de mi cara dejándome crecer la barba, pero con cierto límite. Era una barba cuidada, Me hice la fotografía delante de un dibujo al pastel, un autoretrato,  que había creado hacía años. Y adopté la misma postura que tenía en el dibujo. La práctica del dibujo y el amor hacia el arte, la heredamos desde pequeños todos los alumnos del maestro de Primaria don Antonio de la Hoz. También a mí me influyó e inculcó el amor por la escultura, el haber visto, desde niño, modelar  el barro  a mi tío Millán en la creación de personajes inventados para las fallas y carrozas de las Fiestas de Primavera rodenses.

-Con 47 años 

Llegada la fecha de la Ofrenda de Flores a la patrona La Virgen de Los Remedios, Carmen y yo, junto a nuestros hijos y mi hermana Crescen, participábamos como otras familias cristianas y católicas, devotas de María. Nos hacía ilusión ver a Fuen y a Adolfo vestidos con las auténticas ropas manchegas y tradicionales, con su refajo , pañuelo, mandil, moños, etc. sin influencias de otros ropajes más ligeros y cómodos de llevar y que poco a poco fueron proliferando tanto, adulterando y hasta sustituyendo  a los refajos tradicionales.

-Con 48 años,

Hubo unos años que los vecinos de la Plaza Mayor, más otros amigos de las calles cercanas, nos salíamos allí, al fresco en los veranos, y animados por las guijas fritas, cuerva y paloma fresca que preparaban y llevaban Alonso y Encarnita, los padres del gran atleta Juan José Lozano Jareño, cantábamos y disfrutábamos de lo lindo, Yo me llevaba la guitarra, igual que hacía Juli Merlos y, la verdad, nos lo pasábamos genial. Aquella magnífica costumbre se rompió desde que falleció en trágico accidente nuestro querido Juan José.


-Con 51 años:

En el carnaval de La Roda siempre nos divertíamos muchísimo. A mí me gustaba como al que más, y Carmen me seguía encantada. Todos los años que pudimos participamos en el desfile inaugural; en la discoteca Ainoa y en el Gran Cinema. Varios años nos llevamos el primer premio de parejas. Pocas veces me dejaba ver la cara sin máscara. Esta fue una de esas pocas veces en la que  sólo iba algo maquillado.


-Con 65 años:

Y llegó el año de la JUBILACIÓN como maestro de escuela (en 2007) en el Colegio José Antonio. Estuve allí ejerciendo, entre propietario provisional y propietario definitivo, 36 años. Además, en el mismo colegio había estado como alumno párvulo con doña Carmen Bello, y luego como alumno de Primaria con don Antonio de la Hoz y con don Onofre. En la foto estoy en el acto homenaje y despedida que nos ofrecieron la Asociación de Padres de Alumnos del colegio. Fue un acto muy hermoso en el que las hermanas Joaquina y Conchi Charco, junto a Eloy, el presidente de la  asociación, organizaron todo con muchísimo entusiasmo. ¡Gracias!

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Y...ESTE, SOY YO AHORA, TRAS 82 AÑOS TRANSCURRIDOS

-Con 82 años, cumplidos hoy:

     (20 de mayo de 2024)

Procurando seguir adelante, sin olvidar mantenerme en la mejor forma física y psicológica, me siento arropado con el hermoso recuerdo de Carmen, mi inolvidable mujer, fallecida en el 2019; y con el apoyo de mi linda familia: mi hijo Adolfo, mis hijas Toñi y Fuen ( con sus respectivos esposos, Juan Eloy y Jesús); Los nietos Juan, Carmen, Lucía y Alicia; más mis dos hermanas, Isa y Crescen; mis cuñadas Conchi y Maruja, más los numerosos sobrinos, primos y demás familia con los que estamos siempre en contacto. ¡Gracias a todos por vuestro apoyo y cariño!

Con estas fotografías, (aunque hay muchísimas más) he querido condensar algunos momentos de  mi sencilla vida; y especialmente hoy, en la fecha de mi cumpleaños, agradezco muchísimo las felicitaciones y recuerdos que me habéis mandado; e igualmente os deseo, "a todos y a todas", mucha felicidad en vuestras vidas.¡Un abrazo!

ADOLFO MARTÍNEZ GARCÍA   

jueves, 9 de mayo de 2024

 

                                             EN SU PRIMERA COMUNIÓN

   

El pasado domingo, 5 de mayo, " Día de la Madre", nuestra primera nieta, Carmen, recibió su primera comunión en la iglesia parroquial El Salvador de La Roda junto a otras niñas y niños de la localidad, siendo ella una de las grandes protagonistas de la tradicional ceremonia religiosa, rodeada de familiares, amigas y amigos. 

   Después, como suele ser costumbre, lo seguimos celebrando en un magnífico restaurante cercano, precisamente, en  el mismo que sus padres celebraron su boda, once años atrás. 

  En una larga mesa infantil estaba Carmen, guapísima y elegante, como lo estaba su hermano Juan; así como su primo y primas: Bernar, Gabriela, Lucía, Maite y Lucía; sus amigos y amigas: Marcos, Óscar, Carla, María y Bianca; ( otros primos, como Eloy y Miguel, de más edad, estaban en otras mesas, con sus padres y abuelos). 

   El ambiente estaba colmado de alegría y optimismo, como no podía ser de otra manera. Aunque, en algunos de nosotros, la mente nos trajera pensamientos nostálgicos y recuerdos de la persona importante que allí faltaba:  la abuela de la niña, Carmen, mi mujer, que tanto hubiera disfrutado de ver a su primera nieta tan bonita e inmaculada, toda de blanco y ensueño, feliz y reina de aquellos momentos que estábamos viviendo. 

   Sus hijas, Toñi y Fuen, ya tenían pensado y preparado de antemano, un especial lugar para su madre en el restaurante: consistente en un otoñal dibujo con una bonita frase, enmarcada y  colocada sobre una mesa, junto a una vela encendida y una rosa roja, leyéndose: "ABUELA sabemos que estarías aquí si el cielo no estuviera TAN LEJOS".

Los seres humanos tenemos una mente que nos puede insertar, en un instante, las imágenes y los recuerdos más deseados. Y...¿por qué no vamos a  utilizar esas posibilidades y recursos imaginativos, si podemos hacerlo? ¿Por qué, si algunas personas estábamos recordando a Carmen durante un instante, no nos podríamos recrear en su recuerdo mucho más  tiempo? ¡Todo el tiempo posible!

   Yo lo intenté, y lo hice. Quise imaginarla allí sentada, hablando alegremente con su amiga y consuegra Juanita, conmigo, con el yayo Eloy, con mis hermanas Isabel y Crescen, con la prima Mariví; con la cariñosa novia de nuestro hijo Adol, también de nombre Carmen; con todos. Levantándose y visitando la mesa infantil de nuestra nieta, besándola muy feliz; y sonriente, como ella era, la imaginé cambiando impresiones con todos los comensales. 

   ¡La imaginación, la fantasía del ser humano, es un don creativo que todos tenemos y, dentro de su ficción, nos puede ayudar temporalmente a  ser más felices; aunque sea sólo un instante. 

   Sí, vuelven siempre los recuerdos, y podemos crear con ellos nuevas escenas imaginativas que durarán brevemente, ¡décimas de segundo casi imperceptibles!; pero nos harán revivir tiempos pasados, "trayéndonos" a las personas que perdimos y jamás volverán, como Carmen, salvo en nuestra mente.

ADOLFO MARTÍNEZ GARCÍA

domingo, 14 de abril de 2024

 NUEVAMENTE LLEGÓ TU CUMPLEAÑOS

 Con flores, lilas silvestres, con versos, libros, pensamientos en miles de recuerdos..., vuelves a ser la protagonista de nuestras mentes y corazones. Hoy, 14 de abril hubiéramos celebrado felizmente contigo tu cumpleaños. Siempre fue un día especial para ti y para todos los que estábamos a tu alrededor. Y hoy, todos te seguimos recordando con tu inmensa sonrisa, con tu gigantesco cariño, con tu entrañable personalidad; ¡Atractiva y cautivadora   mujer llena de amor y sutilezas!

Queremos imaginar, para no desesperarnos, que nos sigues acompañando y viendo desde un Cielo no muy lejano.

Adolfo Martínez García

 

    

domingo, 21 de enero de 2024

          MI AMIGO PRIMITIVO ESCRIBE DE MI ÚLTIMO LIBRO

«Los artífices de la torre de La Roda», de Adolfo Martínez
HISTORIA DEL «FARO DE LA MANCHA»
Acabo de concluir la lectura de un libro que me ha parecido extraordinario, titulado «Los artífices de la torre de La Roda». Fue presentado el 19 de octubre próximo pasado en la Posada del Sol y de su autoría responde el eximio escritor Adolfo Martínez García (La Roda, 1942), amigo sabio y sereno y maestro admirado que con su magisterio de druida medieval ha empleado todos sus arcanos –que no son pocos, ahí está de testigo su decena de libros ya publicados– para llevar a cabo un encomiable trabajo de investigación histórica en el que viaja en su particular DeLorean hasta el Renacimiento para determinar con precisión de francotirador la vida y la actividad en La Roda de los canteros vascos que levantaron, a caballo entre los siglos XVI y XVII, la torre de 61 metros de la iglesia de El Salvador.
Trescientos años después de la época que les tocó vivir, estos artesanos vascongados, arquitectos de entonces, dan título al libro que, a la vez que nos ilumina a los rodenses sobre nuestro devenir en el tiempo, les hace justicia a ellos alabando su trabajo, su ciencia y su mérito y reconociendo su gran legado en esta grandiosa y admirada obra arquitectónica, una incomparable joya renacentista que el propio autor, en un alarde de sabiduría intrínseca a su naturaleza, a la vez científica y de hombre de letras, fiscaliza de arriba abajo con el rigor, la devoción y el respeto que la singular construcción merece.
El autor, cargado de buenos y generosos propósitos, revisa a golpe de lupa y escalpelo todo lo concerniente a la torre –es escultor, domina la materia–, desde su origen a la actualidad, desde la base cuadrada levantada con sillares al chapitel piramidal que la corona, a su vez rematada por la bola y la cruz de hierro con la veleta; desde el proceso constructivo a los recursos financieros empleados por cada maestro cantero, procedentes de los diezmos con que generaciones de antepasados contribuyeron a edificar la monumental iglesia que, como la villa a la que da sombra, perteneciente hoy a la provincia de Albacete, en otrora etapa de la historia dependía territorialmente de la provincia y obispado de Cuenca.
La saga de maestros canteros vascos
Por las 200 páginas del libro, salpicadas con bellas ilustraciones de documentos antiguos, transcripciones, dibujos pintados a tiralíneas por Adolfo Martínez y fotos de su hijo Adolfo Martínez Talavera, desfilan en aproximado orden cronológico los cualificados artífices, desconocidos en su mayoría hasta que los ha sacado a la luz el autor en este tratado del que hablamos, de la creación del imponente «Faro de La Mancha», llamado así por ser la más alta torre de la provincia de Albacete y por atisbarse en lontananza desde cualquier punto cardinal, sirviendo su emblemática silueta al gozo inefable de sentir su consistencia mineral cada vez más cerca cuando los que habitamos la diáspora retornamos emocionados a la patria chica.
Procesando el tiempo de manera lineal, el autor afirma que el conjunto del templo de El Salvador comenzó a levantar su estructura de orientación gótica en el primer tercio del siglo XVI, siendo Pedro de Alviz, junto a su hermano Juan, el iniciador de la construcción. A partir de este hecho, Adolfo Martínez desgrana las sucesiones registradas en la jefatura de las obras y algunos aconteceres significativos, como que el arquitecto Juan de Orzollo, que estuvo al mando entre 1561 y 1579, modificó el proyecto de Pedro de Alviz cambiando los pilares góticos de la iglesia parroquial por columnas renacentistas, el nuevo estilo que se iba imponiendo en la época. Y fue precisamente Juan de Orzollo quien se puso a levantar la torre en 1569, más de medio siglo después de iniciados los trabajos del templo, según acredita un documento encontrado por el autor donde consta el año de inicio.
En «Los artífices de la torre de La Roda», Adolfo Martínez, en base a sus hallazgos, pinta un elaborado árbol genealógico de la saga vasca de canteros a partir del maestro Pedro de Zavala, que en 1581 –dos años después de la muerte de Orzollo– se hizo cargo del tajo pujando en subasta pública y pagando 10.000 ducados. A su muerte, prosiguió el trabajo su yerno Agustín Bernardino, uno de los arquitectos señeros que había en España a principios del siglo XVII, quien hubiera terminado la cornisa de la torre en 1620 si no hubiera fallecido en Alicante, donde estaba construyendo, al tiempo que nuestra torre, la iglesia de San Nicolás de Bari –se ve que antes la gente duraba menos que ahora y andaba pluriempleada–.
Martín de Achasaeta continuó cerrando la cornisa y construyendo el esbelto chapitel piramidal de sillares, una obra de arte en sí misma, rematado con su bola y la cruz metálicas. Muchos más son los maestros y oficiales canteros, albañiles y otros técnicos apuntados jerárquicamente en el libro por su aportación a la obra durante décadas, tanto de la iglesia como de la torre. «Todos eran vascos», afirma Adolfo Martínez: «En total, fueron 55 años los que se tardó en construir la torre».
Subidas sucesivas a la bola
Efectivamente, en 1624, bajo la dirección facultativa de Achasaeta, se colocaron la bola y la cruz de hierro en la cúspide de la pirámide, culminando con ello las obras de la torre. Todo esto lo desvela Adolfo Martínez para «resolver definitivamente» la polémica mantenida a lo largo de la historia sobre autores y fechas. Para solventar la diatriba permanente recurrió a lo que llamamos «cápsula del tiempo», un documento en latín que dejaron los responsables eclesiásticos bien protegido en un cilindro metálico metido en el interior de la bola por una portezuela, donde se detallan datos, personajes notables, autoridades civiles, responsables del templo y otros pormenores referidos a aquel tiempo.
Esto quedó olvidado hasta que sesenta años después, en 1664, un rayo cayó sobre los sillares del chapitel resquebrajándolo. Quien subiera a reparar el destrozo se aupó también hasta la bola y hurgó en sus entrañas descubriendo lo que había dentro. Afortunadamente, fue devuelto a su sitio con otro material añadido para conocimiento de las siguientes generaciones. A lo largo de estos siglos, dejando aparte su instalación primigenia en 1624, como queda dicho, siete fueron los intentos coronados por el éxito que recoge Adolfo Martínez de alzarse hasta la bola por el interior de la pirámide o escalando sus paredes: en 1664, 1743, 1803, 1906, 1949, 1959 y, la última, en 1981, hace 65 años.
El autor da buena y detallada cuenta en el capítulo correspondiente de estas intrépidas ascensiones, los mecanismos utilizados, sus motivaciones y los avezados protagonistas que se jugaron el tipo a tanta altura. Como en cada una de las ascensiones se fueron añadiendo documentos, a alguien se le ocurrió en la última del 81 fotocopiar todos los papeles que contenía el cilindro –afortunadamente la tecnología lo permitió–, siendo Adolfo Martínez uno de los investigadores beneficiario del conocimiento almacenado.
La dificultad del proceso
Cuajados se hallan los 11 capítulos del libro, más la introducción y el epílogo, de interesantísimos datos que el autor ha consignado tras largo tiempo escarbando legajos en bibliotecas públicas y archivos privados, en registros oficiales, municipales y eclesiásticos, en tratados antiguos y modernos de gente de La Roda y aledaños, para luego valorar la relevancia de lo hallado y erigirse en notario del pasado levantando acta en el presente de lo entonces acontecido, con la dificultad añadida que tiene la lectura de los pergaminos deteriorados o la traducción y comprensión del idioma de la época, ya fuera castellano antiguo, francés, latín, griego, etc. A lo que se añade lo complejo que resulta descifrar la caligrafía, tan retorcida como elegante a veces, del amanuense anónimo de turno. La guinda del esfuerzo es luego la interpretación y adaptación a los tiempos modernos de las costumbres antiguas y homogeneizar tanto material dispar dándole curso con cierto sentido. Sin duda, un trabajo de colosos.
En este intrincado territorio, que el insigne rodense gobierna con la indiscutible autoridad de un señor feudal y goza como una madre primeriza ante cada sorpresa inesperada –se nota en la escritura que disfruta con sus descubrimientos y nos contagia a los lectores con su entusiasmo–, se mueve con la agilidad sinuosa y fantasma del áspid en busca de lepóridos que le sirvan de alimento. Así, ejercitándose como espeleólogo de trufas manuscritas, encuentra lo que persigue y se topa con lo inverosímil, pequeños tesoros documentales –medios, costes, salarios, materiales de construcción de la torre en cada período de tiempo, acarreo de la piedra en carretas desde las canteras de Vara del Rey, el trabajo en los tejares locales, las «grúas» y andamios rupestres utilizados, etc.– que van engordando el ajuar con el que el autor repartirá responsabilidades y adjudicará virtudes, cavilando de paso si todo cuadra y está en su sitio o hay que ponerlo en cuarentena y seguir tirando de archivo hasta fijar el acercamiento que precise su colimador para no errar el tiro.
¿Cómo puede haber crecido la torre…?
A impulsos de su lucidez analítica, Adolfo Martínez llega incluso a poner en duda las medidas reales de la construcción cuando, en las páginas finales del libro, desata su vena empírica y cartografía la torre sometiendo a revisión sus dimensiones, cosa en la que se empeñó hace un año, en enero de 2023. Contando con una especie de sextante láser, cálculos geométricos, triangulaciones de hipotenusas y catetos y con la ayuda inestimable de su intrépido hijo Adolfo, midió los tres cuerpos de la torre más el chapitel y la bola y concluyó, con el entusiasmo del descubridor medieval de nuevas tierras que añadir al mapamundi en blanco, que la altura actual de la torre de El Salvador supera la primitiva talla conocida hasta hoy de casi 61 metros, y la sitúa con exactitud matemática en 63,577 metros.
En buena deducción detectivesca, el maestro, que, como digo, nos hace cómplices a los lectores de su investigación, le da vueltas a la molondra para preguntarse por qué extraña y soterrada razón es esto posible, qué ha pasado aquí. Y encuentra la respuesta lógica haciendo lo que mejor se le da: bucear en los anaqueles. Así descubre el misterio, pues no era plausible que el noble edificio hubiera dilatado voluntariamente su mampostería irguiéndose orgulloso sobre la llanura dos metros y medio más con el correr de los siglos. Yo no lo voy a destripar aquí para que sea el lector quien goce como yo, de principio a fin, resolviendo misterios gracias a la escritura apasionada de este posmoderno Indiana Jones rodeño.
Debo añadir que todo el trabajo de paleografía de Adolfo Martínez nos alienta a los lectores a admirar aún más el secular edificio, lo que nos lleva a reclamar por nuestra cuenta y a gritos su protección, porque todo el conjunto eclesiástico está sometido a la severa degradación que procura el paso del tiempo, que todo lo erosiona. La pulsión deconstructora de la meteorología, el eclosionar imparable de la vegetación y el acoso inmisericorde de la avifauna son elementos que acaban por derribar los más firmes pedestales, y las instituciones que corresponda deberían acometer las medidas necesarias para frenar su progresivo deterioro. Aunque no abrigo esperanza alguna porque, como decía don Camilo, la socorrida magia administrativa tiene poco que ver con la conveniencia de la sociedad.
Un libro muy recomendable
Fascinado por la capacidad didáctica del maestro Adolfo Martínez –docente de carrera, escritor consumado y domador de artes plásticas y disciplinas ancestrales como la escultura, la pintura y la música, y eso se nota a la legua–, no puedo sino recomendar este libro a los rodenses y a quienes se sientan vinculados a nuestro pueblo y admiren su riqueza cultural y arquitectónica, pues en esta historia tan documentada se da cuenta, en paralelo y de manera subrepticia al relato de lo concerniente a la iglesia y su torre, del avance histórico de la «Muy noble y muy leal villa de La Roda», que lleva ya 714 años de singladuras desde su fundación en 1310 gracias al ilustrado y distinguido guerrero el Infante don Juan Manuel, quien otorgó la concesión de término a La Roda por su fidelidad a la Corona de Castilla y le dio carta de naturaleza como villa.
Concluyo afirmando que la fina pluma y la sustancia doctoral de Adolfo Martínez García han convertido esta obra, cuya llegada pregono con respetuoso y fundamentado gozo, en un tratado de literatura de lo más entretenido que da gusto leer de un tirón. No puedo decir otra cosa y no soy el único en apreciar el superior trabajo de uno de los puntales sobre los que se sustenta la cultura rodense actual, pues se ha extinguido la primera edición y Uno Editorial, sita en Albacete, acaba de sacar a la calle la segunda, muy cuidada, de gran calidad de impresión y encuadernación en rústica con solapas, aportando como detalle un marca páginas remedo de la portada con la torre objeto de disección quirúrgica de la obra, que ya está a la venta en las librerías de La Roda. ¡Enhorabuena, Adolfo!
Primitivo Fajardo (15-01-202



                       AGRADABLES ENCUENTROS Hace unos días, por la Plaza Mayor de La Roda, me encontré con una compañera y amiga, maestra...