lunes, 19 de diciembre de 2022
sábado, 1 de octubre de 2022
EN EL CENTENARIO DE LAS
“ESCUELAS DEL AVE MARÍA” DE LA RODA.
Escuelas del Ave María en La Roda, creadas por el sacerdote don José Collado en 1922.
Como viene anunciándose durante estos últimos días a través de diversos medios de comunicación, (yo lo he conocido en las publicaciones de “Exalumnas/os Salesianas D. Bosco de La Roda”, así como en alguna entrevista radiada ), van a celebrar el centenario de la llegada de María Auxiliadora al pueblo de La Roda y del inicio de las Escuelas del Ave María fundadas por el sacerdote D. José Collado Ballesteros.
En la documentación de la época, encuentro que el propio sacerdote nos dejó escrito: “…Sí, en medio del paseo que nos conduce a la Estación, María Auxiliadora ha hecho que desde el día diecisiete de septiembre de mil novecientos veintidós, La Roda católica tenga una obra de acción social católica…” “… María Auxiliadora ha querido que se levante un nuevo edificio, pobre y humilde en su construcción, pero más rico en fruto, porque obstenta con letras muy visibles esta inscripción: Iglesia y escuelas católicas gratuitas del Ave María...” “… Los maestros están formados según el ideal y orientaciones pedagógicas de nuestro Padre y Fundador don Andrés Manjón. Las Religiosas pertenecen a la benemérita Congregación de Salesianas del Sagrado Corazón de Jesús…”
Nos cuenta que había
dos maestros para los niños y cinco religiosas para las niñas. En total
existían tres secciones o clases. Desde el día 11 de enero de 1926 empezó a funcionar
el comedor escolar con doce niños pobres. También contaban con una biblioteca
“avemariana”, clases nocturnas para adultos, e incluso proyectaban algunas veces películas
de cine.
Llamó la atención y
admiración de todos que un sacerdote joven y casi recién llegado a La Roda
(1920), decidiera construir un edificio destinado a capilla presidida por la
Virgen en la advocación de María Auxiliadora, y a escuelas manjonianas
gratuitas, del Ave María, gastando en el empeño el dinero de su propio
patrimonio. En ese sentido de admiración y sorpresa encontramos estas palabras de un foráneo hacia el pueblo de La Roda: “…No dejéis de
tributar vuestra admiración y vuestro aplauso al modesto sacerdote que gastó su
patrimonio y gasta sus energías juveniles en esa obra de educación y cultura…
Estaba solo y consiguió una comunidad de Religiosas Salesianas para niñas y de
maestros manjorianos para niños…”
Ocurrió, que sin ser
un cura salesiano de don Bosco, sino pertenecer a la institución y pensamiento
pedagógico del sacerdote don Andrés
Manjón, jurista, pedagogo, catedrático de universidad… fundador de las Escuelas
del Ave María,( que ya en 1918 estaban extendidas en 36 provincias españolas y
llegaron a existir más de 400 escuelas por todo el mundo), su devoción a la
Virgen en la advocación de María Auxiliadora y sus métodos de enseñanza y ayuda a los niños y niñas más pobres,
semejantes a los empleados por los
educadores salesianos de don Bosco, podría confundir a alguno/a de sus seguidores
y admiradores.
Cuando crea en La
Roda, en 1922, las conocidas Escuelas del Ave María, las escuelas públicas y
gratuitas de la localidad estaban ubicadas en los viejísimos e insalubres locales
del antiguo convento de monjas trinitarias. Allí estaban dichas escuelas, tanto
de niños como de niñas, desde el año 1858 en el que por Real Orden de 24 de abril
de ese año, el Estado cedía al Ayuntamiento el antiguo convento para que se
establecieran en él las escuelas de Instrucción Primaria. Hubo una graduada de
niños, la n 1; y una graduada de niñas, la nª 2.También existía allí una
escuela unitaria de don Julián Lara, más la vivienda del maestro. Y en otras
dependencias estaban los párvulos de doña Remedios López y los de doña María
Onsurbe. (Algunos nombres de maestros y maestras de entonces han trascendido
hasta nosotros, como: los mencionados anteriormente, y doña Carmen Morejón, doña Patrocinio López
Romero, doña Ascensión Rodríguez, don Severino Martínez, don Maximiliano
García, don Arturo Silva Castro…)
También en el viejo convento se aprovechó el
local de la antigua iglesia y se usó como teatro: el Teatro Liceo. Pero, además
de las escuelas oficiales allí establecidas,
existían otras unitarias por distintos lugares de la localidad, como hubo
en la calle Quevedo con la maestra doña Concepción González o en la travesía de
la calle Cervantes regentada por doña Antonia Sarrión, etc.; y algunas otras atendidas por
educadores/as sin la titulación necesaria. Pero el gran problema de las
escuelas existentes era que los locales no reunían las condiciones suficientes de
luz, higiene, espacio, etc. para dar
clase a los niños y niñas. Por lo que vendría muy bien la creación de aquellas nuevas
Escuelas del Ave María, ya pensadas y diseñadas para tal fin educador.
Después de la guerra
civil, las salesianas de María Auxiliadora llegaron a La Roda el 12 de octubre
de 1943 y se establecieron en las mencionadas Escuelas del Ave María, que
posteriormente fueron reformadas y rehabilitadas en la creación y ampliación
del Colegio de María Auxiliadora. Como también volvieron a ser utilizadas las
estancias del viejo convento trinitario para escuelas nacionales, hasta que en 1942 fue derruido y en su solar
histórico se levantó con tapiales de tierra el colegio nacional José Antonio,
hoy llamado Purificación Escribano.
Siempre ha existido una
gran curiosidad detrás de cada uno de estos edificios dedicados a la enseñanza,
pues tienen una interesante historia. Y hoy me he entretenido recordando parte
de las mismas.
ADOLFO
MARTÍNEZ GARCÍA
viernes, 6 de mayo de 2022
DÍAS VIVIENDO ENTRETENIDO
Carmen, no volverá jamás y yo me quedé estancado en el pasado; aunque la compañía y estancia temporal de mis hijos y nietos en casa, me alegran y endulzan las horas.
Mientras va transcurriendo el tiempo, procuro no estar ocioso y, además de vivir entretenido repasando los bonitos recuerdos de mi mujer, también, poco a poco, voy practicando alguna de mis aficiones artísticas que tenía abandonadas.
Desde finales del mes de enero, he estado restaurando una preciosa imagen de María Auxiliadora, llegada a nuestra cofradía de Semana Santa, "Jesús Nazareno", desde tierras gallegas, gracias a la dedicación de María José Martínez Lozano, nuestra hermana mayor en dicha cofradía.

La imagen, por diversos motivos, sin estar tapada por alguna sábana o unos simples plásticos, parecía haber sufrido las inclemencias de trabajos de albañiles o pintores, en obras muy cercanas a ella: sufriendo roces, desconchados, alguna rotura, incontables salpicaduras de pintura blanca, presencia de viejo polvo incrustado profundamente en sus barrocos ropajes...
Como podría decirse:¡Estaba hecha una pena! Y recomendé llevarla a un taller profesional de restauración en obras artísticas; pero dadas las fechas cercanas a la Semana Santa con los numerosos compromisos que ya tenían los restauradores, se me convenció para que intentara arreglarla y pudiera ser presentada al público rodense en una fecha determinada. Aunque hacía bastantes años que ya no trabajaba en escultura (unos 9 años) y, últimamente, desde que murió Carmen, había abandonado cualquier posible idea de realizar trabajos artísticos, estando casi constantemente escribiendo en el ordenador. Pero, ya involucrado, poco a poco, fui restaurando la imagen de María Auxiliadora lo mejor posible, librándola de "los graves problemas estéticos que la invadían.
La escultura es muy grande y muy bonita; creada en las "Escuelas Profesionales Salesianas" de Sarriá (Barcelona), como consta escrito en un disimulado rótulo de su peana. Tal vez, la imagen fue diseñada por quien, durante muchos años, dirigió la sección de escultura en aquellas escuelas: el escultor salesiano Gaspar Mestre Beltrán, y fuera creada en los primeros años de la posguerra civil española, cuando no había imágenes en las localidades porque habían sido destruidas y quemadas durante aquellos trágicos años de luchas fratricidas, y ante tantas peticiones de nuevas imágenes a los talleres escultóricos, tuvieron éstos que hacer innumerables vaciados en escayola y pasta de madera de las Vírgenes y Santos más solicitados.
Por su gran deterioro, había que volver a pintar el manto azul de la Virgen, aunque suponía un paciente trabajo con fino pincel entre las filigranas del estofado de pan de oro, a respetar. Para ello me documenté del azul que debería llevar el manto de la imagen, y elegí el azul que lleva el primer cuadro pintado por el italiano Tomás Andrés Lorenzone, amigo de don Bosco, y creado en 1865 bajo sus indicaciones y deseos. Dicho cuadro mide siete metros de alto y está en la basílica de María Auxiliadora, en la localidad de Turín (Italia). (Finalmente, el elegido nuevo azul para la imagen, es intenso y luminoso, haciendo resaltar mucho más los estofados del pan de oro).
Casi todos los días, solía trabajar en la imagen durante varias horas a mi antojo, en las mañanas, tardes o noches, salvo unos tres o cuatro días, porque por entonces, me sentí inseguro al andar o estar de pié, como si estuviera algo mareado, y el médico me recomendó ese descanso en el trabajo. Las extrañas posturas que, a veces, debía ir adoptando para pintar,(de pie, sentado o tumbado en el suelo), algo retorcidas, especialmente en las partes bajas de la imagen, empezaban a afectar algo a mis cervicales; pero se solucionó con esas mini-vacaciones ya mencionadas y aplicándome calor en el cuello.
Pero, salvo el descanso total de esos pocos días, antes de marcharme a la cama a dormir, solía irme a la antigua habitación de mis hijas, que me servía temporalmente de estudio escultórico, tras haber desarmado una de sus camas para ganar espacio y poder restaurar allí a la mencionada imagen de la Virgen. Y, desde un principio, esporádicamente, estuve trabajando en la escultura religiosa: (enmasillando y lijando algunas faltas de yeso, como en el cabello de la Virgen; haciendo desaparecer los muchísimos gotazos de pintura blanca en el manto, túnica, pedestal y en el pan de oro, corrigiendo sus roturas y algunas de sus ausencias doradas; repintando con sus correspondientes colores las diversas partes que necesitaban ser reparadas, como en una pequeña superficie de la túnica del Niño Jesús, y totalmente en el manto de la Virgen, entre las respetadas filigranas en "pan de oro" del estofado, etc. etc. Así, poco a poco, como solía decir mi mujer, fui avanzando hasta que, algunos días, hasta me dieron las tres o las cuatro horas de la madrugada, y entonces dejaba el trabajo artístico para irme a dormir.
Pero, francamente, creo que lo más importante y bonito de este evento mariano, es saber que, desde el pasado día 1 de mayo en que fue entronizada esta imagen salesiana de María Auxiliadora, podremos subir a visitarla en su nueva y digna morada, como es nuestro monumental templo parroquial El Salvador. Y así, ante Ella, poderle rezar con fe y devoción.
ADOLFO MARTÍNEZ GARCÍA
viernes, 17 de diciembre de 2021
19 de Diciembre
( Este domingo día 19 de diciembre, hace ya
dos años que murió Carmen, mi esposa. Ni por un momento he dejado de
recordarla. Pensando y escribiendo, siempre la tengo presente. Y ella es, cada día, de nuevo, el centro de todos mis
pensamientos. Con ese propósito recordatorio le estoy escribiendo otro libro,
que es una novela, de cuyo Prólogo adelanto a continuación unos fragmentos).
PRÓLOGO
A MI NOVELA “A TRAVÉS DE LOS SUEÑOS”
“ Cuando perdí para siempre al ser más querido, a Carmen, mi esposa, que me
había acompañado en la vida durante más de cuarenta años, con la que fui tan
feliz, disfrutando plenamente de nuestros hijos y nietos maravillosos, sentí un
brutal desconsuelo, dolor anímico, soledad y gigantesca desesperación que, a pesar del paso de los años, todavía
perduran en mi vida.
Casi constantemente, recordando la muerte
de Carmen, me parece estar inmerso en una horrible pesadilla de la que quisiera despertar, pero no puedo. La
realidad, a veces, resulta una prisión cruel de la que no se puede escapar.
Nada pude hacer que remediase la
inesperada pérdida de mi mujer. Y la muerte, parece haberse llevado con ella la mitad de mi
propia persona, de mi ánimo, de mis proyectos, de mis ansias de crear y amar.
Mis sentimientos se quedaron en el pasado con Carmen, y ahora, en el presente, siento profundamente
un insondable vacío y desasosiego.
En un instante, ella, mi atractiva,
bondadosa y sonriente esposa, sin sospecharlo siquiera, pasó de estar viva a
estar muerta. El desconcierto reinante en la familia, el paso de la gente con
sus condolencias, la rapidez en el transcurso de los hechos de aquel día, la
inmediata llegada del siguiente para
darle sepultura, me envolvieron y
velaron la mente como si estuviera soñando una irreal pesadilla, haciendo que viviera esas tristes horas con
un cierto atolondramiento, sin ser totalmente consciente del verdadero significado
de la tragedia. Pero, con el posterior transcurso de los días, cada vez
siento más su falta, y me resulta mucho más desarraigada la vida.
Como ya no la puedo ver más, la sigo
imaginando y amando en los recuerdos. Por mi mente vuelven las escenas hermosas
en su compañía: de aquella excursión donde nos conocimos, de la incipiente
amistad y noviez inolvidable, de nuestra
boda, de los hijos cuando eran pequeños, adolescentes o adultos, de los
nietos, del sublime amor que vivimos en
nuestro matrimonio, de nuestros
sencillos y breves viajes, charlas y paseos… siempre los dos juntos y
enamorados.
Recuerdo las palabras que escribió en el
siglo XIX el poeta inglés William Wordsworth,
en “Oda a la inmortalidad”, y que había rememorado la guapa actriz
Natalie Wood en la película “Esplendor en la hierba”:
“Aunque ya nada pueda devolvernos la hora
del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no debemos afligirnos,
porque la belleza subsiste en los recuerdos.”
Y quiero asimilar su significado consolador
en nuestra bella historia, ahora llena de recuerdos. Pues,
he perdido a Carmen para siempre; pero
puedo seguir pensando en ella, en sus virtudes, su alegría y optimismo, los
días y años maravillosos que vivimos juntos, porque, casi todo aquel pasado
lleno de belleza, puede volver a emerger en los recuerdos.
Y además de todos esos recuerdos reales y
vividos, yo imagino nuevos capítulos con
mi esposa, nuevas vivencias emocionantes, espirituales, atrevidas y
consoladoras, escribiendo una novela, una novela especial en la que todo puede
suceder.
En esta novela, se mezclan los hechos irreales
con los reales, los deseos imaginativos de unos tiempos venideros con increíbles adelantos y descubrimientos
científicos, venciendo ya las terribles enfermedades que asolan y diezman al
ser humano. Y se entremezclan con recuerdos y hechos familiares, reales,
ciertos, del pasado y del presente.
En algunos capítulos no está Carmen, porque son
recuerdos autobiográficos, surgidos de sueños del subconsciente que pertenecen
a épocas anteriores a nuestro primer encuentro y enamoramiento, (ocurrido el
día 25 de abril del año 1976, cuando los dos
coincidimos en una excursión a las montañas nevadas de Segovia).
Escribiendo y releyendo la novela, disfruto muchísimo, y me ayuda a imaginar la dulce presencia espiritual de Carmen entre
nuestra familia; aunque también, varias veces,
la emoción y las lágrimas me han vuelto a sorprender en algunos
capítulos".
Adolfo Martínez García
viernes, 15 de octubre de 2021
miércoles, 28 de julio de 2021
UN PASEO SALUDABLE Y SORPRENDENTE:
¡LAS PISTAS DE ATLETISMO!
He estado caminando durante una hora ─como es recomendable hacerlo “los mayores”
diariamente ─ pero, en esta ocasión, por
diferente lugar a como lo había hecho otros días, (que era un
trayecto por calles cercanas a mi barrio: Charco, Echegaray, General Prim,
Peñicas… y otras muchas). Y esta vez estuve por el Parque de la Cañada,
desarrollando sobre la marcha un
improvisado recorrido.
Durante el paseo, recordé que había leído en
Facebook la existencia en La Roda de unas
básicas instalaciones para los entrenamientos de atletismo en el “Campo
Maracañí”, (creo que aprobadas en un pleno municipal del mes de julio de
2018) y, como todavía no conocía nada de
aquel lugar deportivo, decidí visitarlo, incluyéndolo dentro del improvisado trayecto
de esa tarde. Pero, antes de llegar “al
Maracañí”, observé a lo lejos una elevación artificial del terreno, como si
contuviera algún sendero nuevo. Sentí
curiosidad por ver de cerca aquella obra y abandoné el camino que llevaba,
cruzándome a campo a través hasta llegar a ese terreno.
¡Qué sorpresa tan magnífica y deseada! ¡Eran
unas pistas de atletismo hechas con
tierra apisonada y con anchura para cuatro calles!
Fue una alegría de las mejores de mi vida,
pues ¡por fin, La Roda tenía unas pistas de atletismo estables y, deseo
reglamentarias! Seguramente llevan ya algunos años hechas, pero desde hace
tiempo estoy desvinculado del deporte y siento
no haberme enterado antes, por lo que pido disculpas a quienes tuvieran esta magnífica
idea y proyecto, (y creo que fue el concejal de deportes de la anterior
legislatura, Eduardo Sánchez Martínez).
Decidí subir a ellas para pisarlas, salvando
la mediana altura en la que están construidas y, con ilusión, las recorrí varias veces andando ligero,
recordando con emoción los años jóvenes en los que competía en las pistas de Albacete, corriendo los duros
400 metros lisos.
(Éstas, están todavía sin terminar
completamente, enmarcadas solamente con su bordillo interior, hechas de tierra
apisonada, en la que se aprecian las múltiples pisadas de los atletas que entrenarán actualmente. Aunque es
una pena que solamente hayan previsto cuatro calles, pues hay terreno
suficiente para crear, al menos seis, si ocho creyeran que son demasiadas).
Y mientras marchaba sobre ellas, me iba
acordando de mis compañeros de atletismo, participantes en otras
especialidades: Antonio Cebrián Villodre en la carrera de 1.500 metros lisos, y
de Antonio Monsalve Marchante en los 100 y 200; pues ¡ojalá! hubiéramos tenido
nosotros, al menos, estas pistas para entrenarnos; (aunque los tres conseguimos
ser campeones provinciales en nuestra especialidad, así como en relevos 4x100,
complementados con un cuarto corredor: Paco Ferrero).
Por entonces, en los primeros años de la
década de los sesenta, como en La Roda no
teníamos pistas de atletismo, entrenábamos en el mismo terreno del campo de
fútbol, e incluso en las eras de “la laguna de los patos”. Allí nos entrenábamos
seriamente por pulir un estilo o rebajar una marca.
Creo que de eso hace ya…¡nada más y nada
menos que… unos sesenta años! Éramos jóvenes y nos “hervía la sangre”. Hacíamos
mucho deporte, especialmente atletismo, y competíamos contra otros, sana y
deportivamente, sobre todo en la “Semana
de la Juventud” en honor al patrón San Fernando ( 30 de mayo).
Para celebrar las competiciones provinciales
de atletismo, nos desplazábamos a Albacete en tren. Sólo allí existían unas
pistas de atletismo, que eran “de ceniza”, con cuatro calles, y nuestro
acuartelamiento o residencia oficial mientras duraban las competiciones, eran
unas tiendas de campaña montadas en el recinto del ferial de la capital
manchega.
Otros atletas que surgieron mucho tiempo después, cuando nosotros ya no
competíamos, (y alguno nos dedicábamos a entrenar y organizar campeonatos
locales dentro de la sección de atletismo que presidíamos en el Club
Polideportivo Doncel), sí que disfrutaron de unas escuetas y reducidas pistas
donde entrenar e incluso competir a escala local, aunque, por supuesto no eran
reglamentarias y se marcaban sobre el campo de fútbol. Era entonces ( por 1973)
concejal de deportes Eduardo Grande Villodre; pero algo servían para practicar y
fomentar el atletismo, ¡que era lo importante! (Las marcábamos Monsalve y yo
con tierra blanca, mediante un carricoche de bebé donde incrusté un bidón de la
horchatería de mi padre, con un agujero en su fondo para que cayera la tierra
blanca). A pesar de todo, de las reducidas dimensiones de las pistas, de la
incomodidad y pereza de tenerlas que marcar cada semana, etc., celebramos
varios campeonatos locales, infantiles y juveniles; (y menciono especialmente a
quien me ayudó en las tareas administrativas, con las puntuaciones y
clasificaciones de los equipos de aquella liguilla en el I campeonato local por
equipos: José Temprado López).
Después, el teniente alcalde y concejal de
deportes Antonio García Morales, secundó nuestra idea y proyecto de crear unas
pistas “ex profeso” para el atletismo, con cuatro calles alrededor del campo de
fútbol; aunque estorbaba la pared del fondo del campo en el trazado de la
segunda curva, que sería imperfecta. Sin embargo la primera curva estaría
trazada con tres radios distintos, (y se corría por ella velozmente sin salirse
el atleta), resultando unas pistas de
trazado parecido al de las cubiertas,
donde los jóvenes atletas rodenses podrían entrenar y competir a escala local.
(Y se desplazó el campo de fútbol hacia el marcador, dejando espacio a su
alrededor para cuatro calles enmarcadas
en dos bordillos con ladrillos blancos, por el interior y el exterior de las
mismas). ¡Se hicieron realidad gracias al apoyo del concejal mencionado,
Antonio García, muy amante de todos los deportes! Al menos era algo importante
para el atletismo local, aunque no fueran reglamentarias con 400 metros de
cuerda, porque no teníamos más terreno disponible.
De estas
dos últimas épocas mencionadas, recuerdo en las competiciones a atletas
como: Juan Carrilero Fernández, Emilio González
Chacón, Juan Ortiz, Modesto del Amo y su hermano Inocencio, Carmelo Canales, Antonio
Aranda, Antonio Grande Arco, Blas Fernández, Julio Salvador, Juan Gabriel
Martínez Puertas,...; Joaquina Berruga Charco, Monserrat Martínez Huerta,
Conchi Olivares, Encarnita Alarcón, Ángeles González… y muy especialmente
nuestro equipo cadete femenino, campeonas provinciales en Campo a Través, María
Victoria Atienza Blesa, Ventura González Melero, Juli Fernández Olivares y
Justi García Ortiz, con las que fui al Campeonato de España, en Tarragona
(1974). (Y recuerdo muchísimos nombres más, pero la lista se haría interminable
en ambas categorías).
Pasó el tiempo y al no poder celebrarse en ellas competiciones oficiales y federadas, sólo
entrenamientos, y, seguramente, por más motivos e intereses deportivos, dejaron
de existir. ¡Pero siempre fue el sueño de muchos el poder tener en La Roda,
algún día, unas básicas pistas de atletismo!
En mi vespertino paseo por las pistas actuales,
no había nadie entrenando y he disfrutado muchísimo en ellas, recordando
aquellos lejanos momentos de sufrimiento físico en los últimos metros de la
meta, cuando querías mantener la misma velocidad de los trescientos metros
anteriores y te pesaban las piernas como si fueran de plomo. Y he recordado
también en otros instantes, la satisfacción que te embargaba cuando conseguías aguantar el mismo ritmo desde un
principio y, medio exhausto, cruzabas la línea de llegada. Subir al pódium
después, si era tu día, también producía felicidad; tanta como verlas ¡por fin!
hoy día, aunque inacabadas, pero ya serviciales a los atletas y vecinos en
general.
Será un reto pendiente para nuestras
autoridades el poderlas terminar y complementar adecuadamente, y si es posible
con más calles ¡por favor! Lo más imprescindible y difícil era disponer del mucho terreno necesario, y esto ya se tiene,
(creo que gracias a la cesión de su dueño al municipio; por lo que todos
debemos estarle muy agradecidos). Pues, ánimo, adelante y enhorabuena.
ADOLFO MARTÍNEZ GARCÍA
domingo, 20 de junio de 2021
EMOTIVO
RECUERDO CON UN CENTRO DE FLORES
Ayer, sábado 19 de
junio, cuando llegaba a recordar tantas cosas con Carmen, una buena amiga suya
de La Gineta, Consuelo, salió a mi encuentro preguntándome si la conocía con la
mascarilla puesta. La había traído su hijo para ponerle a su amiga del alma un hermoso
centro de flores naturales.
La emoción se reflejaba en su rostro. Cuando se informó por José, el sepulturero, en qué lugar estaba Carmen para dejarle las flores, él la acompañó y le dijo que si yo no había llegado aún esa tarde, no tardaría mucho en llegar. Se habían pasado ya las seis y media cuando enseguida aparecí por la puerta. Esa misma fecha, 19 de mes, fue cuando Carmen murió, hacía ya un año y seis meses y, a Consuelo, una de sus grandes amigas de juventud, no se le había olvidado.
También mis ojos se llenaron de agua y mi
mente recorrió en un instante momentos pretéritos que pertenecían a una noviez
envidiable y lejana, aunque ahora la sentía muy cerca. Consuelo estuvo con
Carmen la víspera de nuestra boda, cuando por la noche, con varios amigos que
me acompañaron, cantamos a Carmen desde la calle, en la ventana de su
dormitorio. Allí, las dos amigas escucharon la ronda de una improvisada tuna
enamorada. Y más tarde todavía, volví yo solo con la guitarra a rondar a mi futura
esposa, tañendo viejos arpegios y melodías en solitario, como aquella…
Despierta, dulce amor
de mi vida,
despierta si es que te
hayas dormida,
escucha mi voz cantar
bajo tu ventana,
con esta canción te
vengo a entregar el alma,
perdona, si interrumpo
tu sueño,
pero no pude más y esta
noche te vengo a decir
¡Te
quiero!
Consuelo no lo había olvidado y fue testigo de
nuestra boda enamorada.
Nos despedimos con la mirada. Subió al coche de su hijo y los vi alejarse. Pasé a mi acostumbrada visita y admiré el centro de flores inmaculadas que su amiga dejó abajo, sin modificar la anterior composición en la lápida. ¡Cuántos pensamientos bonitos, recuerdos imborrables y penas infinitas envolvieron la tarde junto a Ella!
La vida sigue transcurriendo, como si nada hubiera pasado. Los hijos, los nietos, y tantas noticias del mundo siguen su trayectoria. Como debe ser y es natural. Nada se detuvo ni se detiene. Y allí, en un rincón escondido y solitario, yace Ella, recordada y amada, con su diáfana sonrisa cariñosa, como esperando que alguien vaya o vuelva a visitarla un momento. Sólo un momento, que será de vida y de recuerdo.¡Gracias Consuelo!
ADOLFO MARTÍNEZ GARCÍA
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