LOS JUEGOS CON LOS NIETOS
Van pasando los años, y nuestros nietos continúan su
normal evolución, su hermoso
crecimiento, su desarrollo físico e intelectual, con sus estudios, deberes, entretenimientos y juegos.
Los vemos correr, saltar, caerse de vez en
cuando y, como si fuesen de goma,
levantarse “tan panchos” y seguir corriendo como si nada hubiese ocurrido.
─ Abuelo, si es que me tiro aposta─ me dice Juan
cuando, de vez en cuando, parece caerse
en el patio mientras juega al fútbol con su tío Adol, y a veces
─poquitas─ conmigo.
Los chicos ven a los futbolistas en la televisión
arrastrarse de rodillas o saltar orgullosos cuando marcan un gol, y los quieren imitar en sus juegos.
A mí me da mucha envidia ver a mi hijo Adolfo
jugando al fútbol en el patio de casa con su sobrino Juan, mi nieto, pues me
recuerda lo mismo que yo hacía con él cuando nuestras edades de entonces eran similares a las de
ellos ahora. Yo era un padre ya maduro, con
cuarenta y tantos años, pero joven aún para jugar con mi hijo al fútbol,
haciéndole quiebros y regates, saltos y
movimientos con cierta agilidad, sin perder el equilibrio.
Pero, hora es muy distinto, tengo casi el doble de
años, 83, y, varias veces, cuando he
visto a mi nieto Juan solo en el patio, sin su tío, que no podía jugar con él
en esos momentos, me he atrevido a salir yo al patio para jugar al fútbol un
rato con el nieto; y a pesar de mi mucha precaución ante las posibles torceduras y caídas, debo
reconocer que los años no pasan en balde, y con poco que te muevas en el juego, te notas
torpe y pesado, e incluso estás a punto de caerte más de una vez. Entonces compruebas que aquel que fuiste en
la juventud, un buen deportista
practicante de fútbol y atletismo, ya no existe como tal. “No está disponible”.
“Desapareció hace muchas décadas”. Y eso
es así; aunque mentalmente, sigamos
empeñados en nuestros recuerdos deportivos y éxitos.
En general, los nietos son incansables, muy ágiles,
veloces, llenos de dinamismo y nunca quieren acabar el juego. Y suerte
tendremos si, después de haber jugado con ellos y haberle dado varios
“toques” al balón, acabamos pronto nuestra participación sin
habernos caído al suelo al perder el equilibrio en un momento determinado.
Por muchas ganas que tenga un abuelo de participar
con los nietos en sus juegos dinámicos y físicos, mejor será “pasar de ellos”.
Y dedicarnos a divertirlos con otros juegos nada peligrosos para nosotros, como
puede ser uno que tanto les gusta: “al escondite” dentro de la casa; o los
llamados “juegos de mesa”, divertidos, bellos e intelectuales, como es, por
antonomasia, el ajedrez, ( que hace
tiempo les enseñé a mis nietos Carmen y a Juan, y seguimos practicando de vez en cuando) ; también al dominó; al parchís,
a la “brisca; “solitarios” etc. (Mis
otras dos nietas, Lucía y Alicia, hijas
de Fuen y Jesús, son aún muy pequeñas y solo jugamos “al escondite” cuando
ellas lo solicitan).
Así, con estos últimos juegos, seguiremos estando activos junto a los nietos,
jugando con ellos sin los peligros de una lesión física o una inoportuna caída
futbolística. ¡Deberíamos hacer caso de esta recomendación, antes que alguno
nos caigamos jugando al fútbol con los nietos y, después, suframos sus consecuencias!
Adolfo Martínez García

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