viernes, 13 de marzo de 2026

 

    DE LAS DIFERENTES HORAS ANTE EL SANTISIMO

En otro artículo anterior, recordaba que fue la cofradía de “Cristo amarrado a la columna” con su fundador y hermano mayor Inocencio Martínez Angulo, quien introdujo en la Semana Santa de La Rola la bonita costumbre de que dos cofrades vestidos con sus túnicas y capuces acompañaran y velaran de pie al Santísimo Sacramento en su excelso altar de Jueves Santo, (así fue al principio y durante muchos años), al tiempo que el resto de fieles estaban realizando sus devotas y acostumbradas visitas al Santísimo.


    En este acto, los cofrades se van turnando  con otros cofrades cada hora, para que siempre esté acompañado el Santísimo Sacramento. Tal acto entrañable de acompañamiento compartido, recibió el nombre de “HORA SANTA ANTE EL SANTÍSIMO” y así viene especificada en los programas de nuestra Semana Santa.

   Es un acto conmemorativo o recordatorio de las horas de angustia que Jesucristo pasó  después de su última cena con sus discípulos, orando y meditando solo, sabiendo los maltratos cruentos que iba a recibir, y que conocía de antemano, pues era Dios, Hijo de Dios, mientras sus discípulos dormían en el “Huerto de los Olivos”,  en “Getsemaní”, hasta que, una vez identificado y traicionado por Judas, fue apresado.

   Después de varias modificaciones en su duración a través de los años, este simbólico acto de nuestra Semana Santa quedó finalmente establecido en una duración de diez horas:  desde las 00´00 horas hasta las 10´00 horas del Viernes Santo,  dando  paso después a  la “procesión del Calvario” o de “Los pasos de las once horas”, donde Jesús es simbólicamente llevado camino de su crucifixión.

   Pero, en el mundo católico, existe otro rezo colectivo y antiquísimo  entre los fieles , similar al anterior en su intención de acompañamiento y velatorio, pero también  por ser  compartido su   tiempo entre los  fieles, que se van relevando unos a otros cada hora, teniendo el mismo sentido fervoroso de rezos a Jesucristo;  pero diferente, pues tiene  establecido un número exacto de horas de duración, correspondientes a las mismas horas que, según la tradición y la lectura de los evangelios, estuvo Jesús muerto durante tres días incompletos: desde la “hora nona” (las tres de la tarde) de su muerte en el “Viernes Santo”, hasta su Resurrección, al alba, sobre las siete de la mañana del “Domingo de Resurrección”: cuarenta horas en total, calculadas ya desde tiempos muy antiguos. Así las consideró San Agustín (siglos IV y V d. C.); y el papa Paulo III, en el siglo XVI, ayudó a fomentar la práctica de estas cuarenta horas, concediendo indulgencias plenarias especiales. Se denominó “EL REZO  DE LAS CUARENTA HORAS”.

   Tal vez, se inspirara Inocencio en este histórico “rezo de las cuarenta horas” para introducir en nuestra Semana Santa algo parecido, pero más llevadero y menos exigente al no alcanzar tantas horas de velatorio durante los tres días que abarca esta antiquísima modalidad; y quiso referirse mejor a las horas de sufrimiento que Jesús experimentó en Getsemaní, antes de su crucifixión y muerte. Y de hecho, la tradicional “Hora santa ante el Santísimo” es una adaptación que sintetiza  las mencionadas “40 horas”, que ya se pusieron en práctica en otras ciudades hace tiempo, porque eran más fáciles de cumplir.

    Lo cierto es que, la idea de nuestro paisano Inocencio (q. e. d.), triunfó plenamente y “La hora santa ante el Santísimo” solemniza muchísimo más la Semana Santa rodense en intimidad, devoción  y belleza.

    Adolfo Martínez García

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