(En el día 1 de agosto escribí este artículo en facebook, perono aquím y ahora lo traigo): EN LA APERTURA FERIAL
En esta noche, los vecinos que vivían cerca, como
nosotros, en este barrio, salíamos a la Plaza
Mayor para ver el desfile de la apertura
de la feria y fiestas, admirando la juventud y belleza de la reina de las fiestas
y sus damas de honor, acompañadas de las autoridades que presiden siempre la
comitiva, seguidos de los grupos de coros y danzas manchegos que suelen actuar
después en el escenario de la pista municipal; y va también la banda de música solemnizando
y amenizando el ambiente festivo con sus
melodías, hasta llegar al principio de
la feria en donde se izará la bandera de
España mientras se oye el himno nacional.
Nosotros buscábamos enseguida una mesa libre en alguna
churrería inmediata a la valla del “parque de la cañada”, en donde siempre
corre un airecillo húmedo y agradable. Y ese era nuestro primer e inmediato feriado
del día de la apertura: unos buenos
churros con chocolate, mientras veíamos pasear al inmenso gentío de visitantes
por la avenida de la Mancha, llena de puestos y cachivaches festivos de toda
índole.
La
felicidad e ilusión de la gente en la feria la compartíamos nosotros también
con mucho gusto y esperanza, cada año y en cada día de feria. En nuestros
planes entraban los bailes, ¡éramos muy amantes de ellos y practicantes!; los
actos culturales como exposiciones, la gala literaria, el teatro, los conciertos… Y por ello, todas las
noches bajábamos ilusionados a divertirnos y ser felices, como el resto de
personas que participaban en las fiestas y feria rodense.
Las fiestas
patronales con su importante feria nos siguen visitando inexorablemente cada
año; y poco varían los enormes
entusiasmos de las gentes en sus diversiones, eventos tradicionales e ímpetus
festivos, que siempre son los máximos; sólo cambian las circunstancias de las
familias, los acontecimientos de alegría
o de tristeza que hayan ocurrido; pero, primordialmente, es una semana
de esplendor, alegría, divertimiento e ilusión, como siempre fue y seguirá siendo
a través del tiempo; aunque siempre tendremos presentes a quienes nos faltan, y
jamás volverán a darnos su compañía y felicidad. Serán sus recuerdos
inolvidables los que nos acompañan en nuestra vida, y por eso solemos decir que
mientras los recordemos no habrán muerto del todo, puesto que “viven” en nuestra memoria.
Personalmente, como “ella” me falta desde hace ya seis años, siete meses y un día, no me apetece ni tengo muchas
ganas de bajar a la feria, salvo si, en
su recuerdo, alguna hija o nieta me acompaña de noche a comernos unos churros
con chocolate, como hacía con Carmen antes; y,
seguramente, entre ese sabor tradicional y los recuerdos entrañables de
aquellos años pasados a su lado haciendo
lo mismo, hasta la imaginaré allí sentada a nuestro lado, tan atractiva y
jovial, cariñosa e inteligente como siempre, mirándonos con aquellos ojos
verdes, de expresión dulce y picarona, reflejando en los nuestros un entrañable
y bello: ¡OS QUIERO!
Adolfo Martínez García

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