UN RECUERDO ENTRAÑABLE
domingo, 25 de mayo de 2025
martes, 22 de abril de 2025
DE AQUELLOS RÍGIDOS TRÁMITES MATRIMONIALES
Investigando otros temas, me he encontrado con los
extraños requisitos o leyes que tuvieron que acatar y superar los jóvenes soldados
rodenses que deseaban contraer
matrimonio por el año de 1883; aunque no serían sólo los soldados de nuestra
localidad, y esos requisitos serían comunes para toda España.
Ante el
juez municipal, comparecían los padres de los futuros esposos para dejar
constancia de que estaban conformes con la futura boda de sus hijos. Ese acta
positiva se llamaba “Consejo paterno”; pero si no era favorable, es decir si
los padres no consentían la pretendida
boda, ¡no podían casarse! (Según leo estaba ordenado por el artículo 15º de la
ley de 20 de junio de 1862).
También el “Presbítero
Capellán Párroco del Batallón o Regimiento” donde el novio estaba de soldado,
tenía que escribir un certificado en el que se reflejaba el estado de soltería
del soldado, refrendado y supervisado por la firma del comandante en jefe del
batallón.
Esos trámites
previos al enlace matrimonial eran imprescindibles; aunque ahora, en nuestros
tiempos de libertad, de libre albedrío, los veamos exagerados y hasta ridículos. El descubrimiento de algunos
expedientes de soldados con el apellido CEBRIÁN, y el oficio de TEJERO, muy tradicionales,
abundantes y conocidos en La Roda, han
despertado mi curiosidad y los he leído con mucho interés, tomando las notas o apuntes necesarios para
completar este artículo.
Por
ejemplo, el 23 de mayo de 1883, ante el juez municipal compareció Pedro Cebrián
Toboso, viudo, de profesión tejero, dando su “consejo paternal” para su hijo José Cebrián Chacón, de 23
años de edad, soltero, también tejero, que deseaba contraer matrimonio con Dolores Oltra Moreno, de 20 años,
soltera. En el mismo acto estaba presente la madre de ella, Antonia Moreno
Moreno, al haber fallecido el padre, para dar también su consentimiento ante el
juez.
Y en este
expediente estudiado, el Capellán Párroco
del “Batallón Depósito de Albacete nº 55”, donde servía el soldado José Cebrián
Chacón, se incluía el correspondiente certificado con fecha 21 de abril de
1883, donde se leía que era soltero y no había contraído matrimonio con nadie
en el periodo de tiempo que estaba sirviendo en el batallón.
Finalmente,
mirando con gran curiosidad en las partidas matrimoniales de los libros
parroquiales de La Roda ( por family search) para conocer el resultado, compruebo que ese mismo año de 1883,
el día 9 de julio, se casaron felizmente en la iglesia parroquial El Salvador
de La Roda.
Los mismos requisitos y pasos obligatorios
tuvieron que realizar
otros miembros del apellido Cebrián y de oficio
tejero, cuyos expedientes del mismo año, 1883, he seguido investigando:
Como hizo el padre Juan Cebrian Carrasco,
tejero de oficio, para su hijo Florentino
Cebrián Escudero, tejero y soldado del Regimiento de Infantería de Soria nº
9, Segundo Batallón; e hizo el padre Juan Sotoca Martínez, sastre y viudo, para casar a su hija Isabel Sotoca Tébar, con dicho novio, (que lo hicieron finalmente el
03-03-1883); (Después, difunta esta mujer, él se volvió a casar con Emilia
Molina Cebrián el 18-08-1888).
Otro tanto
ocurrió con el joven de 25 años Juan Cebrián Toboso, soltero y tejero
de profesión que deseaba casarse con Amalia Romero Giménez, de 20 años de
edad. Ante el juez, para levantar el acta de “consejo paterno” se presentó el
primero con su madre Ana María Toboso Cuchillo porque su padre Juan Cebrián Angulo
había muerto. Y representando a la novia estaba su padre Doroteo Romero
Ballesteros. Finalmente, los novios contrajeron matrimonio en la iglesia El
Salvador el día 16 de abril de 1883.
Deseo compartir estas curiosas investigaciones
con ustedes, donde, seguramente, habrá algún lector interesado o descendiente de estas ancestrales familias locales
“del barro y el fuego” (tejeros de oficio). ¡Son muy curiosas estas
historias que experimentaron y asumieron
aquellos jóvenes rodenses del siglo XIX para poderse casar! Y el contraste
comparativo con nuestras actuales libertades en este tema… es abismal.
Adolfo Martínez García
DE LOS NAZARENOS
Estamos llenos de costumbres ancestrales que se van cumpliendo
fielmente a través de los años. Algunas familias conservan celosamente los
hechos, los dichos, las tradiciones que ya repetían sus abuelos y a pesar del
tiempo transcurrido, los nietos procuran que no se pierdan en la actualidad.
A mi
bisabuelo paterno (1839-1923) le llamaban, y así él mismo se firmaba después
del nombre y primer apellido, “El Cojo de Nazareno”, (Antonio López, El Cojo de
Nazareno). Sus descendientes más jóvenes sabíamos por nuestros padres que, en
efecto, estaba cojo por un accidente que
padeció en su infancia, y también sabíamos que fue nazareno o cofrade de
la hermandad de Jesús Nazareno, como por tradición lo somos sus descendientes, (por
ejemplo, en mi casa somos ocho nazarenos, que pagamos nuestras cuotas anuales y
participamos en la Semana Santa de cada año: un servidor, mis dos hijas e hijo,
y mis tres nietas y nieto; oscilando nuestras edades entre los dos años de
Alicia, la nieta y nazarena más jovencita, hasta los ochenta y dos años míos).
Pero, hace
muchos años que, investigando sobre otros temas, me encontré un censo municipal
del año 1857 y en dicho censo figuraba el padre de mi bisabuelo, es decir, mi
tatarabuelo paterno, que lo tenían inscrito en dicho censo como Antonio López
“Nazareno”; y no era ese su segundo apellido, que era Vinuesa. Entonces
comprendí que, antaño, aquella familia
era conocida en el pueblo como la familia de “los Nazarenos”, pues seguí
buscando en los archivos: el parroquial de La Roda y el Histórico
Provincial de Albacete, en el Catastro de la Ensenada, Protocolos Notariales, etc.
llegando mis hallazgos hasta más allá del año 1640, con un Antonio López
“Nazareno” casado con Ana Beltrana, que fue nuestro abuelo octavo, es decir
cinco abuelos más después del tatarabuelo antes mencionado. Casi todos ellos, y
hasta las hermanas, llevaban el “Nazareno” o “Nazarena” al final de su nombre.
¿Era un apodo o mote? ¿Por qué? ¿Qué se guardaba tras ese nombre a través de
los siglos?
Y empecé a
intuir que algo había relacionado con la hermandad de Jesús Nazareno, pues habían
sido cofrades de ella; aunque los más antiguos lo habían sido de la hermandad de
“La Sangre de Cristo”, primitivo nombre de la cofradía, antes de ser prohibidas
sus procesiones disciplinantes con flagelaciones sangrientas, por el rey Carlos
III en el año 1777, siendo disueltas las cofradías pasionarias con tales
flagelaciones públicas. Pero fue reformada la cofradía, cambiándole el
nombre por “Hermandad o Cofradía de
Jesús Nazareno” y dejando de ser disciplinantes, siguieron
haciendo las procesiones de Semana Santa con la misma imagen del
Nazareno, y los cofrades siguieron llevando las túnicas del
mismo color anterior: el morado. (Y siguió siendo la única cofradía pasionaria
o de Semana Santa que hubo en La Roda hasta el año 1928).
El por qué
del curioso nombre de la familia “Los Nazarenos”, no llegué a descubrirlo
completamente, pero ya a finales del siglo XVI , hubo una María “Nazarena” casada
con un Antonio López y consta que a uno de sus hijos el obispo de Cuenca vino a
confirmarlo junto al resto de jóvenes de La Roda de entonces. Y ahí me quedé. No
terminé la investigación del ¿por qué aquel apodo?, y todavía lo tengo
pendiente.
¿Tendría que ver con representaciones
teatrales de la Pasión en la propia iglesia donde ella hiciera de María
“Nazarena”? ¿Sería porque toda la familia participaba en las primeras
procesiones de nazarenos? ¿Por qué a través de los siglos, hasta los tiempos de
“El Cojo de Nazareno” permaneció ese nombre o apodo tan significativo? No sé si
alguna vez lo llegaré a descubrir; pero desde luego la tradición familiar de
seguir siendo nazarenos de la misma cofradía que nuestros ancestros, sigue
cumpliéndose.
Adolfo Martínez García
DE FRANCISCO CISNEROS FRAILE
No me podía creer la
noticia que leía en Facebook esta mañana del jueves 20 de febrero de 2025, a
las diez horas aproximadamente, comunicando el
entierro de nuestro buen amigo de juventud, de pandilla, de estudios del
Bachillerato y Magisterio, del deporte, de las Milicias Universitarias, y de
casi toda una vida: Francisco Cisneros
Fraile.
Son tantos vínculos que nos unen a quienes
formábamos aquella pandilla de amigos…desde nuestros estudios de Enseñanza
Secundaria en la Academia Cervantes de don Manuel Merlos Ruiz, estuvimos
siempre juntos, hasta después de terminar Magisterio y hacer las Oposiciones en
1961. Vemos una fotografía de nuestro primer año de estudios en la carrera de
Magisterio y estamos, de izquierda a
derecha: Miguel de Toro, Francisco Cisneros, Ramón Lara, Titina Cano, Adolfo
Martínez, Ángel Aroca, Antonio Cebrián, y agachado Ángel García.
Cada amigo de Francisco podría hablar de él
según las muchas facetas conocidas de su
vida. Yo, personalmente quiero recordarlo por algunas experiencias y aficiones comunes
que me vienen ahora a la mente, siempre unidos por sana amistad desde adolescentes y jóvenes.
En otra
foto, estábamos de excursión en el pantano de Alarcón, en mayo del año 1961. La
organizó don Manuel Merlos que lo vemos con su esposa, con su hermano don
Miguel y señora, más todos los que entonces estábamos aún estudiando en la
Academia, unos u otros, bachiller,
magisterio, oposiciones, etc.. Podemos entretenernos localizando a nuestros
amigos y conocidos; pero Francisco Cisneros está a la derecha, el segundo de la
fila central, después de Aurora García.
Muchos le llamábamos Paco, o también
Cisneros. Y recuerdo que,, principalmente fue el fútbol el deporte que
más le gustaba y divertía. Jugaba muy bien, era muy bueno. Entrenando y
compitiendo contra otros, coincidímos varios años como titulares del equipo local
de fútbol del Frente de Juventudes, Francisco Cisneros, Antonio Cebrián y un
servidor. Pero Cisneros también participó alguna vez en competiciones de
atletismo en Albacete, durante la Semana de la Juventud; deporte en el que
Antonio Cebrián, Antonio Monsalve y yo estábamos más involucrados. En la tercera
foto que publico estamos con Cisneros, Antonio
Monsalve y yo, precisamente, pertenece al año 1960, en una de aquellas
competiciones de Atletismo, estando alojados en tiendas de campaña instaladas
en los “cercos” de la Feria de Albacete, mientras duraban las pruebas
atléticas, que fue un fin de semana completo del mes de mayo.
Cisneros, junto a Antonio Váquez, fueron
los primeros amigos de la cuadrilla que,
bien jóvenes, se compraron o les compraron un coche, un seat 600. Y con el 600
de Paco, por supuesto conduciéndolo él,
nos fuimos los amigos un año a las fallas de Valencia; y fue una
aventura y experiencia inolvidable, ¡qué recuerdos!
Francisco Cisneros fue el primer maestro de
escuela que estuvo ejerciendo la profesión en el caserío o aldea de Santa Marta
varios años, que estaba cerquita de La Roda; con su coche iba y venía feliz.
Alguna vez, fuera de su horario lectivo, fui pasajero de excepción junto algunas amigas y conocimos “in situ” su feliz
lugar de trabajo. Siempre que viajábamos en el coche, nos gustaba a los dos “canturrear”
melodías y romanzas de zarzuelas.
Años después, decidió ampliar sus estudios
en la Universidad de Valencia, conoció a María Jesús, y prosiguió forjando su
hermoso futuro: familia, licenciatura, doctorado, artículos y libros publicados
de investigación…
De vez en cuando, en sus breves regresos a
La Roda, alguna vez nos veíamos. Aunque vivía en Valencia no olvidaba a su
tierra, y aquí ha querido volver hoy para descansar en ella eternamente. Con él
se van muchos momentos maravillosos de nuestra adolescencia y juventud. Lo
hemos acompañado esta mañana hasta el final, junto a sus hermanas, esposa,
hijos, nietos y amigos. Que Descanse en Paz y Dios acoja en el Cielo el alma de
nuestro inolvidable compañero.
Adolfo Martínez García
lunes, 14 de abril de 2025
CARMEN: ¡Hoy, 14 de abril, es tu cumpleaños. Y de nuevo, como siempre: ¡MUCHAS FELICIDADES!, aunque no te podamos ver y besar; pero te imaginamos allí, muy alto, en el Cielo, y también muy cerca, dentro de nuestro corazón.
Deseo que desde donde esté tu espíritu, con tu imagen joven, atractiva, cariñosa y
alegre, estés recordando, como todos nosotros, tantas escenas entrañables de
este día que siempre celebraste con muchísima alegría y cariño. Y ¡cómo no!,
especialmente deseo que recuerdes aquellas primeras celebraciones en nuestra noviez enamorada, cuando tú y yo
descubrimos cuánto nos queríamos; y después en nuestro matrimonio lleno de amor,
belleza y esperanza, con tantas ilusiones y proyectos de juventud y de madurez,
rodeados ya de nuestros hermosos hijos y
nietos.
Gracias, Carmen, por haber estado junto a mí y por quererme; por
estar junto a todos nosotros, tu familia, todos los años que el destino te quiso
conceder. Te marchaste pronto, pero nadie te olvida. Tus amigas y amigos, familiares,
hijos y nietos, conmigo, jamás dejaremos de añorarte, quererte y recordarte.
¡Feliz
día en el Cielo!
Eternamente… Adolfo.
sábado, 15 de marzo de 2025
OTRA ESTRELLA INFANTIL EN NUESTRO COLEGIO
Por las décadas de los 70 y 80, disfrutamos mucho en
los ensayos y en los festivales del colegio José Antonio (hoy Purificación
Escribano), con la existencia de niños y
niñas muy artistas, con facultades especiales
para brindar a los demás su arte y gracia, haciendo felices a sus compañeros,
familiares y educadores, interpretando canciones maravillosamente con sus voces
dulces y afinadas, o con sus instrumentos musicales (guitarras y flautas
dulces).
Recordamos, por ejemplo, a la niña de 10 años que por 1976, cantaba como solista en la rondalla del colegio: Ana María Tébar Piqueras; o a Mari Carmen García Verdejo cantando “Soy Rebelde” en el festival de 1984, toda una especial revelación; y otras, también con excelentes interpretaciones como Piedad Tébar Piqueras, Remedios Arenas…; aún recordamos con buen humor al genial Andrés Pérez Chicano cantando muy bien unas coplas disfrazado de “Tejero”. Y no olvidamos a los excelentes flautistas Francisco José Sánchez Cano y Pascual Lara Sáez; y a los guitarristas Isidoro Martínez, Julia Martínez, Juan Nieves, José Cuesta…que acompañaban rítmicamente con acordes a sus compañeros cantantes. Sigo buscando grabaciones de entonces y deseo seguir recordando y publicando más interpretaciones artísticas de niños y niñas de nuestro colegio en posibles artículos venideros. Ya escuchamos cantar en las audiciones de trabajos anteriores a Mari Carmen García Verdejo ( que fue en mi blog), y a Ana María Tébar Piqueras. Pero hoy, rescatamos de la memoria la grabación que pertenece a un ensayo realizado en la biblioteca, interpretada por la entonces niña Piedad Tébar Piqueras, con bonita y afinada voz.
Es la hermana pequeña de Ana María, la solista en la rondalla de 1976, pero en unos años después; y Piedad también dominaba el cante, es una artista, y como suele decirse: “las dos hermanas lo llevan en la sangre” por sus raíces familiares andaluzas. Podemos escuchar su canción mexicana pulsando en el dibujo de la niña que ilustra al artículo.
Adolfo Martínez García
martes, 18 de febrero de 2025
MI GUITARRA Y “TRES YOS”
El deseo de aprender a
tocar la guitarra me vino cuando, de adolescente, me encontré los restos de una preciosa
guitarra con incrustaciones de nácar, que estaba en una habitación de la casa de mis abuelos
maternos. Digo restos porque el mástil estaba partido por el clavijero y la caja de resonancia estaba rota, presentando
dos mitades partidas longitudinalmente; también, en un lateral tenía un roto
con falta de madera; pero toda ella estaba adornada con ricas incrustaciones.
Debió ser preciosa de nueva. Ignoro lo que le pudo ocurrir al instrumento para
quedar tan destrozado.
Por las fotografías antiguas que guardaba la
familia, se sabía que nuestro abuelo, Leopoldo García Aranda, sabía tocar la guitarra.
En las fotos aparecía de joven con ella
y con varios de sus amigos formando como una orquestina; pero los nietos más
mayores, nunca lo llegamos a ver con la
guitarra.
Admiré con pena aquel instrumento tan bonito
y roto, e intenté “remendarlo” con mis pocos medios de niño, sujetándolo con cuerdas y cintas adhesivas;
pero era imposible poder tensar sus viejas cuerdas y sacarle algún sonido. No obstante, me interesé en saber dónde estaban las notas
musicales más elementales, (que ya conocía de las clases de solfeo como
educando, asistiendo por las noches al viejo edificio del antiguo Ayuntamiento
con el método de solfeo “Eslava” y el maestro de música Aurelio Oltra). Para
ello me compré en el “carrillo de Paulino”, que conocíamos como “Paulino el de
las pipas”, un librito o revista de canciones con el aprendizaje elemental de las notas musicales
y acordes en la guitarra española. La revista pendía de una cuerda tensada de
extremo a extremo del carrillo junto a otras revistas y bolsas de “chucherías”.
Ese domingo no fui al cine y con el dinero de la entrada y algo más me compré
la revista.Tal vez, yo tenía por entonces unos 14 años de edad.
Con aquella revista me subía a la cámara de mi casa y fui
aprendiendo poco a poco qué notas musicales eran las cuerdas de la guitarra “al
aire” y cuáles otras notas del pentagrama resultaban al pulsar los trastes
correspondientes con los respectivos dedos de la mano izquierda; y con cuáles
dedos de la mano derecha debía hacer
vibrar las cuerdas. Cuando supe todo
aquello, repasaba y practicaba con la guitarra rota las lecciones de solfeo del
método “Eslava”, aunque no emitiera sonidos correctos.
Disfrutaba muchísimo aprendiendo
autodidácticamente, y aunque la guitarra rota no emitía los sonidos deseados
por no poderse tensar y afinar sus cuerdas, iba solfeando y pronunciando en voz alta las
notas, sin entonar, en las primeras lecciones del elemental método que ya he
comentado. Así de incorrectamente
intenté aprender a tocar algo la guitarra. Y, al menos, siguiendo las
indicaciones de aquella revista, supe dónde estaban las notas del pentagrama en
aquel deteriorado instrumento y cuáles eran las “posturas” de los dedos de la
mano izquierda para formar los acordes más elementales de algunos tonos. (Do,
La, Re, .... mayores y menores, con sus tónicas, subdominantes, etc. ).
Después, pasados unos años, cuando ya pude
comprarme una guitarra y otros caprichos con mis propios medios, aquellos
aprendizajes autodidactas que había practicado en la adolescencia me sirvieron
de mucho, pasando los ratos de ocio interpretando
con la guitarra algunas melodías o canciones que me atraían. Y hubo unos años especiales
que, para distraerme más y divertirme
mejor, tocaba una melodía mientras la grababa en el magnetófono por primera vez;
después, la reproducía en el mismo magnetófono mientras la acompañaba con los
acordes correspondientes de la guitarra, grabando todo en otra cinta virgen de “radio cassette”, en
una segunda vez. (Claro necesitaba tener
dos grabadoras: el magnetófono y un “radio-cassette”). Entonces cuando
reproducía esta segunda grabación del “radio-cassette”, se escuchaba a “la
guitarra primera” tocando la melodía, y también se escuchaba “otra guitarra
segunda” acompañando la melodía rítmicamente con acordes.
Y, finalmente, por tercera vez, cuando
volvía a reproducir la segunda grabación
(donde se escuchaban las “dos guitarras”: una “punteando” o interpretando la
melodía, y la otra acompañándola rítmicamente con acordes ), volvía a grabar
todo, ¡por tercera vez!, mientras le añadía alguna percusión de pandereta, u
otros golpes con las manos, etc. etc.; con lo cual, al haber ido grabando y
reproduciendo la melodía, acordes, y
percusión, una y otra vez, hasta tres
veces, parecía que tocaban tres personas
en la última grabación. Sin embargo, estaba yo solo y resultaba muy divertido.
De ahí el titular de este artículo y de aquellas grabaciones como: “Mis tres Yos”. Era una manera, como tantas otras posibles, para no aburrirse y disfrutar de mi propia música e inventiva. Así me lo pasaba musicalmente bien.
He buscado y encontrado una cinta de entonces con algunas grabaciones finales, realizadas de la manera ya descrita. Ahora, con cierta nostalgia y admiración de aquellas ocurrencias juveniles, me gusta volver a escucharlas, aunque las grabaciones o interpretaciones no resultaran lo perfectas que me hubiera gustado; pero tienen su encanto y su mérito. La simbólica foto fija compuesta por una pandereta, dos grabadoras y una guitarra, sintetiza y recuerda aquellas grabaciones. Y pulsando en esta otra de la guitarra incompleta, se pueden escuchar dos de aquellas canciones: 1ª “Gloria, gloria, aleluya”; y 2ª “Por el camino de México”). Gracias.
Adolfo Martínez García
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