DE LAS DIFERENTES HORAS ANTE EL SANTISIMO
En otro artículo anterior, recordaba que fue la
cofradía de “Cristo amarrado a la columna” con su fundador y hermano mayor
Inocencio Martínez Angulo, quien introdujo en la Semana Santa de La Rola la
bonita costumbre de que dos cofrades vestidos con sus túnicas y capuces
acompañaran y velaran de pie al Santísimo Sacramento en su excelso altar de
Jueves Santo, (así fue al principio y durante muchos años), al tiempo que el
resto de fieles estaban realizando sus devotas y acostumbradas visitas al
Santísimo.
En este acto, los cofrades se van turnando con otros cofrades cada hora, para que siempre
esté acompañado el Santísimo Sacramento. Tal acto entrañable de acompañamiento compartido,
recibió el nombre de “HORA SANTA ANTE EL SANTÍSIMO” y así viene especificada en
los programas de nuestra Semana Santa.
Es un acto
conmemorativo o recordatorio de las horas de angustia que Jesucristo pasó después de su última cena con sus discípulos,
orando y meditando solo, sabiendo los maltratos cruentos que iba a recibir, y
que conocía de antemano, pues era Dios, Hijo de Dios, mientras sus discípulos
dormían en el “Huerto de los Olivos”, en
“Getsemaní”, hasta que, una vez identificado y traicionado por Judas, fue
apresado.
Después de
varias modificaciones en su duración a través de los años, este simbólico acto de
nuestra Semana Santa quedó finalmente establecido en una duración de diez
horas: desde las 00´00 horas hasta las 10´00
horas del Viernes Santo, dando paso después a la “procesión del Calvario” o de “Los pasos de
las once horas”, donde Jesús es simbólicamente llevado camino de su
crucifixión.
Pero, en el
mundo católico, existe otro rezo colectivo y antiquísimo entre los fieles , similar al anterior en su
intención de acompañamiento y velatorio, pero también por ser compartido su tiempo
entre los fieles, que se van relevando
unos a otros cada hora, teniendo el mismo sentido fervoroso de rezos a
Jesucristo; pero diferente, pues tiene establecido un número exacto de horas de
duración, correspondientes a las mismas horas que, según la tradición y la
lectura de los evangelios, estuvo Jesús muerto durante tres días incompletos:
desde la “hora nona” (las tres de la tarde) de su muerte en el “Viernes Santo”,
hasta su Resurrección, al alba, sobre las siete de la mañana del “Domingo de
Resurrección”: cuarenta horas en total, calculadas ya desde tiempos muy
antiguos. Así las consideró San Agustín (siglos IV y V d. C.); y el papa Paulo
III, en el siglo XVI, ayudó a fomentar la práctica de estas cuarenta horas,
concediendo indulgencias plenarias especiales. Se denominó “EL REZO DE LAS CUARENTA HORAS”.
Tal vez, se
inspirara Inocencio en este histórico “rezo de las cuarenta horas” para
introducir en nuestra Semana Santa algo parecido, pero más llevadero y menos
exigente al no alcanzar tantas horas de velatorio durante los tres días que abarca
esta antiquísima modalidad; y quiso referirse mejor a las horas de sufrimiento que
Jesús experimentó en Getsemaní, antes de su crucifixión y muerte. Y de hecho,
la tradicional “Hora santa ante el Santísimo” es una adaptación que sintetiza las mencionadas “40 horas”, que ya se pusieron
en práctica en otras ciudades hace tiempo, porque eran más fáciles de cumplir.
Lo cierto es que, la idea de nuestro paisano Inocencio
(q. e. d.), triunfó plenamente y “La hora santa ante el Santísimo” solemniza muchísimo
más la Semana Santa rodense en intimidad, devoción y belleza.
Adolfo
Martínez García






