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jueves, 11 de julio de 2013

ANTE EL RETABLO

    Contemplando ahora el retablo mayor de nuestra iglesia parroquial  El Salvador, me vienen a la memoria viejos recuerdos y algunas  reflexiones, pues la mayoría de nosotros no lo conocimos con su primitivo esplendor, reflejando la dorada luz del pan de oro en su talla barroca íntegra e indemne, ya que había quedado significativamente mutilado por bárbaros e ignorantes durante la última guerra civil. Y   no llegó a ser  destruido totalmente porque sus  verdugos comprobaron que no ardía bien su madera por estar  protegida con el estuco que la envuelve y las finísimas láminas de oro que se extienden sobre él; por esa razón, principalmente, desistieron en seguir arrancándole elementos. Al principio del atropello me contaba mi madre, recordando su domicilio de  juventud en  la calle Cervantes, que no era infrecuente contemplar en la bajada del templo cómo algunos de aquellos vándalos portaban bajo sus brazos adornos y retales del monumento para calentarse en el invierno.

     Casi todos  lo hemos conocido ya incompleto, aunque todavía majestuoso, reflejando irradiante la calidad de los estofados que desde 1718 a  1721 realizara impecablemente el maestro dorador valenciano Thomás Belando.

   Después de la guerra, su restauración  estuvo siempre presente en las mentes rodenses como un sueño posible de hacer realidad, y al menos en dos ocasiones se intentó infructuosamente. (Según Información recogida en su momento a los versados en el tema por D. José Talavera Sotoca y publicada en la revista de estudios albacetenses Al-basit nº 14, en mayo de 1984 pág. 55). Y después, seguro que también formó parte de los planes y pensamientos restauradores del cura párroco D. Joaquín Díaz Rueda, verdadero  promotor de las reformas de nuestro templo El Salvador en el año 1960; aunque no le dieron tiempo a plantearlos al ser trasladado a Albacete.

    Cuando en 1992, a instancias del Ayuntamiento y a través del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y dentro de los planes del Instituto Nacional de Empleo,  se creó en La Roda una Escuela Taller:  La Enzina, siguiendo el ejemplo de otros muchos lugares de España,  brotó de nuevo  la esperanza de la restauración del retablo. Así, posteriormente, se contempló en los proyectos de la número dos, que funcionó durante dos años desde diciembre  de  1996  bajo la dirección del arquitecto rodense D. Francisco López Cuesta, programando la limpieza de sus dorados y la realización de los adornos tallados, ménsulas etc. que faltaban,  principalmente en su parte baja,  haciéndose para tal fin algunas de sus plantillas.
    Lógicamente se pensó en el asesoramiento y especial dirección de un tallista y dorador, del que carecía  la escuela. Y se tuvo en cuenta a D. Francisco Gómez Canales, antiguo director artístico de las reformas del templo en los años sesenta; pero por entonces estaba restaurando otros importantísimos monumentos en Aguilar de Campoo (Palencia) bajo la dirección del famoso arquitecto e ilustrador "Peridis".

    En aquella escuela-taller "La Enzina II" se trabajó en la limpieza del retablo desde el gran andamiaje metálico que se instaló, y  también se hicieron algunas prácticas de talla y dorado en madera para  reponer  pequeños adornos, ( según la entrevista que realicé entonces al director de la Escuela Taller Enzina II, D. Francisco López Cuesta, reflejada en la noticia publicada por Plaza Mayor, Nº26, perteneciente a marzo-abril de 1997). Para lo cual el propio monitor de cantería, nuestro amigo “Lauren”, me consta que sacaba  de los originales del retablo algunos relieves en plastilina para que los  tallaran en madera los alumnos de carpintería. (Después, aquellas acciones de limpieza, etc. fueron muy criticadas por la prensa provincial como actos muy atrevidos, sin la vigilancia directa y asesoramiento de algún especialista titulado).                     
           
   Ante la tradicional  llegada  de la Imagen de la Virgen de los Remedios en mayo de 1998,  se embelleció la parte del templo donde estaba colocado el gran andamio, que era delante del retablo, creando - a instancias de la Cofradía de la Oración del Huerto y con las ideas y trabajo del artista local  Alfonso Ruiz -  un original decorado con motivos marianos en paneles de "porexpán" (poliestireno expandido), el cual tapó durante algún tiempo la vista del andamio metálico. Como  en el verano de aquel año todavía perduraba esa decoración mariana y las obras de restauración del retablo estaban paradas, el pueblo en general se interesó mucho más por los acontecimientos, pues proseguían contra la restauración  duras críticas desde la prensa provincial, como la efectuada por Manuel Mujeriego desde La Verdad. Y dos compañeras de Plaza Mayor, Ana Belén López y Julia Carrilero,  entrevistaron al director de la  escuela-taller, el arquitecto D. Francisco López Cuesta, buscando más luz e información sobre el tema.(Véase Plaza Mayor nº 34, de julio-agosto del año 1998).

   Desde aquella interesante entrevista quedó claro que la Comisión Provincial del Patrimonio Histórico Artístico debía aprobar cualquier actuación de restauración sobre el retablo, ya que la iglesia estaba declarada monumento nacional y la custodiaban  las leyes de Protección del Patrimonio. Por lo que  se estaba buscando un restaurador que tuviera la titulación requerida para llevar a cabo tal empresa.

   También la directora del Museo Arqueológico de Albacete, Dª Rubí Sanz Gamo,  colaboró con un artículo  en Plaza Mayor  aclarando cualquier equívoco y dudas sobre las normativas vigentes que afectaban a nuestro patrimonio, y por lo tanto a nuestro retablo:

   "...Las restauraciones, tanto si son de edificios como de cuadros, esculturas o de objetos varios, deben ajustarse a nuestras leyes sobre el patrimonio histórico-artístico  y a los convenios internacionales que España tiene suscritos, en los que se contemplan que no podrán falsearse elementos modernos (actuales) como si fueran antiguos, no podrán aplicarse productos que por su composición química sean lesivos para la obra de arte, y las actuaciones deberán ser reversibles, diferenciadas del original, y capaces de ser eliminadas sin afectar a los elementos originales."
( Escribió Rubí Sanz Gamo en: "Un patrimonio para todos" en Plaza Mayor nº34, julio-agosto de 1998).

   La escuela-taller La Enzina II finalizó el 9 de diciembre de 1998, tras dos años de actuación, pero en su memoria final resumida para Plaza Mayor por  Víctor Martínez no figuraba en el apartado referente a la iglesia el trabajo de limpieza etc. que al principio estuvieron haciendo  en el retablo, que podría interpretarse como que había sido improcedente aquella actuación  y por lo tanto que no se debía registrar como objetivo conseguido.( Plaza Mayor nº  36 pág. 5 ).

    El 26 de junio del año 2000  se puso en funcionamiento la escuela taller La Enzina III entre cuyos objetivos estaba la restauración del retablo bajo la dirección de un restaurador o restauradora titulada que por entonces todavía estaba sin elegir. ( Véase Plaza Mayor nº 47, septiembre-octubre de 2000 ).

   En el número 50 de Plaza Mayor, correspondiente a los meses de marzo-abril del año 2001, nuestro compañero José  Joaquín Moreno Cortijo publicaba un estudio detallado de las actuaciones que se harían en el retablo, proporcionado por la responsable que llevaría a cabo tan deseado trabajo. Se llamaba  María José García García, una joven cordobesa afincada ya en nuestra villa para tal fin, diplomada en Restauración y Conservación de Bienes Culturales (especialidad de escultura) por la Escuela Superior de Galicia: Principalmente se limpiaría en el ático el polvo, se asentaría la policromía, se taparían las grietas, se haría una limpieza química, se daría un estucado y se reintegraría pintura  de restauración ( con acuarela) donde correspondiera  poner pan de oro, ya que éste está totalmente prohibido reponerlo. Y dejaba claro que los elementos ornamentales no se repondrían, aunque sí se encargarían las seis esculturas que faltaban, pero tendrían sus maderas un acabado abocetado para no poderse policromar.

   A primeros de mayo del año 2002 se instalaban cinco de las seis esculturas nuevas del retablo, talladas  en madera de cedro rojo por el sacerdote escultor D. Francisco Medina, profesor del Seminario de Uclés y director del Museo Diocesano de Cuenca. Eran San Isidoro de Sevilla y Santiago (de peregrino) en el cuerpo superior del retablo; San Pablo, San Pedro y San Fernando en el inferior; faltando San Julián que sería colocado también en mayo, antes de clausurarse la escuela-taller.



Año 2002. Andrés Clemente, monitor entonces  de la sección de carpintería en la
Escuela-Taller de La Roda, colocando en el retablo la nueva talla de San Pablo .

   Finalmente, se pretendia concluir la restauración  del retablo con la escuela-taller La Enzina IV, solicitada  por nuestro Ayuntamiento al organismo competente en el año de 2002.

   Después, fue pasando el tiempo y la nueva visión del retablo no cambiaba.  Se esperaba verlo terminado de una vez, y mientras tanto, entre el polvo acumulado en los relieves, las nuevas esculturas sin policromar, sus desconchados retocados con las modernas restauraciones en acuarela…  le impedían brillar como antaño. Y por una u otra causa el pueblo estaba descontento de que continuara esa afeada visión por tiempo indefinido.   

    Mientras, muchos no dejábamos de preguntarnos cómo se había  impuesto esta  moda tan cruda y dura para proteger el Patrimonio y que nos impedía volver a presenciar la magnificencia de monumentos como éste, creados para deslumbrar literalmente con su oro y abstraer con sus santos y mensajes escultóricos a los fieles que lo contemplasen.  ¡Tal vez tantas precauciones y prohibiciones a todos los niveles fueran consecuencia de los abusos e innovaciones desafortunadas realizadas en el país durante algunas restauraciones del pasado!

   Afortunadamente, en el año 2009 surgió la Asociación Amigos del Patrimonio que preside doña Amparo Roldán representando a unas decenas de personas sensibilizadas con las obras artísticas de La Roda  y,  motivados asiduamente por  don Juan Cabañero,  junto a nuestros sacerdotes, don Vicente y don Juan, ¡ van allanando las dificultades!, consiguiendo las autorizaciones pertinentes para seguir con la   restauración, buscando el patrocinio de los organismos y empresas que apoyan el proyecto, ejecutando paulatinamente importantes mejoras en nuestro templo parroquial.




      Se puede ya ver y admirar cómo van  quedando bien integrados en el retablo barroco los dorados de las nuevas tallas de madera que en su día le encargaran reponer al sacerdote-escultor don Francisco Medina. Concretamente se ha comenzado el dorado por los adornos o ménsulas de la parte baja y las dos grandes columnas centrales también repuestas. Esta labor la lleva a cabo el Taller de Restauración Martínez,  de Horche (Guadalajara), con  las permitidas técnicas de “veladuras” (único procedimiento autorizado ante la firme prohibición de aplicar el clásico pan de oro). Y viendo los primeros resultados satisfactorios, la mayoría de los rodenses deseamos que  se continúe hasta el final con la restauración, hasta que el retablo churrigueresco deje de escandalizarnos estéticamente.
   Al final, el viejo sueño de tantas generaciones de la posguerra se habrá conseguido, quedando el retablo totalmente restaurado, con  sus  partes discordantes   bien  integradas en el conjunto. Y seguirá siendo nuestro retablo majestuoso y llamativo, soberbio, digno del más sublime embelesamiento religioso y artístico.


   ADOLFO MARTÍNEZ GARCÍA 

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