(Si don Antonio
de Toro Gómez viviera, leyendo este poema me diría, que es una octava real)
Sonó el arpegio triste sin tu canto,
sin tu voz, siempre alegre y afinada.,
luciendo un timbre dulce y con encanto,
de ser feliz y muy enamorada.
Sin ti, ¿qué acordes no suenan a llanto?
Sin tu sonrisa y alma inmaculada
se escuchan ecos rotos sin consuelo
que mi
guitarra tañe hasta tu Cielo.
Adolfo Martínez García
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