jueves, 19 de diciembre de 2013

     NARRATIVA HISTÓRICA
                        
   Elvira, la criada "cristiana nueva" de don Juan Carrasco “El Mozo”,  Alférez Mayor de la villa de La Roda, comunicó  a su señor que  ya habían llegado los tres vecinos  que esperaba. Sólo faltaba presentarse  el escribano público don Diego Pérez de Tébar.

   El honorable  y rico hacendado aguardaba pacientemente la llegada de  cuatro personas de la localidad a las que previamente había citado  en su casa. Mientras iban acudiendo a la reunión y hasta  que estuvieran todos presentes, paseaba  en el gran patio de la mansión  entre  los geranios y rosales que mostraban ya sus incipientes flores  abrileñas.

...en el gran patio de la mansión entre geranios y rosales floreciendo.
   Meditando la decisión  tomada respecto a su nieto mayor en el presente año de 1596, recordaba la similar resolución que  también tuvieron  con  él sus abuelos hacía sesenta años.  Le parecía mentira que hubiese pasado  ya tanto tiempo y que  él fuera de  tan avanzada edad, porque se sentía espléndidamente bien; pero había llegado la hora de hacer  testamento dejando  sus bienes  al nieto don Juan Carrasco Ramírez de Arellano.


   Le venían a la mente aquellos lejanos momentos de su infancia y juventud  cuando en casa de sus abuelos presenció un acto parecido al que ahora  iba a realizarse  en la hermosa tarde primaveral.  

   Esbozándosele una furtiva sonrisa  sintió la  aceleración de su veterano corazón mientras  recordaba tantas escenas entrañables…  ¡ Era en aquel  lejano tiempo de la adolescencia  cuando  todavía no  se había fijado en su prima doña Juana Carrasco, con la que después se casaría! De aquel convenido pero  enamorado matrimonio nació  su hijo don  Pedro Carrasco que se casaría con doña Ana Ramírez de Arellano y Ortiz de Villaseñor. Al hijo mayor de ambos, su nieto don Juan Carrasco Ramírez de Arellano, es a quien ahora le iba a transmitir los bienes heredados de sus mayores con los consiguientes aumentos y mejoras que  él mismo había logrado sumar a lo largo de su vida.

   Mientras proseguía su paseo esperando que le anunciaran la llegada del notario don Diego, los recuerdos seguían aflorando  en  su mente anciana, insistiendo  en las mismas ideas de sus abuelos a los que iba a imitar en el procedimiento hereditario  llamado “mayorazgo”, que evitaba  la  enajenación y división de los bienes por algún descendiente futuro, pues ello estaba expresamente prohibido en las cláusulas del testamento que hoy iban a leer y firmar, y así  se  seguiría   manteniendo y ampliando  la  hacienda recibida  de sus ancestros  al transmitirla íntegra y aumentada a su nieto mayor.  

   Por fin, la criada le notificó que el escribano también había llegado y esperaba en su despacho junto a los otros tres señores.

  Cuando entró  don Juan Carrasco “El Mozo” en la estancia donde le aguardaban, todos  se pusieron de pie saludándole respetuosamente con una leve inclinación de cabeza y un rictus de simpatía en el rostro.

   Los tres testigos, Juan de Dueñas, Roque de Villarreal y Francisco Ruiz, vecinos de La Roda,  previamente advertidos una semana antes por el señor Alférez Mayor de la villa, conocían bien su cometido en aquel solemne acto, así como el escribano don Diego que, una vez acomodado y con el permiso consiguiente, comenzó  la lectura del testamento  redactado según los deseos de don Juan Carrasco “El Mozo”. El testamento  original y una fidedigna copia  del mismo los traía ya manuscritos  con tinta negra en varias hojas de recio papel sellado, sólo  a falta de las firmas de los presentes allí reunidos.

   La grave y autoritaria voz del escribano era escuchada atentamente por los testigos mientras don Juan,  que ya conocía el texto, permanecía como abstraído,  trasladado mentalmente  a cinco décadas atrás de su vida  cuando su abuelo  don Juan Carrasco “El Viejo”, delante de él, le otorgó también su hacienda en “mayorazgo”. Fue el 18 de marzo de 1544, fecha en la que su abuela doña María González Manobel ya había muerto, así como el hijo mayor de ellos, su tío don Pedro Carrasco, a quien iba destinado en un principio este  mayorazgo.

   Le parecía estar oyendo las palabras de su padre don Antón Sánchez de Munera explicándole desde bien jovencito lo que quería decir “mayorazgo” y en qué consistía:

-          - Es el derecho que tiene el hijo mayor a heredar los bienes de sus padres a cambio del compromiso de transmitirlos en las mismas condiciones a su sucesor, mejorándolos y aumentándolos si es posible.

   En las tempranas explicaciones de su padre sobre el mayorazgo se contemplaban muchos detalles injustos para su madre y sus tías, hermanas y primas , pues se excluían de él a las mujeres, pasando siempre la titularidad de varón a varón. Procedimiento que recordaba no convenció nunca a su madre y siempre había protestado en voz baja al hablar de los testamentos, aunque ella tuvo siempre asumida la vieja costumbre  de su familia por tradición y por ley.

   Volvió a visualizar mentalmente aquel día en el que le habían comentado sus padres,  doña Catalina Carrasco  y don Antón Sanchez de Munera, que todo el proceso en la transmisión del mayorazgo estuvo  ya previsto  y escrito  desde un principio en un primer y anterior  testamento de sus abuelos con fecha 11 de octubre de 1536, donde le dejaban el mayorazgo a su hijo mayor, don Pedro Carrasco,  especificándose que si éste  moría sin descendencia se  transmitiría  dicho mayorazgo al nieto mayor, que era él, ya que el siguiente hijo mayor  después del mencionado don Pedro Carrasco era una mujer , doña Catalina Carrasco, su madre.

  Y es por lo que dicho “mayorazgo” se lo pasaron a él  en aquel año  de 1544 que no olvidaría jamás. Precisamente  lo recordaba bien porque estuvo presente en aquella lectura y donación,  recibiendo la escritura del mayorazgo de manos de su propio abuelo don Juan Carrasco “El Viejo”, al que besó agradecido  muchas veces.

 En el testamento que se estaba leyendo constaba expresamente la acostumbrada  prohibición de  la partición  o  venta de sus bienes,  garantizándose así la no disgregación de la hacienda que se mantendría indivisible y dentro de la familia.  Y también existía  la obligación imprescindible de tenerse que apellidar  “Carrasco” quien recibía el mayorazgo,  es decir, él, anteponiendo este apellido a cualquier otro. Si estas principales cláusulas  no se cumplían  a rajatabla, el mayorazgo se pasaría al siguiente  descendiente previsto en la escritura.

   Mientras continuaba leyendo el escribano público aquellos deseos y cláusulas,  don Juan seguía  recordando las muchas explicaciones que sus padres le habían inculcado desde niño. Así sabía que  su bisabuelo, el padre de su abuelo don Juan Carrasco “El Viejo”, se llamó don Pedro Carrasco  y  fue el dueño de un  molino en la ribera del río Júcar  conocido como “ Molino de los Carrascos”.  Y sabía de aquel bisabuelo    que  fue un hombre del siglo XV, importante y rico, que había hecho un préstamo  personal  de  20.000 maravedíes al concejo de la villa de Albacete  y que dicho concejo  en el año 1484 todavía  le debía  6.000 maravedíes.

   De aquel bisabuelo, don Pedro Carrasco, dueño del molino en pleno  siglo XV, surgieron también las ramas familiares de sus primos Carrascos de Albacete,   la de don Pablo Carrasco, la  de don Pedro Carrasco, de  doña María Carrasco…que también heredaron  la posesión de algunas ruedas de  piedra del mismo molino  del río Júcar y eran   importantes personajes de aquella villa.

  Casi instintivamente, mientras su mente revolvía los nombres repetidos de sus antepasados y descendientes que se prestaban a confusión,  su mano derecha cogió la pluma de ave que tenía delante, en el centro de la gran mesa de nogal cubierta con un lienzo verde  a cuyo alrededor estaban todos sentados, e introduciendo su afilado corte en el tintero de cristal empezó a entretenerse trazando rayas  y nombres sobre un papel que terminó convirtiéndose  en la síntesis de sus pensamientos, dibujando un escueto árbol genealógico  con los nombres  de su bisabuelo, abuelos, padres  y tío, el suyo y el de su esposa, así como los de sus  nietos,   unidos por simbólicas líneas generacionales y enmarcando  en sendos rectángulos su propio nombre y el de su nieto  mayor  que habría de recibir sus bienes: don Juan Carrasco Ramírez de Arellano.


Sus nietos…PEDRO  JUANA  FRANCISCA,  ANA  JUAN CARRASCO RAMÍREZ DE ARELLANO
                          I            I                      I               I                                          I
                                                              I
Su  hijo y nuera…                  PEDRO CARRASCO
                           ( y DªAna Ramírez de Arellano y Ortiz de Villaseñor) 
                                                              I
Él y su esposa…            JUAN CARRASCO “EL MOZO” (Alférez Mayor de la villa)
                                             ( y Dª Juana Carrasco )   
                                                              I
Sus padres y tío…         CATALINA CARRASCO          PEDRO CARRASCO
                                      ( y Antón Sánchez de Munera)                                          
                                                              I                                         I
                                                                                    I
Sus abuelos ….                                     JUAN CARRASCO “EL VIEJO”
                                                               ( y María González Manobel)
                                                                                    I
 Su bisabuelo…                                        PEDRO CARRASCO
                                                 (Dueño del  Molino de los  Carrascos)                                                         
                                                                            

   Casi finalizando el escribano la lectura, se le empezaron a cerrar  los ojos de cansancio  al testigo Francisco Ruiz  al tiempo que sus compañeros sentados a ambos lados de él le apercibían de su falta de educación tocándole las rodillas  con disimulo bajo la mesa,  lo cual le provocaba  inesperados  y rudos despabilamientos momentáneos que don Juan Carrasco supo ignorar comprensivamente.

    El veterano hidalgo, ahora más centrado en el acto,  dejó de trazar nombres y rayas en su improvisado dibujo y prestó  atención a las últimas cláusulas que se estaban leyendo del testamento.

   Entre las posesiones  que integraban aquel mayorazgo había  importantes heredades en los términos de La Roda, San Clemente y Vara del Rey. Se habían mencionado entre otras, las de “Sanchón”,  “la Hoya de los Ajos”, “la Hoya Garbanzo”, “la Hoya Mondéjar”, “la Hoya Berruga”, con sus casas, aljibes, ejidos, ganados…,  y las casas principales de la familia en la villa rodense, varias  ruedas del molino  de los Carrascos en la ribera del río Júcar con parte de sus huertas y casas que compartían con sus primos Carrascos de Albacete,  así como la propiedad y  patronazgo de la capilla de los Carrascos con advocación de la Encarnación  en la iglesia parroquial El Salvador de La Roda,  donde era costumbre ser enterrados los miembros de esta familia; también en el mayorazgo se incluía el título de Alférez Mayor de la villa, conseguido por merced de Su Majestad el Rey y previo pago de cuantiosos maravedíes a su Tesorero Real.

    (Posteriormente, otras ramas de primos con el mismo origen y apellido Carrasco serían los dueños de más heredades  en distintos términos, como “La Coscoja”, “La Casa Reíllo”, “Hondoneros”, “Buena Vista”, “Los Blancares”,  “ Casas de Ortega”, “La Nava”,  “El Carmen”…y adquirirían más títulos: de Alguacil Mayor del Santo Oficio, de Fiel Ejecutor,  y  otros varios  de regidores  en  los Ayuntamientos de La Roda, Barrax  y Albacete.
   Casi todos los miembros del  linaje  seguían una misma política matrimonial  ambiciosa para conseguir el creciente desarrollo de prestigio  social, entroncándose con  linajes de hidalgos con títulos nobiliarios, algunos de ellos venidos a menos económicamente, y así  se complementaban  mutuamente dos familias mediante el conveniente binomio:  dinero y  posición social. De tal manera que en el futuro llegarían a conseguir señoríos, marquesados y hasta ducados, a pesar de  tener unos orígenes humildes culturalmente  hablando, pues bastaría recordar que los abuelos de nuestro protagonista  don Juan Carrasco “El Mozo”,  - que fueron don Juan Carrasco “El Viejo” y su esposa doña María González Manobel -  no sabían leer ni escribir, como así lo manifestaban ellos mismos en su testamento de 1536.  Aunque por otro lado era cosa habitual en la época de finales del siglo XV y principios  del  XVI  que pocos conocieran las letras;  pero su riqueza patrimonial era grande y supieron impulsar  en sus descendientes esas ansias de superación social  para  que en el futuro  se encumbraran  bastantes ramas y miembros del linaje).

   Terminada totalmente la lectura del testamento, firmaron los tres testigos presentes   junto a don Juan Carrasco “El Mozo” y el escribano-notario don Diego Pérez de Tébar que  dejó una copia en la casona para  cuando el nieto  tuviera la edad de administrar sus bienes, pues por entonces contaba sólo con diez años.

Don Juan Carrasco "El Mozo" y sus tres testigos firmaron ante el escribano don Diego Pérez de Tébar.

   Después de agradecerles su testimonio, el Alférez Mayor acompañó a sus vecinos hasta la puerta de la calle  despidiéndolos agradecido. Mientras los veía alejarse, quiso don Juan Carrasco “El Mozo” pasear brevemente por los alrededores buscando al nieto de diez años,  su sucesor en el mayorazgo que atesoraba grandes posesiones y responsabilidades  y al que  imaginaba estaría jugando con sus amigos en la calle. Tenía la ilusión de darle él mismo la buena noticia mientras lo traía de regreso a la casa.

   En efecto, al doblar la esquina de su mansión, bajo el cobijo seguro del  gran lienzo de piedra tallada que habían mandado levantar su hijo don Pedro Carrasco y su nuera doña Ana Ramírez de Arellano y Ruiz de Villaseñor, vio  jugando a su nieto don Juan Carrasco Ramírez de Arellano  golpeando  con sus menudas manos una pequeña pelota contra la pared junto a tres amigos de su misma edad. Aquella hermosa fachada de sillares adornada con columnas  y   escudo nobiliario  sostenido por dos tenantes femeninos,  formaba  parte de un proyectado palacio que se quedó inconcluso al morir  su hijo don Pedro Carrasco hacía un lustro, y desde entonces era conocido entre los vecinos del pueblo  con el nombre de  su nuera, llamándolo “El Lienzo de  doña Ana”. Allí, ante el pétreo lienzo como inigualable frontón,  casi siempre  estaban jugando a la pelota los mozalbetes y algunos mayores.

Fachada de un palacio inconcluso en donde jugaban los niños al frontón

   El anciano Alférez Mayor se quedó  inmóvil mirando a su nieto, admirando la agilidad de sus movimientos y la elegancia de sus gestos, sintiéndose honrado y orgulloso. En él continuarían las esperanzas y altas miras de progreso y bienestar  que todos deseaban para sus descendientes. Había imaginado para su nieto una carrera militar al servicio de Su Majestad, tal vez sería Capitán de sus tropas. Y tenía pensado prometerlo cuando tuviera más edad con la hija de un importante señor que era  secretario  del rey don Felipe II, llamado  don Jerónimo González de Heredia y Bazán, casado con doña Juana Carrasco, hija de su prima doña María Carrasco Alfaro y su esposo don Fernando Cano  de Céspedes  y Ossorio. Entroncándose así dos importantes ramas del mismo linaje Carrasco que conseguirían en el futuro grandes mercedes reales.

    Pero la futura pareja todavía  era infantil  para pensar más allá de un conveniente  compromiso de boda. Ella se llamaba doña María Juana de Heredia y Bazán Carrasco.

    También dedujo de aquellos planes futuros que cuando el enlace se realizara, seguramente él ya no estaría en este mundo; pero su linaje continuaría creciendo indefinidamente dando gloria y honor   a  la familia y a la villa que los había visto nacer: La Roda.

   Se desvanecía por momentos la  débil luz  que prestaba  el Sol a las últimas horas de aquella tarde del  16 de abril de 1596 y las gentes trabajadoras volvían  ya  del campo: unos pocos  en sus viejos carros tirados por mulas y acompañados de algún perro atado bajo su fondo, entre las ruedas, y otros regresaban  andando, con la azada sobre el hombro y algún canastillo con leña ensartado en el astil.

   Los niños  dejaron  de jugar, pues ya no se distinguía bien la pelota hecha de apretadas tripas de cordero sobre un núcleo esférico de corcho. Estaba refrescando y el viejo hidalgo se acercó al nieto buscando su tibia mano infantil para regresar juntos a la mansión.

   Don Juan Carrasco “El Mozo” empezó a contarle al pequeño su legado escrito en el documento que le enseñaría  al llegar a casa y entregaría a sus padres para que lo custodiaran hasta que fuera mayor. ¡Era el heredero de sus bienes y de los de sus antepasados! Protocolo que el niño a su vez habría de repetir cuando fuera viejo, para que las haciendas que formaban aquel “mayorazgo”   del apellido Carrasco nunca se perdieran, no se partieran,  ni salieran  de la gigantesca familia.

   Ya la obscuridad se había adueñado de las calles y el farolero del concejo encendía las recias velas interiores de los viejos faroles que tenían algunas esquinas en sus paredes. Con un largo palo que llevaba en su extremo una mecha  con llama oscilante,  prendía  las  sebosas y escasas velas  que  mal  iluminaban  parte de las calles  por donde pocos se atrevían a caminar en la noche.

    Abuelo y nieto entraron en la vivienda cerrando el portón exterior con un golpe seco,  asegurándolo con el cerrojo de hierro bien forjado.  Afuera, la noche sin estrellas atemorizaba a los vecinos rodenses de finales del siglo XVI que se habían recogido en sus casas alrededor de la débil luz del candil,  comentando las escasas  novedades de la villa o las historias ancestrales transmitidas de generación en generación con las dudas y temores propios de la época.

     Mientras les preparaban una ligera cena, el ilusionado abuelo seguía explicando el gozoso presente a su nieto, soñando un poco con su portentoso porvenir. (Aunque por mucho que imaginaba el futuro  de su inocente heredero  lleno de  grandes mejoras, progresos y honores como ser el Alférez Mayor de la villa de La Roda y el Alguacil Mayor del Santo Oficio, nunca podría adivinar que sería Señor del Señorío de la villa de Rivafrecha, en Logroño,  ni que setenta y tres años después una reina de España vendría a este pueblo y comería en su casa,  junto a un hijo de este nieto:  junto a su biznieto don Juan Jerónimo Carrasco Ramírez de Arellano, Capitán de las tropas reales, Caballero de la Orden de Santiago y  Caballero Cubierto ante el Rey; como así ocurrió cuando  visitó esta villa  la Reina Regente doña María Ana de Austria, viuda del rey Felipe IV y madre de Carlos II ).

   Y mientras  dentro de la casona se seguían oyendo las lentas y emotivas explicaciones del anciano hidalgo a su nieto mayor,  afuera en las viejas y retorcidas calles de la ancestral villa manchega apenas un ruido perturbaba la noche sin estrellas. 


                                   ADOLFO MARTÍNEZ GARCÍA

martes, 26 de noviembre de 2013


  MAGNÍFICO VIAJE A ALCALÁ DE HENARES 

                                                                                                                   

   El pasado sábado día 16 de noviembre de 2013, Carmen y yo tuvimos la dicha de participar en un viaje cultural  a la ciudad de Alcalá de Henares organizado por    la cofradía rodense   “La Soledad”, cuyo motivo prioritario era ver la exposición sobre “La Sábana Santa” ubicada en el monasterio de San Bernardo, donde se habían reunido todos los materiales y estudios relacionados con “la Síndone” en tantísimos años de investigación. Pero también estaba previsto  conocer la ciudad que es  “Patrimonio de la Humanidad”  desde el año 1998.
Plaza de Cervantes en Alcalá de Henares

   Desde aquí agradecemos profundamente que María José Salvador, nuestra vecina y amiga,  se acordase de nosotros para este viaje, así como  agradecemos a Juan Ruiz Carrasco que nos comunicara por teléfono el día anterior la posibilidad de asistir a tan inolvidable evento.

   En la asequible aportación económica que a cada uno de los viajeros correspondía (20 €)  se incluía el concertado viaje en autocar y la prevista entrada a la exposición. Y con el complemento de otra aportación individual (8´50 €) una guía especializada nos acompañó y documentó en la visita mañanera a todos los lugares y monumentos más importantes de la ciudad.

Fachada del Colegio Mayor de San Ildefonso (actual rectorado de
 la Universidad de Alcalá de Henares), obra de Rodrigo Gil de Hontañón..

  Los guías, como la nuestra, que se desplazaban por la ciudad  seguidos de sus correspondientes grupos de turistas, iban vestidos de manera especial recordando la antigua vestimenta que llevaban los estudiantes universitarios en lejanos siglos: con larga túnica y beca, ambas prendas de diversos colores según el colegio mayor o menor al que pertenecían. 

   Precisamente a nuestro grupo nos atendió una chica que representaba ser la primera doctora surgida de esta universidad y de toda España: “La Doctora de Alcalá”  María Isidra de Guzmán y de la Cerda. Estudió en el siglo XVIII con privilegio especial de Carlos III, y tal vez por ser hija de dos Grandes de España, pues no le estuvo permitida la Universidad a  la mujer hasta el siglo XIX.


Detalle del cuerpo central de la fachada creada por Gil de Hontañón
   No voy a repetir todos los  lugares en donde estuvimos, aunque todos ellos nos dejaron un recuerdo inolvidable. Como fueron  los concernientes a la Universidad de Alcalá, la Complutense, fundada en 1499 por el cardenal Cisneros, ministro consejero de los Reyes Católicos,  pionera  en el mundo como ciudad universitaria estructurada y planificada para tal fin (  edificios colegios, calles, etc.), y su monumentalidad ha sido determinante para que la ciudad fuera proclamada por la Unesco  “ Patrimonio de la Humanidad” en 1998.

   Admiramos la preciosa fachada  plateresca del Colegio Mayor de San Ildefonso, creada por  el arquitecto y escultor Gil de Hontañón en pleno siglo XVI.

    Recorrimos sus patios interiores y llegamos hasta su “Paraninfo” , donde se siguen entregando anualmente los premios  Cervantes de Literatura cada 23 de abril,  fecha en la que se celebra “El día Internacional del Libro”  y día en el que fue enterrado Cervantes.  


Detalles del artesonado del techo del Paraninfo donde se entregan los
Premios Cervantes todos los  23 de abril
  Allí dentro nos extasiamos con su magnífico techo artesonado con influencias mudéjares, y a su salida comprobamos  todos los nombres y retratos de los premiados desde el año 1976 (Jorge Guillén), esculpidos en bajorelieve  y puestos sobre  una pared de la galería o antesala. 


Soportales de la Calle Mayor de Alcalá de Henares
  Hicimos un recorrido casi completo por su centro histórico, conocimos las piezas más importantes de su Museo Arqueológico,  la Catedral, etc.  y recorrimos sus céntricas calles, como la Calle Mayor, toda ella bordeada de soportales formados con pilares y columnas de piedra, algunas  reutilizadas de otros edificios antiguos, que sostenían enormes vigas de madera soportando el peso de dos pisos de viviendas.

Don Quijote y Sancho Panza en bronce frente a la casa donde nació
Miguel de Cervantes.



 Y en dicha calle llegamos hasta la casa donde nació Cervantes, visitándola, y haciéndonos unas fotos  en un banco que hay frente a ella con las esculturas en bronce de Sancho Panza y don Quijote que parecía querer abrazarnos. Era una foto casi obligada, como vimos que hacían la mayoría  de turistas que visitaban la famosa casa.


 Bajo los soportales nos cobijaban típicas tiendas, confiterías y cafeterías, donde comimos a la costumbre  y estilo de los alcalaínos según la recomendación de Tomás Carrasco, compañero de viaje que había vivido allí bastantes años y aún  conservaba su casa: Pues pedíamos la bebida, (una caña, una clara, un vino…) y elegíamos la tapa que más nos apetecía de una carta con una docena de fotografías de copiosos y variados  aperitivos, (bebida y tapa por 2´70 €). 

 La mayoría estuvimos degustando los buenos manjares de la llamada “La Posada, de Indalo”.  (Esta generosa costumbre nos gustó a todos muchísimo y lamentamos que no exista  todavía en nuestra localidad un criterio parecido, pues con dos rondas comimos espléndidamente).
En la "Posada, de Indalo" degustamos con la bebida las
magníficas tapas que se incluían.  

   Pero la actividad principal estaba por llegar y llegó a las seis de la tarde ante el convento de San Bernando entrando a la exposición llamada “La Sábana Santa”.

 A cada visitante nos proporcionaron un equipo  de  audio-guía Dolby digital programado en seis idiomas y compuesto de unos buenos auriculares unidos a un delgado y pequeño “decodificador”  que llevábamos en la mano o un bolsillo. ¡Y fue impresionante!

Por estar sobre un espejo se podía ver  también el martirio que sufrió en su parte
posterior el "Hombre de la Sábana Santa". 
   Recomiendo a quien lea este artículo que visite esta exposición. Allí están todos los detalles de los materiales y técnicas empleadas en el estudio de esta reliquia cristiana. Y además existe la reproducción escultórica del cuerpo masacrado del Hombre de la Sábana  modelado por el doctor y catedrático sevillano en Bellas Artes Juan Manuel Miñarro que reproduce milimétricamente todas las heridas que muestra la Síndone.
 
Visión de las innumerables heridas que refleja la Sábana Santa y ha reproducido fidedignamente Juan Manuel Miñarro.

Detalle de los pies. El derecho extendido porque estuvo debajo y apoyado en
la cruz, y el izquierdo flexionado  porque estuvo encima y dejó en el lino
 sólo la huella del talón, por lo que hubo un tiempo en el que los estudiosos
del tema pensaron que este Hombre (Jesús) estaba cojo.
  Personalmente,  había dedicado  a este tema un capítulo de mi libro “Tradición y creencias. Historia de la Semana Santa de La Roda”, publicado en el año 2007. Y había estudiado durante cierto tiempo todos los escritos y pruebas publicadas sobre la posible imagen de Jesús en este famoso lienzo de lino; pero entonces  no estaba realizada su presentación tridimensional y policromada, pues  el escultor  Miñarro sólo había reproducido la cabeza del señor y una pequeña maqueta del cuerpo. Y por lo tanto no había creado todavía  la escultura que ahora presenciábamos   a tamaño natural; aunque  sí había visto en Internet la foto del cuerpo en bronce de otro escultor que persiguió los mismos fines que Miñarro y antes que él: ese escultor fue el italiano  Luigi Mattei (mencionado en las páginas 32 y 33 del libro ya mencionado).

   Esta exposición itinerante había estado antes en Málaga, en Sevilla  y en  Oviedo; después de Alcalá de Henares desconozco a dónde irá, pero merece la pena visitarla. Pienso que hasta ahora, sólo por la fe llegamos realmente  al hecho de la existencia  de Cristo, sin existir objeto alguno personal que le haya pertenecido y tocado; y tal vez sea esta tela con su efigie el único elemento físico y tangible que se conserva de Él; aunque la Sábana Santa tiene sus detractores y  sus seguidores, y por lo tanto la polémica de su autenticidad seguirá en el tiempo, aunque las pruebas en su favor son apabullantes. 

Escenas del belén visitado en Alcalá de Henares



   Después, saliendo ya hacia La Roda, visitamos un belén maravilloso y monumental de la Asociación Complutense de Belenistas  en la antigua fábrica “Gal”, ya que recientemente se había celebrado allí el LI Congreso Nacional de Belenistas.
 
   Y fue el remate para definir este viaje cultural como uno de los mejores que recordamos. Casi todos coincidimos en que era lo mejor que habíamos contemplado en belenes por la calidad de sus esculturas, de sus perspectivas genialmente logradas, de su estructura fielmente conseguida, de su buen gusto…
  
¡También merece la pena ir a esta ciudad por el monumental belén que han conseguido crear; aunque  este atractivo no es sólo por la visita al principal, que es precioso,  pero también a su alrededor hay paneles con multitud de ventanas abiertas mostrando otras escenas aisladas tras sus correspondientes  cristales y que, por sí mismas y por sus composiciones, son magníficas obras de arte  en miniatura.


                       ADOLFO MARTÍNEZ GARCÍA

miércoles, 20 de noviembre de 2013

SOBRE NUESTRO TRAJE  MANCHEGO  Y SUS CANCIONES TRADICIONALES.

Año 1988.La Reina y Damas de las Fiestas vestidas de manchegas ,
   Alguno de los aspectos importantes que nos ha revelado la película de La Roda proyectada el día 21 de septiembre en el auditorio de la Casa de la Cultura  y que correspondía al año 1933, es la indumentaria que llevaban sus participantes en las faenas: chalecos, monteras, refajos…;  así como los detalles de sus bailes: gestos y movimientos de los brazos, los pasos que marcaban cada modalidad; las posturas y acordes empleados por los guitarristas, etc.
Refajos manchegos tradicionales en la película de 1933.
   En el cortometraje se aprecia        que muchas de las chicas participantes van vestidas con refajos manchegos  plisados y de rayas o listas de colores, como los que desde el año 1942 se pusieron oficialmente todas las Reinas del Fuego y Damas Luminarias (primera denominación que tuvieron las chicas que representaban la belleza rodense en las primitivas fiestas del mes de mayo coincidiendo con la venida de la Virgen de los Remedios), llamadas después con normalidad: reinas y damas de honor de las fiestas patronales, como las conocemos  hasta hoy en la continuación de aquellas fiestas de mayo y en  su traslado a los días de verano desde el año 1955 bajo la alcaldía de Antonio García Villodre.
Año 1942. María Zalve, Reina del Fuego y sus Luminarias de Honor

   Aquella tradición de vestirse  la reina y damas con el traje regional manchego la implantó la llamada Comisión Luminaria  que comenzó su labor en 1942 y la vemos reflejada en el “fallero” del siguiente año,  integrada por el alcalde Eloy López Moreno, y los siguientes rodenses: Braulio de Miguel Donate, Alfredo Atienza Carrasco, Juan Martínez Martínez, Diego Carrasco Muñoz, Julio Escribano González, Emilio Castillo Tébar,  Juan de Toro Castillo, Joaquín Atienza Danvila,  Francisco Zalve Urrea, Francisco Martínez Caja, Millán García Carrasco, Eliseo Cebrián Oltra,  Aurelio Oltra Ortiz, Antonio Martínez Martínez, Luis Guixot, Juan García Castillo y Wifredo Danvila,  más otras personas que actuaban como colaboradores; pero de todos ellos era el alma del gran  equipo la persona que anteriormente he resaltado en letra negrita : Antonio Martínez, apodado “Sorolla” por su profesión y facultades pictóricas.  Todos ellos eran grandes hombres de nuestra tierra, enamorados de la Roda, donde había escritores, artistas, costumbristas, músicos…
Año 1943. Pilar Gil y sus damas vestidas de manchegas.
 Y aquella idea y costumbre comprobamos que se cumplió buscando las fotos correspondientes  desde el primer “fallero” o libro de fiestas, y se ha seguido cumpliendo desde entonces por todas las bellas chicas elegidas reinas y damas en  las fiestas patronales,  bajo los insistentes asesoramientos de los concejales de cultura y alcaldes de cada época que han velado por su fiel cumplimiento.

Año 1948. Maruja Férriz y sus damas vestidas de manchegas.
Preciosos refajos serranos excesivamente bordados con
 influencias murcianas e impropios de estas austeras llanuras
   Aunque en estos últimos lustros algunas chicas de las elegidas  hayan alterado un poco la tradición por el refajo  exhibido en el desfile de apertura y en otros actos en los que se exigía el traje manchego tradicional, ya que los nuevos exhibidos, por su estilo y adornos bordados, eran más propios de la vestimenta serrana que de la empleada en esta  llanura  rodense,  asemejándose mucho a los refajos empleados en la provincia de Murcia y por lo tanto con motivos y estilo distintos a los nuestros, a pesar de que dichos refajos bordados sean preciosos y de gran trabajo artístico, pero inapropiados para desplazar a los tradicionales de esta llanura.

    Quienes ya vamos siendo algo mayores recordamos los muchos años de esta tradición con la clásica vestimenta manchega de nuestras   reinas y damas en esos determinados momentos de  las fiestas, como en la presentación, el desfile inaugural de la feria, algún otro día con postulaciones; y después  de las fiestas patronales, en la ofrenda de flores a la Virgen.  También  recordamos las impecables vestimentas manchegas, las tradicionales,  que llevaban las asociaciones culturales de los coros y danzas rodenses durante algunas de sus  inolvidables actuaciones:

Año 1980.La Agrupación Folklórica Virgen de los Remedios actuando en Madrid en TVE.
 Como las de “Virgen de los Remedios” en 1980, en la televisión nacional, en el programa Gente Joven;  en 1982 en la memorable actuación en la Plaza Mayor de Madrid con ocasión del  V Centenario de la Aparición de la Virgen, y otras más en 

Año 1982. Actuación en la Plaza Mayor de Madrid
 “La Placeta del Ayuntamiento” durante otros eventos, como vemos en la fotografía.

  Vestirse nuestra juventud con el traje típico manchego de nuestro pueblo es una tradición que  seguimos manteniendo  en nuestras reinas y damas de honor  desde hace ya 71 años.  Pero sabemos que la utilización de este traje regional viene de mucho más atrás  y estaba especialmente reservado para determinados actos y días de orgullo   y     reivindicaciones manchegas, tanto en La Roda como en la capital de la provincia, siendo casi iguales la  típica vestimenta de La Roda y  la de Albacete capital.

Vestimenta manchega en el cartel de la Feria.
   Por ejemplo, lo vemos en algunas de las mujeres del año 1933 que salen en la mencionada película, y   antes de estas fechas también  lo encontramos vistiendo a la mujer manchega en los primitivos carteles que anunciaban la conocida Feria de Albacete, puesto que se utilizaba y utiliza la misma vestimenta tradicional que en La Roda, aunque con alguna variedad  en determinados detalles, como el de las puntillas blancas que adornan los delantales y las chaquetillas negras femeninas  de la Roda,  generalmente ausentes  en el traje albaceteño, etc..

Vestimenta manchega en el cartel de la Feria









   Pero el uso del traje manchego viene de mucho más atrás. Bastaría buscarlo en el arcón que aún conservamos de nuestras bisabuelas, donde permanece  envuelto en una media para que se mantengan mejor sus pliegues, y así comprobaríamos su antigüedad.
  Por ejemplo, así ocurre en mi casa, donde conservamos uno que  perteneció a una hija de Antonio López “El Cojo  Nazareno”. Refajo que heredaría seguramente de su madre Andrea Moreno, remontándonos al menos al año 1889 en el que se casó Isabel; pero si fuera de su madre podríamos remontarnos más atrás todavía.

  Hace tiempo que todas las prendas femeninas y masculinas tradicionales fueron profundamente investigadas y estudiadas por la Sección Femenina, y de la gente entendida de entonces recuerdo a una profesora y dirigente de aquel organismo, a Angelita Domínguez, creadora también de la asociación folklórica de  coros y danzas de Albacete  llamada “Grupo Magisterio”.
 Angelita venía mucho a La Roda donde visitaba a su amiga, la Delegada Local de Sección Femenina, Isabel Martínez, mi hermana, que por entonces ensayaba junto a muchas jóvenes del pueblo los bailes y canciones que  Andrés Tébar Gabaldón, el famoso e inmortal “Quimeras”,  y su esposa Amalia les enseñaban personalmente. Angelita conoció también a nuestro famoso guitarrista y cantante, "Quimeras", tomando buena nota de su estilo.
    
Andrés "Quimeras" en una escena de la película de 1933, con 43 años de edad.
Anabel Hernández, Reina en 1988.

   Recordemos que nuestra  mujer  manchega viste fundamentalmente una falda llamada refajo de listas horizontales en  variados colores  donde alternan los verdes, negros, rojos, naranjas, blancos, etc.  y está plisado todo él con muchísimos pliegues verticales. Suele estar hecho de forma artesanal por las propias madres y abuelas, pero también se adquiere su tejido de telares especializados. De los muchos telares que existieron antiguamente en la provincia, y también en La Roda,  sólo ha prevalecido uno en la localidad de Casas de Lázaro, de donde se abastecen generalmente las nuevas generaciones de manchegas.

    Al refajo rodense se antepone un delantal llamado mandil, redondeado en su parte inferior, que es de raso negro y está adornado  todo su contorno con una puntilla blanca. El torso y brazos de la manchega se cubren con una chaquetilla negra entallada  a la cintura, a la cual sobrepasa con un pequeño vuelo continuo ajustado a las caderas. Suele ser de raso o terciopelo y está también adornada con puntilla blanca en sus mangas y cuello redondo. Sobre la chaquetilla,  cubriendo los hombros, se lleva un gran pañuelo de  “cachemir”,  de cuatro picos,  doblado  en forma de triángulo,  que baja en pico por la espalda hasta la cintura, sujetándose  en el pecho con dos nudos, con broche o camafeo. Las medias son de hilo blanco y los zapatos negros son abotinados. 
Peinado con los moños redondos laterales
 y el posterior llamado "moño de picaporte"
 con el lazo negro que lo adorna.

   La manchega lleva  un peinado especial, pues una raya central divide al cabello  en dos mitades, recogiéndose lateralmente cada mitad en sendos moños redondos y trenzados que  tapan las orejas salvo por sus lóbulos, adornados con unos  pendientes colgantes dorados y de coral que se complementan con el collar de coral de la manchega; así como en su parte posterior se trenza también otro moño  alargado llamado  “moño de picaporte” , sujeto y adornado por un largo lazo negro de seda. Aunque los tres moños  suelen ser postizos para quienes no tienen el cabello tan largo como para poderlo trenzar, o simplemente su uso está generalizado por  la comodidad y rapidez en el peinado.  A los tres moños los atraviesan tres largas y doradas horquillas especiales terminadas en forma redondeada o de trébol.
Moños postizos  para el peinado de manchega


  La vestimenta del varón es menos complicada y exigente, así como muy sobria, pues simplemente consta de un pantalón negro hasta los pies  o ajustado hasta la media pierna, con medias blancas de hilo y con zapatos negros. Una camisa blanca  con una faja azul o roja enrollada en la cintura, y un chaleco negro. La cabeza solía ir descubierta, o cubierta con pañuelo atado por detrás con nudos y colgándole dos de sus largos picos; o también llevar montera, que era el gorro típico de los pastores.
   
   Lógicamente cuando se estaba  faenando  y trabajando en una actividad, aunque alguna mujer usara  el refajo tradicional,  no se acompañaba del laborioso peinado que hemos descrito,  y simplemente se cubría la cabeza con un largo pañuelo manchego, como hemos visto en algunas jóvenes de la película rodense. (Y es que,  si en este film desearon ponerse algunas  jóvenes el refajo para enriquecer el folklore de la película, fue como acto más bien representativo e insinuado por los organizadores del cortometraje, porque el refajo molestaba más que favorecía en las labores realizadas; pero  al menos nos demuestran estas  escenas del cortometraje con refajos que existían dichas prendas en los arcones de las casas y se solían utilizar de vez en cuando para algunos eventos).
Telar  manchego de la localidad de Casas de Lázaro,
 propiedad de Eustaquio Rosa.

   Los peinados y trajes tradicionales manchegos se recomendaron o impusieron definitivamente a nuestras reinas y damas en 1942, y desde este año podemos contemplar muchas fotos de las bellezas locales, reinas y damas,  ataviadas con esta vestimenta.

  Por lo tanto es una tradición que debemos continuar como tantas otras, velando porque se siga manteniendo sin adulteraciones, sin introducir distintos ropajes de los que nos han transmitido las anteriores generaciones y que nos recuerdan las ancestrales vestimentas de nuestros bisabuelos y bisabuelas, que nos remontan a nuestros orígenes y costumbres más puras.

Traje de manchega en el telar de Casas de Lázaro
   ¿Y qué decir de nuestras canciones manchegas que además de su castiza cultura popular nos revelan también una gran antigüedad?
   Por ejemplo, si nos fijamos en las letras de las seguidillas que aún cantan nuestros copleros, nos reflejan ese doble valor culto y antiguo que he mencionado:
   Porque las estrofas de las seguidillas están formadas  por  cuatro versos que riman asonantes los pares, siendo de siete sílabas (heptasílabos) los versos primeros y terceros, mientras que los segundos y cuartos son de cinco sílabas (pentasílabos):

El coplero rodense Miguel Escobar en una actuación con sus compañeros.
   Seguidillas corridas (7)
van por tu calle (5)
como van tan seguidas (7)
no las ve nadie .(5)
  
   Esta misma estructura  y técnica  es también empleada en las manchegas:

  Para bailar manchegas (7)
se necesita (5)
una buena guitarra (7)
y unas postizas. (5)

Jóvenes albaceteños bailando manchegas en la Feria.
De lo alto de Chinchilla (7)
se ve La Roda (5)
Albacete y Almansa (7)
La Mancha toda. (5)
.
   Y lo mismo podríamos decir en algunas “torrás”  empleando estas composiciones de cuatro versos:

Ciento cincuenta suegras (7)
van p´al infierno (5)
la mía va delante (7)
tocando el cuerno. (5)

   Y respecto a su antigüedad, se pierde en la noche de los tiempos, pues leyendo el trabajo de Rafael Cantero Muñoz “Origen y evolución de las Seguidillas Manchegas” está demostrado que  la técnica y estructura popular en la construcción de las cuartetas medievales octosílabas y de las propias  seguidillas, en su métrica y rima, están íntimamente relacionadas con las  coplas llamadas  Jarchas  de origen hispano-musulmán, del siglo XI, como demostró el hispanista Samuel Stern.
Musulmán y cristiano del siglo XI
 cantando similares composiciones.

   Como explica este investigador, por ser La Mancha tierra de paso entre el centro y el levante, el norte y el sur  de la península, se vio favorecida  la propagación de la seguidilla   a otras regiones, así como a América, ya que los viajeros que pasaban a Andalucía y especialmente a Sevilla para embarcar hacia el “Nuevo Mundo”, atravesando nuestra extensa región recogían durante su viaje algunas de nuestras costumbres, como  bailes y canciones, "seguidillas", sirviendo después esos aprendizajes de base y método para la composición de canciones propias en otras regiones españolas y  países iberoamericanos.
Las nuevas generaciones deben heredar nuestras tradiciones.
.
   Por lo tanto debemos sentirnos orgullosos de nuestras viejas costumbres, las de nuestros bisabuelos, con aquella tradicional y hermosa vestimenta manchega, con sus canciones y bailes que aún recordamos en determinadas fiestas locales.Y debemos  transmitirlo todo en su estilo más puro a las otras generaciones más jóvenes, desechando las falsedades y aditivos que encontremos en el camino, especialmente en la vestimenta, que es la más amenazada actualmente;  aunque sean algunas veces tentadoras  las bellezas de las  innovaciones y añadidos.

                                                        ADOLFO MARTÍNEZ GARCÍA

                       AGRADABLES ENCUENTROS Hace unos días, por la Plaza Mayor de La Roda, me encontré con una compañera y amiga, maestra...