jueves, 20 de septiembre de 2018



LA BOLA Y LA CRUZ ESTUVIERON DORADAS 
  
   
   Imaginándome cómo podría ser, aproximadamente, la original y antigua visión de la bola y la cruz, totalmente relucientes, he intentado representarlas doradas  para hacerme una pequeña idea de aquella contemplación, aunque este intento esté muy distante de aquella visión que fuera la real, pues sería deslumbrante y maravillosa.


 Repasando los contenidos del último libro que recientemente he terminado de escribir: “Los artífices de la torre”,  el cual me gustaría publicar en cuanto sea posible, adelanto este curioso hecho que nos revela el dorado de la bola y la cruz desde el principio de su colocación, hace trescientos noventa y cuatro años.

    Colocación que realmente ocurrió en  1624. Ni en 1604, ni en 1634, según la última documentación que afortunadamente he podido encontrar.


    Resulta que en dicho año de 1624, el mayordomo del templo rodense presentó  al Visitador General del obispado de Cuenca, como era obligada costumbre,  las cuentas y recibos correspondientes a los años en los que estuvo de administrador de la iglesia y desde la anterior visita. Y así constaban los pagos con sus correspondientes justificantes del maestro cantero responsable de las obras de la torre durante aquellos años; los pagos a los canteros que cubrieron la iglesia ( la torre con su chapitel piramidal con bola y cruz); los pagos al calderero y herrero que había hecho la bola y la cruz; etc. 
   (Ya la torre estaba totalmente construida y terminada; se había tardado en hacerla cincuenta y cinco años. Mientras al templo todavía le quedarían ochenta y ocho años para darlo por terminado con la creación de sus dos portadas labradas en piedra durante los años 1705 y 1706 por el maestro de cantería local Juan Zebrián Carrión. Y en total desde su inicio por el arquitecto Pedro de Alviz en el siglo XVI, hasta la talla de las portadas a principios del siglo XVIII, se pasarían ciento ochenta y seis años en su construcción, incluyendo varios periodos de tiempo de demoras y paros).

   Pero, volviendo al año 1624 con el Visitador General del obispado, señalo que, por diversos motivos, no estuvieron entonces dispuestos los justificantes de pagos de algunos otros trabajos y servicios realizados aquel año, tal vez por no tener preparadas las cartas de pago ante la inesperada visita de control por parte del obispado, o por tener aún a medias de terminar algunos trabajos, etc. Y por lo tanto se quedaron pendientes de presentar y justificar para la próxima visita del Visitador General del obispado conquense al templo parroquial de La Roda, como así  dejaron constancia. 

   Dichas visitas solían demorarse dos o tres años, pues la siguiente ocurrió en el mes de mayo del año 1627, viniendo el licenciado don Pedro Ciller Parrilla ante el mayordomo del templo rodense don Antonio Monteagudo, como anotó debidamente el notario apostólico local que, durante los tres días de estancia del Visitador General en La Roda, fue testigo de todo lo acaecido, levantando acta de todos los dichos y hechos.

  Y se especificaron las presentaciones de cuentas que habían quedado pendientes en la anterior visita del año 1624 y por eso se presentaban en aquella del año 1627, como fue la del dorado de la bola de la torre y de la cruz.

   Escaneo parte del texto  en el que aparecen los pagos hechos al dorador de la bola y la cruz y que ascendieron a veintiséis mil doscientos catorce maravedíes (26.214 mr.); así como el pago de mil veinte maravedíes (1.020 mr.) al veedor que vino a comprobar que estaban bien doradas la bola y la cruz. De ambos artistas presentó el mayordomo  las correspondientes  cartas de pago al señor visitador.
   
Año 1627. Anotaciones donde se especificaban los pagos del mayordomo del templo rodense al dorador de la bola y la cruz de la torre, así como al veedor que supervisó dicho trabajo.
 
   Su transcripción, corrigiendo las posibles faltas de ortografía para que se pueda leer mejor, sería: 
   “Dorar la cruz. Más dio por descargo veinte y seis mil y doscientos  y catorce maravedís que gastó en dorar la bola y Cruz de la torre y dos candeleros; mostró carta de pago del dorador”.
   “Veedor. Item dio por descargo mil y veinte maravedís que dio a un veedor que vino a (tachado) ver si estaba bien dorada la dicha bola y cruz”.

   (En el margen derecho del texto escaneado están las anotaciones numéricas de dichas cantidades, pero con letras).

  Simple y llanamente, esta breve  aportación documental que he escaneado del año ya mencionado (1627) y que corresponde a los trabajos realizados en el año de la anterior visita del obispado (1624), clarifica la fecha real de la colocación de la bola y la cruz, desechando definitivamente  las hipótesis anteriores de los años 1604 y 1634.

   Hipótesis e incertidumbres existentes y que bien conocen quienes siguen o estudian nuestra historia local, con varias fechas y hechos  transmitidos  como correctos por nuestros mayores, pero llenos de errores que  poco a poco vamos investigando y corrigiendo lo mejor que podemos.

   Por ello, es sabido que, dando por bueno el dígito de las unidades, el cuatro, y estando equivocado el dígito de las decenas: el cero, en el primer año señalado y transmitido (1604) a través de un traslado mal copiado; y en el segundo año posible (1634)  sugerido por el recordado Inocencio Martínez y que todos aceptamos en su día como bueno y posible, está ahora también descartado por los textos recientemente encontrados de los años  1624 y 1627, que mencionan a la bola y cruz ya puestas y doradas.

   Aunque en dicha fecha sugerida por Inocencio de 1634, y en la nueva de 1624 que aclaramos y afirmamos hoy,  coincidieron los mismos personajes contemporáneos en los cargos que mencionaba el documento mal copiado (de 1604) que existe en el interior de la bola de la torre , y por lo tanto, teniendo en cuenta a los personajes mencionados de la época, podía haber ocurrido en cualquiera de los dos años: en el 1624  que fue el real, y en el 1634 que nos sugirió Inocencio. 

   El paso inexorable de los siglos se encargó de despojar a nuestras protagonistas de su vestido dorado para verlas en su propia y desnuda naturaleza metálica. Y he querido adelantar y compartir con todos los lectores  del blog esta curiosa investigación, pues no siempre se vieron la bola y la cruz tan humildes y sencillas como  las vemos hoy.

                                                       ADOLFO MARTÍNEZ GARCÍA   

viernes, 31 de agosto de 2018


RECUERDOS DE ROMA Y DE FLORENCIA

   Bastantes meses han sido los que he estado ausente en este blog y sin publicar en él nada de lo mucho que he investigado y escrito, porque  necesitaba plena dedicación para terminar unos viejos proyectos que tenía demasiado ralentizados: dos nuevos libros; uno lleno de inéditas referencias a materiales, maestros de cantería o arquitectos en sus años de construcción del mejor monumento pétreo de nuestra villa,  especialmente de su soberbia torre; y otro de una novela  que nos traslada a hechos poco conocidos de nuestros ancestros. También dediqué mi tiempo para  avanzar un poco más en una obra veraniega que tengo empeño en seguir realizando, personal y paulatinamente, desde el principio hasta su fin.

   Y  hoy vuelvo a escribir en este espacio que he tenido aletargado, pero anhelante, después de incidir en los proyectos ya expuestos y  tras el viaje maravilloso  a Roma y Florencia que mis  hijos, Toñi, Adolfo y Fuen, quisieron regalarme  en mi cumpleaños y pudimos realizar el pasado mes de agosto.

Fuen, Jesús y yo en el aeropuerto.

  Tal salida de España había sido una ilusión de juventud que no pude realizar en su momento y, cuarenta años después, mis hijos  y yernos han querido que se cumpla.

  Buscando las esculturas de Miguel Ángel, de Donatello, de Cellini …  y en general el arte romano y el renacentista, he gozado de siete días maravillosos ( del 17 al 23), acompañado de mi hija Fuensanta  y su esposo Jesús Escudero Sahuquillo, ¡Inmejorables guías y compañeros!

  Mi afición a la escultura quedó totalmente colmada de satisfacción y asombro al ver tantas gigantescas maravillas realizadas en mármol o bronce. Y nuestro primer paseo nocturno  en Roma nos llevó hasta el grandioso Coliseo con sus innumerables arcadas de medio punto acompañadas de columnas con capiteles esculpidos en tres estilos diferentes: el dórico en su primera planta, el jónico en su segunda planta; y el corintio en la tercera. Un cuarto piso lleva ventanas entre pilastras de orden compuesto, una ventana por cada dos vanos.

   Nos llamaron la atención los muchísimos agujeros que por doquier presentaban sus piedras, producto de la expoliación de los bárbaros robándole los soportes metálicos que unían los mármoles travertinos del revestimiento de la fachada. También admiramos esa noche el cercano “Arco de Constantino”, monumento militar y triunfal en honor de aquel emperador, y escuchamos muy atentos la lectura informativa de Internet que Fuen nos hacía desde su móvil.


   El segundo día lo empezamos visitando con una guía los Museos Vaticanos, llenos de obras romanas rescatadas.  Estuvimos dentro de La Capilla Sixtina con las pinturas al fresco de Miguel Ángel que, durante un lustro,  creó en las bóvedas desde sus 33 años de edad;  así como los frescos de la pared de enfrente, “ El Juicio Final”, con 61  años.

    A mi memoria vinieron todas las circunstancias que había leído y rodearon aquellas pinturas, porque Miguel Ángel se sentía escultor y no pintor e hizo tales maravillosos cuerpos llenos de volúmenes enérgicos a regañadientes y por imperativos de los Papas Julio II y Paulo III, respectivamente.
En la Basílica de San Pedro, "La Piedad" de Miguel Ángel al fondo.
   Entramos en la Basílica de San Pedro y nos entusiasmamos con la contemplación de la Piedad de Miguel Ángel, obra cumbre en perfección y dulzura que esculpió en mármol blanco de Carrara con tan sólo 24 años de edad. 

 Después de admirar el baldaquino en bronce de Bernini,  nos sentimos empequeñecidos bajo la grandiosa cúpula  de 41´47 metros de diámetro, diseñada por Miguel Ángel cuando ya tenía 72 años de edad y cuyas obras dirigió hasta el final de su vida, a los 89 años; siendo terminada veinticuatro años después de su muerte por otro arquitecto (Giacomo della Porta), respetando las trazas del gran escultor.

 
Bajo la cúpula y baldaquino de la Basílica de San Pedro. 
 Por la noche participamos con un grupo de españoles en un interesante paseo guiado y comentado por varias calles y plazas “con leyendas, misterios, enigmas y fantasmas errantes”, algunos relacionados con Caravaggio; pero que realmente dicho paseo nos sirvió para conocer más lugares famosos, como la “Plaza del Pópolo”, ( o del Pueblo), en cuyo centro había un gran obelisco egipcio y diversidad de gentes paseando y observando a un señor semidesnudo que bailaba con antorchas de fuego y esperaba después  alguna generosa propina por sus exhibiciones. 


   En aquella plaza estuvimos también otra noche para subir a lo más alto en uno de sus lados, a un altísimo mirador, a través de incesantes cuestas e interminables escalones, buscando unas vistas geniales de la Roma iluminada.

Paseo nocturno por la Plaza del Popolo. A  nuestra espalda, el pedestal del obelisco egipcio que la preside.

    Para admirar “El Moisés” de Miguel Ángel, esculpido desde los 38 a los 41 años de edad,  visitamos el domingo la iglesia de ”San Pietro in Vincoli”, (San Pedro Encadenado),  a la que accedimos tras subir la interminable escalera de un pasadizo o túnel muy escarpado. Allí estaba el sepulcro cenotafio del Papa Julio II con sólo siete esculturas de las cuarenta que Miguel Ángel había proyectado para dicha tumba bajo la cúpula de San Pedro del Vaticano; pero  por varias vicisitudes ajenas a su voluntad, que ahora no vamos a comentar, quedó reducido al precioso mausoleo que contemplábamos presidido por un enérgico “Moisés”.
"El Moisés" en el sepulcro cenotafio del Papa Julio II.

   Después, nos reunimos en la Plaza de España con el simpático guía que nos llevaría por importantes lugares y monumentos de la ciudad  como el Panteón de Agripa con su gigantesca cúpula de 43´44 m. de diámetro, alarde de ingeniería y arquitectura romanas del siglo II. 

  Y nos unimos a los innumerables turistas que rodeaban la “Fontana de Trevi”, obra diseñada por el arquitecto Nicola Salvi en 1732 y que tras diecinueve años de trabajo murió arruinado y sin haberla terminado, hecho que ocurrió en 1762. Por supuesto cumplimos con la tradición de arrojar de espaldas una moneda.

 Durante nuestra estancia en Roma no perdimos el tiempo para nada y en las mañanas y tardes recorrimos todos los lugares emblemáticos que fuimos capaces:  

Ante la "Fontana de Trevi"
   Estuvimos en la Plaza del Campidoglio con una original escalera  y diseño general del gran Miguel Ángel; en la Plaza de la República; de la Inmaculada; contemplamos la Columna de Marco Aurelio, así como la de Trajano, ambas con sus narrativos bajorelieves en espiral del siglo segundo, huecas y con sendas escaleras interiores de caracol que terminaban en una plataforma con las esculturas de San Pablo y San Pedro, respectivamente, que sustituyeron a las originales romanas por orden del Papa Sixto V en el siglo XVI. 

    Paseamos entre las ruinas de los diversos  Foros Romanos y construcciones antiguas; y la contemplación de tantos destrozos artísticos e históricos de aquella sublime civilización, me hicieron reflexionar sobre los odios y revanchas  que otras civilizaciones posteriores o generaciónes diferentes de gentes pueden llegar a aplicar contra la anterior, como hiciereon los bárbaros con la romana y griega: arrasando todo;  creyendo así borrarlas de la memoria y de la historia.


En la Plaza de Venecia el monumento al rey italiano Victorio Emanuele II.
   Y nos deleitamos en la contemplación de la Plaza de Venecia y el gigantesco monumento neoclasicista  levantado al rey de Italia Victorio Emanuele II.


Obelisco egipcio sobre un elefante de mármol

     También nos ocurrió que,  inesperadamente, caminando por aquellas  calles nos encontramos con un obelisco egipcio montado sobre un pequeño elefante de mármol por diseño del gran Bernini, y enfrente se ubicaba una iglesia llamada Basílica de Santa María sobre Minerva, llamada así por estar construida sobre un ancestral templo pagano dedicado a la diosa romana de la sabiduría, las artes, protectora de Roma y patrona de los artesanos: Minerva, hija de Júpiter.

   Y pasamos a su interior, descubriendo a un Cristo Resucitado esculpido por Miguel Ángel en su juventud, con hermoso y pulido acabado, con una gran cruz entre sus brazos y totalmente desnudo, aunque en el siglo XVIII se le había puesto un pudoroso paño que cubrió sus partes íntimas.



Cristo Resucitado de Miguel Ángel.
   A Florencia fuimos en un tren de alta velocidad que alcanzaba de vez en cuando 270 km. por hora, y  hasta 300, según reflejaban los monitores de televisión incorporados para los pasajeros. Nuestro primer paseo nocturno nos llevó ante la bonita catedral florentina del “Duomo” o  “Santa María del Fiore” donde quedamos embelesados en sus mármoles blancos, verdes y rosados, mezclados con exquisito gusto. Le dimos completamente la vuelta, y me acordé de nuestro templo parroquial rodense, exento también de edificios adosados. Nos deleitamos en el ambiente festivo y probamos los famosos helados del lugar.

   Al día siguiente, martes 21, comenzamos en la Plaza de la Signoría en donde nos esperaba nuestra encantadora guía, Sonia. Fue impresionante pisar aquella majestuosa plaza por primera vez, con sus gigantescas esculturas en plena calle: una réplica del David de Miguel Ángel  y enfrente “Hércules y Caco”, realizadas por Baccio Bandinelli en el siglo XVI.
Vista parcial de "La Plaza de la Signoria".
      Y allí también había otras magníficas obras en mármol  bajo un pórtico abovedado, y especialmente me fijé en la escultura original del “Perseo con la cabeza cortada a la Medusa”, realizada en bronce por Benvenutto Cellini, contemporáneo y discípulo del gran Miguel Ángel, modelada a mediados del siglo XVI y cuyas circunstancias en la fundición había leído yo, hacía tiempo, en la autobiografía del propio escultor, (libro titulado “La vida”), que dictó a un discípulo suyo. También había una fuente escultórica de Neptuno, de Bartolomeo Ammanatti,  que estaba tapada  por  restauración y no pudimos admirarla. Había más esculturas: “El rapto de las Sabinas” de Giambologna, y también era suya la estatua ecuestre en bronce de Cosme I Médici. 

   Aquella mañana visitamos con Sonia la “Galería de los Uffizi” con numerosísimas obras de arte en escultura y pintura. Especialmente contemplamos el único cuadro pintado por Miguel Ángel al temple y óleo, “El Tondo Doni” o Sagrada Familia, de composición circular con un marco precioso diseñado por el propio autor. Una  copia de la escultura  original griega del Museo Vaticano Pío Clementino, “El Lacoonte y sus hijos”, (importantísima obra que cuando apareció enterrada en una viña despertó la admiración de los artistas e influyó notablemente en el pensamiento renacentista), estaba en aquella Galería de los Uffizi y había sido esculpida en 1525 por Baccio Bandinelli y por orden del Papa León X.

Galería de los Uffici. Réplica de "El Lacoonte" en 1525.
como   Después pasamos a la “Galería de la Academia” donde estaba la escultura original del David. Un mármol blanco de más de cinco metros de altura que nos transmitió toda la fuerza y belleza que contenía. Fue esculpida por Miguel Ángel en su juventud durante tres años, desde la edad de 26. También estaban allí varios de sus “prisioneros” o “esclavos” a medias de esculpir, como luchando por salir de la piedra,   proyectados para la tumba de Julio II; e igualmente admiramos su Piedad Palestrina.

"El David" de Miguel Ángel en la Galería de la Academia.
   Por la tarde visitamos el Museo del palacio Vecchio, acompañados también de Sonia, donde se encontraban muchísimas obras más de arte, especialmente admiré la escultura de Donatello “Judith y Holofernes”, así como “El Genio de la Victoria”, otra escultura de Miguel Ángel en su juventud. Por la noche paseamos libremente por Florencia.

   A primera hora del día siguiente, miércoles 22, estuvimos en el Museo Nacional del Bargello ante más obras de Miguel Ángel, como “El Baco”, hecha en mármol a sus 23 años, “El Tondo Pitti” o relieve de la Virgen con el Niño,… así como los míticos David de Donatello y de Verruchio. Mi hija Fuen me fotografió bajo el busto y retrato en bronce de Miguel Ángel que modeló  su amigo Daniele da Volterra con el vaciado de la mascarilla mortuoria que le hizo  al gran escultor florentino el día de su muerte (año 1564).
Ante el retrato en bronce de Miguel Ángel modelado por Daniele da Volterra.

  Después nos dirigimos hacia la
“Basílica de la Santa Cruz” en donde sabíamos que estaba enterrado el gran escultor florentino, Miguel Ángel, así como  yacían otros grandes personajes: Galileo, Maquiavelo… Y fue una gratísima sorpresa volver a encontrar en su fachada las combinaciones marmóreas del blanco, verde y rosado, como las del Duomo. Nos hicimos fotos y la recorrimos despacio.  Aquella basílica franciscana estaba llena de tesoros escultóricos, vidrieras y pinturas. Vimos frescos de Giotto. Relieves de Donatello, de Brunelleschi en arquitectura y escultura, los mausoleos de Galileo, Maquiavelo,…  y el que contenía el cuerpo de Miguel Ángel lo había hecho Vasari, otro escultor, arquitecto, pintor y  biógrafo contemporáneo de aquellos grandes artistas del Renacimiento.
Mausoleo de Muiguel Ángel creado por Vasari en la Basílica de la Santa Cruz.
   Y por la tarde realizamos una visita guiada al interior del “Duomo” o catedral, bajo la cúpula de más de 45 metros de diámetro, la mayor de todas, creada por Brunelleschi; nos adentramos en el “Baptisterio” y después en el “Museo de la Opera del Duomo” para admirar la “Piedad Bandini”, otra escultura inacabada de Miguel Ángel en la que se autorretrató en el personaje de Nicodemo sosteniendo a Cristo desclavado de la Cruz.
 Había muchísimas  obras de arte, variadas e inolvidables, como las gigantescas puertas originales  en bronce dorado del Baptisterio, llamadas "Las Puertas del Paraíso", que creó en geniales bajorelieves Lorenzo Ghiberti . 

   Y pasamos después a la Basílica de San Lorenzo, de rústica fachada  en espera de otro revestimiento, pero con preciosos contenidos artísticos en su interior. Especialmente nos llamó la atención los exquisitos relieves en bronce de dos púlpitos modelados por Donatello.

  Muy cerca de la basílica estaba la Capilla de los Médici, que visitamos en la mañana del último día y  en donde admiramos otra impresionante obra de Miguel Ángel en la Sacristía Nueva,  consistente en dos paredes artísticas para las sepulturas de dos Médici, Giuliano y Lorenzo, tío y sobrino, duques de Nemours y de Urbino, representados en sendas estatuas con otras dos más a los lados de cada uno y alegóricas al paso del tiempo: El día y La Noche; El Crepúsculo y La Aurora; así como La  Madonna o Virgen con el Niño en una posición retorcida y forzada de éste, totalmente manierista.  

  Dimos una última vuelta por la “Plaza de la Signoría”, volviendo a admirar las esculturas ubicadas al aire libre y las múltiples pinturas y dibujos de los artistas que exponían sus obras en el suelo de dicha plaza y calles cercanas. Y volvimos a Roma en un tren rapidísimo, similar al de la llegada. Parecía mentira que en una mañana hubiéramos hecho tantas cosas hermosas y dilatadas, hasta relajarnos tomando unas cañas de cerveza. 
Jesús, Fuen y yo, felices y contentos por un viaje tan maravilloso.
   Tras el vuelo de retorno a Madrid,  volvió Jesús a tomar el volante de su coche aparcado en el aeropuerto y llegamos felizmente a La Roda.
   Gracias a mi familia, a mis hijos y yernos, he podido hacer  realidad este viejo sueño de juventud .
                                                        ADOLFO MARTÍNEZ GARCÍA

viernes, 9 de diciembre de 2016




SIN ESCRIBIR EN EL BLOG
Llevo casi cuatro meses sin escribir en este blog “La Roda, mi patria chica” y no es por pereza ni por pasividad, puesto que no he dejado de hacerlo, aunque no aquí. Pero no siempre puedes escribir inmediatamente donde quisieras con los nuevos datos y cuestiones que has encontrado, sobre todo si los reservas para otros momentos programados desde hace años.


   Anteriormente a este blog, pude publicar algunas obras en narrativa histórica, contando cronológica, fidedignamente y lo mejor que pude, aquello que sucedió e investigué  de nuestra querida tierra en algunos temas que me interesaban o me encargaron, y ahora estoy intentando escribir sobre mas temas de nuestra villa que no están investigados; pero  deseo transmitírselos de otra forma. Es decir,  sin desvirtuar los hechos, las circunstancias y los personajes reales de nuestro pasado,  pero reflejando posibles diálogos y enredos, etc. que hagan su lectura más amena.

   Por ello, trabajo en  nuevos  proyectos; creando una obra literaria en prosa, basándome en hechos que ocurrieron en épocas pasadas y en la que intervienen personajes reales y algún ficticio. Y me refiero a la novela histórica.
   Me hace ilusión pensar que puedo transportarme al pasado de una forma más cautivadora y encadenada, llevando de la mano a los lectores que quieran seguirme.  Estoy corrigiendo y repasando una novela primera, ya terminada. Y al tiempo sigo escribiendo una segunda que llevo bastante adelantada. Posteriormente las intentaré publicar.
   Y  para qué les voy a contar algo de otras actividades creativas que me apasionan y tengo muy abandonadas por seguir escribiendo, si cada uno se complica la vida a su gusto. ¿Para qué voy a mencionar  mi ansiedad por no reiniciar la escultura, la pintura,  la guitarra…?

   Estas líneas deseo que me sirvan de justificación ante algunas personas que miran de vez en cuando este blog  y no encuentran un nuevo artículo desde hace varios meses. Y les pido disculpas.
 Me gustaría escribir “más a menudo” para mantener vivo y activo este humilde rincón de investigación.

ADOLFO MARTÍNEZ GARCÍA

domingo, 4 de septiembre de 2016


SORPRESAS EN NUESTROS ORÍGENES
Me gustaría decir que aprovechando el tiempo libre de las vacaciones del verano he estado investigando documentos inéditos sobre nuestra ancestral villa, pero al estar totalmente liberado de las obligaciones profesionales desde mi jubilación, hace  ya nueve años, siempre son vacaciones  y en este largo tiempo lúdico continúo  atendiendo una de las aficiones que más me gustan y  disfruto, permaneciendo inmerso entre los papeles antiguos, raídos y llenos de polvo histórico, para saciar temporalmente mi curiosidad y  crear otra nueva entrada en este humilde blog. Aunque, de todas maneras, este artículo es fruto de las búsquedas y entretenimientos genealógicos de este verano.

   Afortunadamente,  para poder escribir con una base documental, puedo elegir el tema entre varias centenas de viejos escritos recopilados hace años de distintos archivos provinciales y nacionales, visitados  real y  físicamente durante varios periodos vacacionales, y de vez en cuando, en ratos que alterno con otras aficiones,  los sigo transcribiendo y estudiando, dándoles salida  y utilidad en alguna publicación como la de hoy. A aquellos múltiples documentos que custodio con celo se les suman otros varios más recientes que la tecnología actual nos permite descubrir en visitas virtuales por Internet tras búsquedas en  insospechados rincones con colecciones digitalizadas desconocidas y sorprendentes.

    Aunque en estas modernísimas visitas virtuales por archivos digitalizados consuma ante el ordenador  el mismo tiempo que antes consumía en las clásicas salas para investigadores entre los legajos solicitados a los funcionarios,  sí que me evito  las incomodidades y gastos de los viajes a las ciudades donde están ubicados, así como la estancia de varios días fuera de casa, pues cada vez  encuentro más facilidad  y disposición en estos  servicios públicos; aunque encontrar lo que deseamos, a veces, también  implica cierta dificultad, especialmente si en la catalogación no descubrimos una pista clara que nos lleve hasta temas y hechos rodenses, ( y  basta recordar como ejemplo,  que  la búsqueda de “la película de La Roda” , de la que he escrito en otros artículos de este blog, fue larga y no exenta de dificultades  porque en su catalogación no figuraba para nada el nombre de nuestro pueblo y llevaba incorrectamente  asignado el año de su filmación. Hoy sus datos están corregidos y algo colaboré en ello).

   La Genealogía es apasionante, y  sabemos lo curioso que es el estudio de tantos datos que  nos proporciona. A través de ella podemos conocer a nuestros ascendientes hasta generaciones muy remotas; si hay suerte, hasta el siglo XVI,  en el que se obligó a los párrocos a reflejar por escrito los bautismos, matrimonios, defunciones, etc.  de los feligreses en libros específicos de la Iglesia.

   A través de la Genealogía y otro viejo documento he encontrado nuevas informaciones sobre algunas  familias rodenses con representativos  y famosos miembros. Por ejemplo, todos sabemos que uno de nuestros hombres locales más ilustres y sabios fue el arabista don Maximiliano Alarcón Santón, y en su honor y recuerdo lleva su nombre  el primer Instituto de Enseñanza Media que se edificó en La Roda. También su hermano don Arturo, notable músico y compositor,  fue un personaje destacado e importante de nuestra localidad.  ¡Familia enraizada con diversos apellidos posteriores que también se  destacaron culturalmente  en la villa ( recordemos a Antón Moratalla, Manuel Merlos, Eduardo Moreno…).

   Del apellido Alarcón pocas personas podrán tener dudas, puesto que abundaba y abunda por estas tierras  rodenses que pertenecieron al poderoso concejo de la villa de Alarcón y nos señala sus orígenes medievales y guerreros, de tiempos del reinado de  don Alfonso VIII, cuando el capitán del ejército cristiano Fernán Martínez de Ceballos fue el primero que,  de noche y con la ayuda de dos dagas, escaló las murallas de Alarcón en su conquista  a los moros en el año 1184,( y desde entonces,  como premio a su valor, el rey lo nombró Alcaide del castillo y le autorizó a llevar el apellido Alarcón). Seguro que con un poco de suerte y constancia podríamos reconstruir el árbol genealógico de sus ramas rodenses hasta el siglo XVI; aunque sería un gigantesco estudio por sus innumerables ramificaciones.

   Pero… ¿y del otro apellido de esta familia?  ¡Santón!  ¿Qué sabemos?

   Bien, pues resulta que en el año 1791, en La Roda, igualmente que se haría en otros municipios del resto de España, se tuvo que crear  un registro  documental de los vecinos extranjeros que aquí residían,  en cumplimiento de reales órdenes, declarando bajo juramento ante el notario Pedro de Xávaga Víllora  todos los datos personales que se les requerían junto a su nacionalidad  y otros más, como ser católicos, súbditos del rey español, guardándole fidelidad y renunciando a otras leyes que no fueran las españolas,  bajo penas de “galeras”, prisión  o expulsión del reino, en caso de mentir.

    Y así encuentro en dicho documento con fecha 23 de agosto del mencionado año a un extranjero llamado Juan Santón, francés, nacido en la antigua provincia de Provenza, ( hijo de los franceses Francisco Santón y Margarita Rambou), que llevaba de vecino en esta villa  veinticinco años y su oficio era panadero; pero por entonces se hallaba con comercio y lonja abierta,  ejerciendo de “mercader de vara ” para vender tejidos, lienzos de lana,  algodón, y otras cosas. Casado en esta localidad con la rodense Ana Josefa Encinas , (hija de los rodenses Miguel Encinas y Lorencia Fernández); y de cuyo matrimonio tenía seis hijos: Josef Joaquín, Josef Gabriel (“Ángel”), Juan Francisco, Antonia de la Potestad, Juana María y María Micaela.

   Desde uno de sus hijos,  “Ángel”, llegaríamos genealógicamente hasta los ilustres personajes ya mencionados, don Maximiliano y don Arturo,  a través de estas resumidas generaciones en las que, por supuesto, existieron más hermanos que no interesa ahora  reflejar:

                                          MAXIMILIANO ALARCÓN SANTÓN       ARTURO ALARCÓN SANTÓN  
                                                    (nació 21-XII-1880. Arabista)                        (Músico y compositor)                                                                                               
                                                                   I                                                                    I                                                    
                                                                                                        I   
                                                                        AGUSTÍN ALARCÓN FERNÁNDEZ                                 
                                                                        y  JULIA SANTÓN MARTÍNEZ                                      
                                                                                                        I
                                                  JOSÉ SANTÓN CHICANO
                                                                         y JUANA MARTÍNEZ PLAZA
                                                                                                        I
                                                                                       ÁNGEL SANTÓN
                                                                                    y  JOSEFA CHICANO
                                                                                                        I
                                                                                   JUAN SANTÓN (de Francia) (1791)
                                                                          y  JOSEFA ENCINAS FERNÁNDEZ

   Saber algo más de nuestros paisanos y de nosotros mismos produce  bastante satisfacción, y ésta  nos compensa  ampliamente del tiempo empleado en bucear por los más o menos profundos y desconocidos   contenidos de nuestra humilde historia.


                                         ADOLFO MARTÍNEZ GARCÍA

sábado, 23 de julio de 2016


VISITA A LA RODA EN EL AÑO 1.608
(NARRATIVA  HISTÓRICA)

Las riendas del caballo uncido a un pequeño carromato las llevaba el teniente de cura que lo acompañaba en el viaje. Había llegado a La Roda el viernes día 4 de abril de 1608 para comprobar las cuentas de  la iglesia parroquial con la advocación del Señor “San Salvador”, inspeccionando y dando informes de sus capillas, altares, eclesiásticos existentes, etc.

   Comprobó especialmente los ingresos y gastos que tenía la parroquial, justificándolos documentalmente el mayordomo de la misma, y regresaba ya a la ciudad de Cuenca después de una estancia de tres días en esta villa.

   Nuestro protagonista, el doctor don Juan de Macuela, Visitador General en la ciudad y obispado de Cuenca por su señoría el obispo don Andrés Pacheco, iba recordando algunos de sus informes dictados al notario de número de La Roda, Francisco López, que los fue escribiendo en los folios dedicados a esta visita y que se guardarían en el archivo parroquial.

   Era una clásica rutina de los visitadores llevar un orden preestablecido en la enumeración de las secciones que  inspeccionaban, escribiendo de igual manera los informes sobre las mismas. Y así, en ese tradicional orden de relación, había comenzado también el de La Roda dictando que existían:  

“…Un beneficiado curado, el doctor Juan Martínez Alfaro, natural de la villa de San Clemente y valía de renta en cada un año setecientos ducados poco más o menos.
   Un beneficiado simple, lo tenía y poseía Lucas Zorrilla natural de la ciudad de Cuenca y valía de renta en cada un año otro tanto…”

   Y continuó con otros conocidos elementos que pertenecían a la iglesia de La Roda: una  prestamera, las diversas capillas… Y luego, como siempre hacía,   visitó el Santísimo Sacramento; vio e informó de  las pilas y santos óleos; la plata y ornamentos; los libros de bautismo, matrimonios, defunciones...; la tabla de memoriales; las posesiones; división de frutos; eligió de nuevo al mayordomo, que era el licenciado Juan Martínez, el médico de la villa y uno de sus regidores; y luego comprobó los ingresos que había tenido la iglesia por muchos apartados como eran los de: testamentos, deudas de los fieles, de los diezmos de los rodenses en sus cosechas de trigo, cebada, avena, azafrán, vino, etc.; así como de sus ganados; de las donaciones y limosnas, capellanías, rompimientos del suelo para los enterramientos…ascendiendo el total a 157.475 maravedíes. 

   Después, el mayordomo presentó todos los descargos que tenía previstos según los tradicionales gastos efectuados desde la anterior visita hasta el día de San Miguel en el pasado mes de septiembre, en:  cera, aceite, incienso, ramos, monumentos, subsidios; los salarios del organista  y ministril Francisco de Vinuesa y Villarreal, más los otros dos ministriles Jerónimo García y Martín García; de jabón y de lavar las ropas; el alquiler de las tinajas para el mosto y el vino, el pan, pagar las misas a los eclesiásticos, pagar al bordador, al sacristán, también por los arreglos de chirimías, el pleito con el bordador Luis de Salas, …e incluso los gastos de abrir una calle para la procesión, y otros muchos más.

   Sin embargo, el mayordomo no se descargó de los pagos efectuados al gran maestro de cantería que estaba haciendo la torre y había sustituido hacía unos años a Pedro de Zabala, su suegro, que había estado al cargo de las obras desde 1581.
   Seguramente el mayordomo no presentó el pago de los últimos  salarios del discípulo de Juan de Herrera porque ya los habría presentado en la anterior visita, o tal vez lo hiciera en la próxima. En cualquier caso el mayordomo debía justificar esos salarios y gastos de materiales con las correspondientes cartas de pago fechadas y firmadas; y pudiera ser que no las tuviera preparadas para esta repentina visita.

   De manera que sumaba el descargo del mayordomo 163.913 mrs. Alcanzando el dicho mayordomo a la fabrica de la iglesia en 6.438 maravedíes.

    El monótono traqueteo del carromato por el agreste camino manchego fue adormeciendo lentamente al doctor hasta que, olvidándose de aquellos obsesivos pensamientos sobre su reciente visita  a La Roda, cerró totalmente los ojos, abandonándose sin pudor a un profundo sueño bienhechor mientras su joven compañero manejaba con destreza las riendas del caballo.


                                       ADOLFO MARTÍNEZ GARCÍA

lunes, 27 de junio de 2016




EL CERNÍCALO Y LA BOLA DE LA TORRE

El cernícalo delante del agujero del Sur
Disfrutábamos hace unas semanas de las curiosas fotografías que  oportunamente realizó mi hijo Adolfo de “la bola de la torre”  en las que se observaba  cómo un cernícalo tenía su hogar dentro de la esfera  hueca, entrando  y saliendo a placer por un agujero existente bajo su ecuador, visible especialmente por la parte sur.

   Era lógico deducir  que ese agujero sería el resultado del desgarro de un trozo de la chapa metálica que forma la bola, seguramente  hecho a propósito en alguna de las subidas a la cima de la torre para así conseguir la documentación que se custodiaba en su interior; o que dicho agujero podría deberse a estar abierta  la puerta de la esfera, pues es bien sabido que existe esa entrada.




Vista del desgarro de la chapa y su agujero del sur.
   Pero ya en una de las pasadas ascensiones a la bola de la torre, (en 1743), se hizo constar en el acta de la subida que no se había podido abrir la puerta por estar asegurada con bastantes tornos, y para rescatar el cilindro metálico del interior de la esfera que contenía las actas de las subidas anteriores, monedas y otros objetos, tuvieron que hacerlo a través de un agujero cuadrado:

“…puesto todo en un bote de plomo y soldado por ambas partes…entrándose por un agujero cuadrado que cae al norte…”

  Efectivamente, por el Norte se aprecia un agujero bien cuadrado y mucho más pequeño que el de la parte sur, por el que baja un recio cable metálico, seguramente del pararrayos que se instaló en el año 1906  y aprovecharían la existencia de ese agujero.
   Podría pensarse que ya existía el agujero cuadrado en la subida del año 1743, o que lo hicieron adrede, dado que no pudieron abrir la puerta, cortando limpiamente la chapa para extraer el mencionado "bote" o cilindro y así poder añadirle el acta levantada de la subida de ese año.

   Está claro que por dicho agujero  pudieron introducir un brazo para recoger el cilindro y después volverlo a dejar en su interior.

  Pero, ¿y este otro agujero más grande, situado hacia el sur y en el que se aprecia la chapa desgarrada, doblada y entreabierta, por la que entra y sale a su antojo “el cernícalo de la torre”? ¿Podríamos pensar que también se hizo adrede en otra subida posterior, ya que en el agujero del norte, atravesado por el recio cable mencionado, no podría introducirse bien el brazo para sacar otra vez el famoso cilindro estañado y colocar la nueva acta de subida?

La bola y la cruz remataron las obras de la torre
   De una forma u otra, ahí está este misterioso agujero que  ahora gana protagonismo con el cernícalo, y es lo suficientemente amplio  para poder coger o dejar el tubo estañado de los documentos y otros objetos allí depositados.

   La parte superior de la bola no podemos verla desde abajo y no recuerdo que alguien la haya fotografiado. Tal vez esté allá arriba la famosa puerta que no se pudo abrir hace ya doscientos setenta y tres años. Observando mejor la bola con los prismáticos parece dibujarse una posible puerta con forma de medio uso esférico,  hacia el este y por encima de su ecuador, muy marcada en su contorno por bastantes cabezas de tornos.


   A través de las fotografías de mi hijo y otras que se  publicaron anteriormente en los “libros de fiestas” y reproduzco ahora para ilustrar este artículo, volvemos a meditar o reflexionar sobre esta gran esfera hueca que remató con su cruz el final de la construcción de nuestra soberbia torre ¡en el año 1624! (Y corrijo aquí la fecha que hasta hoy había dado por buena en mis escritos sobre la iglesia (1634), sugerida y bien razonada por otro autor local, cuyos lógicos razonamientos nos convencieron a todos, aunque sin la documentación original de la época, salvo el acta del cura con la fecha equivocada).

   Pero la colocación de la bola y la cruz y veleta no fue el final de las obras del templo, pues aún quedaban por construirse las bóvedas,  que se levantaron  en años posteriores, igual que  la gran cúpula del crucero o media naranja, etc.

 
Año 1906.Haciendo equilibrios sobre la cruz.
  He escrito el año 1624 el de la subida y puesta de la bola y cruz como remate del chapitel de la torre que debería figurar en  el primer documento testimonial que existe archivado en el famoso cilindro y fue redactado  con motivo de ese acontecer. Pero todos sabemos que en dicho documento el cura redactor olvidó poner las decenas  del año de la colocación, pues escribió sólo los ordinales del 1604; y  no pudo ser en  el año 1604―como ya apuntó nuestro recordado Inocencio Martínez Angulo― porque los personajes que se mencionaban en el acta como contemporáneos en aquel momento histórico,
(el papa Urbano VIII, que lo fue desde 1623 a 1644; el obispo de Cuenca Enrique de Pimentel, desde1622 hasta 1643; el mayordomo de las obras Antonio de Monteagudo y el cura del templo Lorenzo Martínez), no coincidieron en sus cargos ni en 1604, ni en 1614; y sólo pudo ser en 1624 y 1634.

 
Año 1949. Hombre subido sobre la bola.
  Y  deduzco que tuvo que ser en el año 1624, dado que,
según mis últimas investigaciones, en el año 1627  ya se hicieron varios pagos por  el trabajo de haber puesto anteriormente la bola y la cruz. También por el dorado de ambas a un dorador que gastó más de veinticinco mil maravedíes en su trabajo; y luego fue supervisado dicho trabajo por “un veedor”  que certificó estar bien doradas la bola y la cruz.

   (También cobró “el maestro de cantería” encargado de las obras del chapitel durante aquellos años, a cuenta de su dirección y trabajo; aunque su identidad, como las de los otros arquitectos que le precedieron y por consiguiente fueron sucediendo a Pedro de Zabala el que en 1581 se adjudicó la subasta de las obras de la torre, además de muchos otros detalles curiosos, no revelo de momento, ya que merecen ser objeto de un estudio más profundo  y pormenorizado, y no puede realizarse en este artículo).


    
Subida del año 1981
El recuerdo de las fotos del cernícalo en su metálico nido, nos siguen incitando para mirar hacia arriba cuando pasamos cerca de nuestra hermosa torre, deseosos de  ver  a la beneficiosa rapaz posándose majestuosa en la puerta de su nueva casa; o de admirarla por el cielo limpio de la cruz,  surcándolo  en vuelo persecutorio contra las  destructivas palomas  que día a día deterioran con sus excrementos la obra centenaria de la iglesia. ¡Bien pudiera decirse que este "pequeño halcón" se ha convertido en un buen guardián y defensor del templo!

   Pero sobre todo,  nos hace ilusión mirar hacia el azul infinito para encontrarnos con la gran esfera metálica y hueca, con su forjada cruz que la atraviesa y se incrusta emplomada en los últimos sillares del chapitel. ¡Y ambas son orgullo de todos los rodenses, pues fueron aquí creadas hace trescientos noventa y dos años en los talleres de dos  artesanos locales!
   Sólo adelantar que el forjador de la cruz cobró en el año 1622, a cuenta del trabajo que debía hacer, 544 maravedíes y veinte fanegas de centeno. 

                                ADOLFO MARTÍNEZ GARCÍA

                       AGRADABLES ENCUENTROS Hace unos días, por la Plaza Mayor de La Roda, me encontré con una compañera y amiga, maestra...