DEL PARENTESCO FAMILIAR LEJANO
La religión mormona (“La iglesia de Jesucristo de
los Santos de los Últimos Días”), con su compleja idea de que todos somos
hermanos, familia, realizó la gigantesca y paciente obra de recopilar y
digitalizar los libros de registros parroquiales de casi todo el mundo, con
partidas de bautismo, matrimonio, defunción, etc. ; al menos en España fue
realizada en aquellas localidades pertenecientes a las diócesis cuyos obispos
habían dado su consentimiento. (Personalmente, hace bastantes años, fui testigo
ocasional del proceso de digitalización en el archivo diocesano de Albacete ,
cuando alguien salió de la habitación contigua en donde yo estaba y pude ver
esa actividad durante unos segundos).
Recientemente, he publicado mi nuevo libro,
“El último nazareno”, que está a la
venta en todas las librerías de La Roda, y en el cual plasmo la gigantesca
familia de “El cojo de nazareno”, Antonio López Sotos, a través de ocho
generaciones de ancestros desde el siglo XVII, y con sus doce hijos, veintitantos
nietos y cientos de bisnietos hasta el año 1986; y seguiría creciendo casi ilimitadamente
si en cada rama de sus hijos quisiéramos continuar introduciendo las nuevas personas nacidas después de los
bisnietos que hay escritos en su árbol genealógico.
Su familia está impresa en el libro con cientos
de descendientes; pero también tuvo un hermano, Manuel, y siete hermanas:
Carmen, Cristina, Teresa, Rosario, Francisca, Josefa y Pascuala, que a su vez,
tienen su particular árbol genealógico y, aunque no los he investigado y tenidos en
cuenta, si lo hiciéramos formaríamos con todos ellos, más el nuestro, una extensísima red de primos interminables, aunque al final serían
lejanos o muy lejanos los grados de parentesco; pero todos ellos seguirían
perteneciendo a la misma familia original de los López. Y, en cierto modo,
tendríamos que dar la razón a los mormones al comprobar que todos somos
familia.
Por ejemplo, he llegado a conocer, por
conversaciones e informaciones casuales, algunos descendientes de Cristina, una
de las siete hermanas del mencionado “Cojo de Nazareno”; y también de su
hermano Manuel, y sabemos que los descendientes de cada uno de los hermanos son familia, por mucho que se vayan
distanciando los parentescos en el tiempo transcurrido. Pero lo que puede
ocurrir y ocurre actualmente es que , los descendientes últimos de los nueve
hermanos de entonces, apellidados López Sotos, hoy, después de tanto tiempo, no
sabemos que somos “parientes”, familia, pues después de los primos hermanos,
primos segundos, primos terceros, etc. se perdió el contacto y trato familiar.
Y aunque, tal vez, nos saludábamos en la
calle por cortesía o por conocernos “de
vista” al ser del mismo pueblo, lo
cierto es que ignorábamos que somos familia, aunque muy lejana ya.
Afortunadamente, hablando sobre el apellido
López, he podido conocer la genealogía de Cristina López Sotos (1ª generación),
una de las siete hermanas del “Cojo de Nazareno”. Y ella se casó con Manuel
Aguirre Ballesteros, de San Clemente, y fueron los padres de Elvira Aguirre López (2ªgeneración), que se
casó con Juan Ballesteros Gallar, padres de Ezequiel Ballesteros Aguirre (3ª
generación), casado con Vicenta Navarro Fernández, padres de Elvira Ballesteros Navarro (4ª generación), casada
con Jesús Escudero Ortiz, padres de Ezequiel Escudero Ballesteros (5ª generación),
casado con Mari Paz Sahuquillo Calero.Y, curiosamente, Ezequiel Escudero
Ballesteros, tataranieto de Cristina, la
hermana del Cojo de Nazareno, resulta ser primo cuarto de mi hija Fuensanta
Martínez Talavera, tataranieta de dicho “Cojo de Nazareno”, y además, por capricho
del destino y casualidades de la vida, ambos son actualmente entre sí, suegro y nuera. Sí, y en cierto modo, aquí
se podría comprender, la idea de los mencionados mormones, respecto a que todos
somos familia, aunque pueda ser lejana o muy lejana. ¡Qué curioso!
Escribiré en otro día de algunos últimos descendientes
actuales de Manuel. el hermano del “Cojo de Nazareno”, con los que, por las
mismas razones familiares, estamos emparentados; pero ¿con cuántos “parientes”,
primos cuartos o quintos, etc. nos
cruzamos cada día por la calle sin saber que somos familia, aunque sea lejana, pero
con un mismo origen ?
Adolfo Martínez García






