MIENTRAS VA PASANDO EL TIEMPO
Procuro no aburrirme y seguir activo: aunque dejé la caza menor y ya no he salido más desde que murió Carmen, me voy al campo a pasear un poco, hacer ciertas faenas como podar, tratar las orugas procesionarias, etc. y oxigenarme entre los pinos, almendros, olivos y cipreses de la parcela; o me quedo en casa escribiendo, o viendo alguna buena película de historias agradables que alimentan los buenos sentimientos y añoranzas.
Y es cotidiano disfrutar de los nietos que vienen y van libremente a
mi alrededor, jugando y alegrando los minutos de su estancia en casa; y, a
veces. me piden les dibuje un coche, caballo, el rostro de una muñeca…, según
sea Juan o Lucía quien lo solicita; o suelo pedalear supuestas distancias en la
bicicleta estática frente a la “tele”, haciendo un poco de ejercicio,
complementándolo también con algunos minutos de suave marcha en la cinta
mecánica del salón. No he dejado la investigación
o búsqueda en los archivos a través de Internet sobre La Roda y sus gentes, que
es una práctica muy entretenida en la que se pasan las horas sin darte cuenta,
y lo escribo y comparto. De vez en cuando procuro practicar mi afición a tocar
la guitarra, repasando acordes y arpegios
en melodías que me gusta recordar. Y, cuando venga mejor tiempo, me gustaría
retomar mi afición a la escultura. Pero sobre todo, cuando a mi mente acude el
recuerdo de Carmen (que es casi a todas horas), ¡mi inolvidable mujer y compañera del alma!,
tal y como me ha ocurrido hoy, tengo que
escribirle algo, imperativamente he de escribirle para sentirla mejor, no puedo
dejarlo, y con suma ilusión y tiempo le escribo un poema:
VOLVIENDO A VVIVIR
Lamento
amargo fue tu ingrata muerte,
y aún
le grito al Cielo: ¡ No te olvido!,
sabiendo
estás presente y yo perdido
por tantos años
yertos sin tenerte.
Quisiera
estar más cerca para verte,
unir
mi cuerpo y tu alma en donde has ido
y
junto a ti quedarme allí dormido,
y al rato ya despierto estremecerte:
gozando
en besos lentos y calmados
con
frases bellas llenas de añoranza,
allí y aquí, por
siempre enamorados,
volviendo
viva en sueños, sin tardanza,
a invadir
mi alma y cuerpo ilusionados,
viviendo en otra vida de esperanza.
Adolfo Martínez García






