miércoles, 7 de enero de 2026

 

            DE AQUELLA MÁGICA NOCHEVIEJA

Ha pasado mucho tiempo, y cuando vuelven otra vez las importantes fechas navideñas, vuelvo también a recordar aquellas imágenes pasadas de escenas entrañables e inolvidables de mi juventud.


  Entonces, y me voy a referir a la “Nochevieja” del año de 1976, tuve la gran suerte de poder asistir a la magnífica  sala de fiestas creada por nuestro amigo Roque Navarro Moraté: “El Castilla Park”, con orquestas en directo para bailar entre la alegría del confeti multicolor y las oportunas bebidas, gorros, antifaces y gafas jocosas de aquella inolvidable noche.

   Por entonces, Carmen y yo éramos buenos  amigos, pues nos habíamos conocido ─ocho meses atrás, el domingo 26 de abril de ese año─ en una excursión a la nieve de las montañas de Segovia, y  desde aquel bonito día en el que sentimos una fuerte y mutua atracción, solíamos llamarnos por teléfono para vernos, salir  juntos, o divertirnos en los bailes domingueros del Castilla Park. 

   Para aquella “Nochevieja” de 1976, habíamos  acordado vernos  en el baile del “Castilla Park”, al que iría ella con su hermana Conchi y su cuñado Bernardo.

    Fuimos pareja toda la noche, bailando y bailando incansables. Aunque seguíamos siendo sólo amigos y no nos habíamos comprometido oficialmente aún; pero nos queríamos ya muchísimo. Recuerdo mi embobamiento en Carmen, mirándola ensimismado mientras bailábamos o conversábamos. Por fin me había enamorado de verdad de una atractiva chica, y “Ella”, esa mujer ideal y adorable que siempre busqué y soñé tantas veces dónde estaría y dónde la encontraría, para ser mi pareja, mi novia y mi musa, mi compañera, mi confidente, mi gran amor… la tenía allí delante, junto a mí, bailando y sonriendo, estrechándonos con ternura, con pasión y cariño.

   Llevaba Carmen un vestido blanco marfil con vuelo, que contrastaba bellamente con mi chaqueta azul marino con botones plateados y pantalón gris marengo. Su pelo largo de color oro viejo y cobrizo, caía ondulado  sobre sus hombros,  embelleciendo su cuerpo delgado, esbelto y vigoroso. Pensé que yo no debía esperar mucho más para declararle mi amor firme y verdadero, y pedirle que, si ella quería, fuéramos ya novios oficialmente; pues también me amaba y  a los dos nos gustaba vernos todos los días para estar juntos.

   La magia de la noche y su música fueron transcurriendo lentamente, envolviendo nuestro encuentro en un etéreo ambiente de ensueños,  disfrutando muchísimo de nuestros bailes, confidencias, abrazos, miradas enamoradas y algunos besos furtivos. ¡Jamás podré olvidar aquella hermosa y esperanzadora noche de platónica felicidad!

   Días después, empezamos a  disfrutar de una preciosa noviez, como si viviéramos en una burbuja de  sueños; y  decidimos casarnos un 12 de agosto de 1978. Tuvimos tres hijos, dos chicas y un chico; y cuatro nietos, tres niñas y un niño que, por estas fechas de La Navidad, disfrutan más de nuestra casa y  familia.

   Desde hace seis años, Carmen nos falta físicamente; saben de su ausencia el aire y la luz de nuestra morada; los recuerdos imperecederos de nuestra Carmen preciosa, llena de alegría y amor ─con la que estuve casado cuarenta y un años─ ; y la echamos de menos muchísimo. Nos resignamos a verla diariamente en las grandes fotografías que están colgadas por todas las habitaciones de la casa; además de estar siempre presente en nuestra alma y en nuestro corazón. Y hasta queriendo imaginar lo imposible,  podría estar entre nosotros su espíritu invisible e intangible, disfrutando de su familia desde cualquier rincón de donde estemos recordándola, como hoy y ahora.

Adolfo Martínez García

No hay comentarios:

Publicar un comentario

               DE AQUELLA MÁGICA NOCHEVIEJA Ha pasado mucho tiempo, y cuando vuelven otra vez las importantes fechas navideñas, vuelvo tam...